CONFERENCIA EN LA ALIANZA FRANCESA
Cine y literatura: un debate entre amores y odios
Las relaciones entre la producción literaria y el séptimo arte despiertan la discusión acerca de las correspondencias permitidas entre una y otro. Los límites de la adaptación cinematográfica y la trasposición de lenguajes.
Redacción
27/08/2004


Al rescate de una discusión muchas veces abandonada sobre las interrelaciones entre los productos de la industria cultural, días pasados se realizó en el Château Rose de la Alianza Francesa de Santa Fe la conferencia: "Relación entre literatura y cine", a cargo de cuatro destacados profesionales entendidos en la materia. Frente a un marco de público importante, Rosa Gronda (conocida periodista local y crítica de cine y literatura), Carlos María Gómez (escritor santafesino), Diego Sófici (director de cine, reconocido por su labor en el largometraje "Gerente en dos ciudades") y Julio Ibert (camarógrafo), expusieron distintas posturas acerca de cómo es en la actualidad la relación entre literatura y cine, cómo se adopta desde el séptimo arte la historia literaria, los límites en la trasposición de un lenguaje a otro y los términos ideales en que debieran realizarse las adaptaciones cinematográficas de novelas literarias.

Rosa Gronda comenzó su exposición dando una apertura introductoria sobre la historia de la referida relación: "El vínculo entre estas dos expresiones artísticas existen desde el inicio mismo del séptimo arte. Tal simbiosis ha tenido como consecuencia la producción de una numerosa lista de películas inspiradas en relatos literarios, particularmente en novelas. Me interesa citar un filme paradigmático, como Blade Runner‚ del talentoso director Ridley Scott, o las obras cinematográficas de Frankestein, sobre la novela de Mary Sheiley. En el cine argentino encontramos realizadores como Torres Nilson, desde el Martín Fierro‚ de José Hernández pasando por Roberto Arlt y Los siete locos. Si hay un elemento a destacar entre literatura -novelas- y cine es el tiempo, que juega en contra este último y a favor de la primera. Para leer una novela podemos disponer de una semana o de un mes, pero ver una película que supere las dos horas será tedioso", explicó la periodista. "El género cuento es menos complejo, al ser un recorte en torno a una idea dominante sostenida en una copia complementaria y en ritmo fluido, intenso y con final inesperado".

Es relativo -según la óptica de Gronda- el balance que debe establecerse entre la posibilidad infinita que provee la literatura y la adaptación cinematográfica."Hay casos en los que, gracias a realizadores como Buñuel o Hitchcock, relatos como Psicosis‚ se han enriquecido en el soporte del celuloide, pero son innumerables los ejemplos de vejaciones y maltratos cinematográficos para relatos de Poe y Lovecrafth, entre otros, y una lista interminable de intentos que sólo han generado versiones totalmente olvidables. En el caso puntual de Blade Runner‚ -hizo hincapié en este filme Scott- logra dar vida a la imaginería de una ciudad futurista no presente en la novela original, anticipándose ya en el año 1982 al caos multicultural de la polis posmoderna", sostuvo. Por último y a modo de conclusión, Gronda dejó por sentado que "me interesa el intercambio entre cine y literatura siempre que se tenga bien presente que la lectura es una experiencia intransferible de la imaginación, y que el cineasta maneja un lenguaje independiente al literario al que debe sustentar con muchísimo talento".

Carlos María Gómez, por su parte, adoptó una postura más decidida, poniendo de manifiesto una actitud crítica hacia el cine con relación a la literatura. "Hablar de literatura y cine -dijo el escritor- supone el ejercicio de una mirada necesariamente teñida de parcialidad. Se trata de universos autónomos que utilizan lenguajes diferentes, aunque con la aclaración de que si bien el cine recurre a la literatura para contar historias no sucede lo mismo con ésta, que nació y sigue desarrollándose con absoluta independencia de aquél. Existe una larguísima lista de filmes donde el momento de trasposición del texto literario al cine determina la concreción de un producto sustancialmente distinto del original, más allá del lenguaje y la necesidad de historias del medio expresivo. Es a partir de este tipo de situaciones que se produce en el escritor una fuerte sensación de extrañamiento frente a los resultados. Robert Altman en el filme Ciudad de ángeles‚ presenta algunos personajes que nada tienen que ver con los protagonistas de la novela original".

"Pero hay ejemplos de filmes -continuó Gómez- donde se ha tratado de reflejar fielmente el sentido de la obra literaria, como por ejemplo la película Desde ahora y para siempre‚ de John Houston, basada en el relato homónimo de James Joyce. Podría afirmarse con alguna razón que no se le puede impedir a nadie que haga lo que quiera con una historia ajena, pero opino que resultaría más sano y honesto que los directores se dediquen a filmar sus propias ideas, suponiendo que las tengan", sentenció.

Diego Sófici, desde el extremo opuesto, citó al gran cineasta Françoise Truffaut para responderle al escritor que acababa de cederle la palabra. "Truffaut dijo que el problema de la adaptación cinematográfica es un falso dilema. Este debate ya tiene su larga historia. Alain García decía que todo el cine es adaptación, y por mi parte considero que la adaptación que se somete en extremo al texto literario traiciona al cine, y la adaptación que es muy libre y alejada del texto literario traiciona a la literatura". Sófici agregó que "sólo la trasposición de lenguajes no traiciona ni a la una ni al otro. La trasposición es trasladar, extirpar algo y moverlo hacia otro lugar para darlo a conocer sobre otro registro. Entonces, las correspondencias entre cine y literatura deberán estar determinadas por la trasposición", concluyó.

Autor: Luciano Andreychuk. Area de Comunicación Institucional de la Alianza Francesa de Santa Fe




Leer mas sobre