INUNDACIONES EN SANTA FE
Historias en medio de la tragedia
Hace ocho días, el agua comenzó a "meterse" en la ciudad de Santa Fe confundiendo las calles con el río. Y así como el caudal irrumpió en los barrios, la catástrofe logró invadir a cada santafesino. La tristeza, el dolor, la impotencia, la bronca y la desesperación ahogan los corazones.
Por Ivana Fux
Redacción
21/01/2004

Miles de personas debieron retirar unas pocas pertenencias de sus hogares y dejar en manos de las aguas el resto, en las trágicas inundaciones en Santa Fe.
Fuente: El Cronista Regional

La furia del agua no perdonó clases sociales ni edades, y los relatos de historias están a flor de piel.

"Mi casa todavía está bajo agua, pero tuve que sacar el auto porque no puedo seguir sin trabajar", dice un taxista de barrio Santa Rosa de Lima.

"Nosotros perdimos la mitad de las unidades. Y sacamos a toda la gente que pudimos con una soga porque la fuerza del agua era infernal", comenta un remisero de Barrio San Lorenzo.

"Lloré un día entero. Me había casado hace un año y perdimos todo. Estuvimos desde las cuatro de la tarde hasta la noche rescatando gente. Salvamos a personas en sillón de ruedas, ancianos y hasta a un no vidente. Y no seguimos porque terminamos rendidos", relata el joven propietario de un telecentro.

"Yo agarraría al Presidente de los pelos y lo llevaría a mi barrio", dice con lágrimas en los ojos una evacuada que no repara en las escalas jerárquicas de las autoridades.

Juliana, en cambio, no habla. Tiene cuatro años y sus enormes ojos negros no alcanzan a ver y entender lo que pasa. Navega junto a su mamá por las calles del barrio Santa Rosa de Lima. Van a "asistir" a la abuela que se quedó sobre el techo cuidando la casa. Son las mismas por las que ella corrió hasta hace una semana. De pronto ve la cresta del tobogán de la plaza en la que siempre jugaba. Es lo único que sobresale del agua. Un poco más adelante, identifica el techo y la inscripción de su escuela. Sigue sin hablar. "Quién sabe cuándo podrás volver", le dice la madre y la abraza.

Ricardo es también de Santa Rosa de Lima. Tiene 34 años. Es agente de tránsito de la Municipalidad de Santa Fe y asegura que no abandonó el barrio desde que su casa quedó bajo agua. Sabe que perdió todo pero lo enorgullece, por ejemplo, contar que su hijo de quince años logró "salvar" a tres chiquitos que cayeron al agua cuando el bote se dio vuelta. "Lo primero que les enseñé a mis hijos fue a nadar", comenta. "Me gusta andar en el agua, pero no en esta", admite. "Voy siempre a pescar a la isla, me doy algunas mañas y gracias a eso pude salvar a muchos", describe.

De pronto, la voz se afina y el relato se interrumpe. Se emociona. Le brillan los ojos. Baja la cabeza y cuenta entonces una escena que esta inundación grabó para siempre en su memoria.

"Íbamos sacando a todos los que podíamos -cuenta-. Hasta que los vi a través del vidrio. El río ya superaba el umbral de la ventana. Pero ellos seguían allí. Era un matrimonio de ancianos que ya se habían rendido al avance de las aguas. Les pregunté qué hacían... y simplemente me respondieron que estaban esperando para morir. Les supliqué que subieran a la lancha y no se hicieron rogar. La mujer se me prendió del cuello y así salimos del barrio".

Fue allí cuando por un momento, Ricardo olvidó que había perdido todo y sintió que prolongó su vida en la de aquellos abuelos que terminaba de salvar.




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El tendal del Centenario, barrio que sufrió de golpe las inundaciones en Santa Fe y que hoy se muestra con sus vecinos "tirando" la casa a la calle, muebles inservibles, electrodomésticos arruinados, pertenencias escasas que se salvaron.
Fuente: El Cronista Regional

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