RECUPERAR EL FERROCARRIL
La olvidada estación de trenes de Laguna Paiva
Por Edgardo De Maio
21/01/2004


La vieja estación de trenes de Laguna Paiva ofrece un triste y desolador panorama, para quienes transitan por el lugar y recuerdan su época de esplendor, con un movimiento continuo de gente y varias frecuencias ferroviarias por día, que hacían un alto en ella. A su vera nació y se desarrolló el pueblo Reynaldo Cullen, que en 1967 pasó a ser ciudad y fue rebautizado con su nombre actual, Laguna Paiva. Siempre fue una localidad netamente ferroviaria, hasta que a principios de la pasada década del 90, se cerraron los ferrocarriles y la actividad en la tradicional estación cesó casi por completo.

Quien no recuerda a los locales, que unían a Paiva con Santa Fe, el famoso tren obrero, que salía a las 14 hs., y transportaba a los obreros ferroviarios, que en su mayoría trabajaban en los talleres de ésta ciudad y a esa hora volvían a su lugar de origen, o el paso de servicios que iban a otras localidades, como los ramales a San Javier (pasando por Aromos, Naré, Cayastacito, etc.); a Tostado, en la cual se dividía en dos ramales: a General Pinedo (por Pozo Borrado, Iturralde, El Nochero para después ingresar en la provincia del Chaco) y al norte del país (Fortín Inca, Añatuya, Tucumán, etc.). Hasta pasaba por Laguna Paiva el denominado tren "internacional" que llegaba hasta Bolivia.

Cuando el ferrocarril nacía y en las poblaciones chicas no había muchas formas de entretenerse, las estaciones ferroviarias eran centro de concentración de mucha gente, sobre todo la juventud, que iba a ver "el paso de los trenes" o a despedir familiares y amigos que viajaban hacia otras localidades. Así, entre gente que miraba desde la plataforma y los que viajaban y se los veía por la ventanilla, nacieron muchos noviazgos que hasta dieron lugar a obras literarias, como "Rosaura", de Ricardo Güiraldes, inmortalizada a través del cine por Marta González y Arturo Puig; o el tema "Te vi en un tren", que cantaban Los Enanitos Verdes a fines de la década del 80'. En la actualidad, nada de eso sería posible y hasta quizás, dentro de unos años y si el ferrocarril sigue inexistente, estas obras serán incomprensibles e impalpables para las generaciones futuras, ya que no podrán comprender lo que no conocieron.

Hoy, en los albores del siglo XXI, sólo yuyales y algún que otro ocasional transeúnte, le dan marco al interior de esta olvidada estación paivense, que por las mesas de un bar instalado en el lugar, tiene algo de vida social. Claro que cuando llega el invierno ni siquiera ese pequeño movimiento se ve, ya que sus clientes prefieren instalarse adentro para no soportar el frío. Por el exterior de la vieja estación, que da a la Avenida Presidente Perón, se ve más movimiento porque allí funciona la terminal de colectivos (empresas que unen a Paiva con Santa Fe, Nelson, Buenos Aires y otros centros urbanos) y dependencias municipales y gremiales. Pero es claro que se extraña el ruido de locomotoras, la campana anunciando la partida del tren y el pito del guarda o maquinista, entre otros sonidos particulares que tenía el tren.

Este fenómeno que comentamos de la estación de Laguna Paiva, puede hacerse extensible a otras como Constituyentes, Arroyo Aguiar, Monte Vera, Nelson, Ángel Gallardo, Cayastacito, Naré, Aromos, Llambi Campbell y hasta la recordada Guadalupe, en el barrio homónimo santafesino. Algunas de ellas hoy sólo sirven de hábitat para familias que disfrutan de sus comodidades, ya que están abandonadas. Incluso muchos de estos pequeños centros urbanos, al quedar sin ferrocarriles, perdieron su principal vía de comunicación y quedaron semiaisladas.

Como quien suscribe, que conoció en pleno esplendor el movimiento de la estación paivense, ver su interior hoy, sus plataformas, andenes y hasta los galpones, no puede esquivar que una lágrima escape por sus párpados al ver el desolador panorama que ofrece hoy. Los vagones abandonados, mudos testigos del ocaso ferroviario. Si hasta la vieja pasarela fue restaurada y trasladada al cruce (que divide al pueblo nuevo del pueblo viejo), como para rescatarla y dar lugar a un paseo que es disfrutado sobre todo por los chicos. Ver el cartel de las distancias que separan a Laguna Paiva de los principales centros urbanos (Santa Fe, Buenos Aires, La Quiaca y Tucumán), hace recordar épocas en que Laguna Paiva y su estación, eran reconocidos a nivel nacional por su infraestructura e importancia ferroviaria y que hoy, al no contar con el tradicional tren, para llegar a ésas ciudades (excepto Santa Fe) debe utilizar vías de transbordo. Hoy, las nuevas generaciones que no conocieron el polo que constituía esta ciudad en el mapa de los ferrocarriles, también desconocen a la ciudad que perdió con los trenes, su principal actividad laboral, además de parte de su identidad e idiosincrasia.

Uno recuerda, frente a la estación, el bar Ferroviario (hoy desaparecido), el club de bochas Ferroviario, la soda Ferroviaria, es decir que gran parte de la vida de Laguna Paiva se circunscribía a la vida del ferrocarril, a su estación y sus talleres. Toda esa vida sobre rieles quedó en el olvido, y el pueblo, que fuese fundado por Reynaldo Cullen allá por 1913, trata de recuperar su identidad con otras formas de vida, aunque siempre añorando al ferrocarril y esperando su retorno. La vieja estación de trenes, ahora vacía y desolada, debe extrañar la muchedumbre que acudía a ella para ver o esperar a los trenes, las colas que se formaban en las boleterías, la gente amuchada en la sala de espera, los baños que ahora ni siquiera existen, a veces sacaban del apuro a algún necesitado que "por la prisa a veces no llegaba a su casa". Todo esto y mucho más desapareció con el ferrocarril, una pérdida que toda Laguna Paiva lamenta hasta el día de hoy, pero a su vez espera confiada su retorno.




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