Cada vez es más notoria la dejadez de los niños, jóvenes y adolescentes con relación a la lectura, tanto de libros, revistas y diarios. ¿A quién cargamos la culpa, a los libros que desalientan o a las revistas que únicamente se ocupan de chismes o están politizadas y no instruyen?
Tendremos que cargar las culpas a nuestros abuelos, o simplemente tomar todo como un déficit educativo, o no nos daremos cuenta que no es necesario remontarnos mucho tiempo atrás. Como padres, debemos influir en toda la educación de nuestros hijos, incluso de quienes son amigos de ellos. Pero tengamos en cuenta que todo esto es parte de nuestros gobernantes, principalmente de los ministerios o secretarías de cultura de gobiernos elegidos por el voto popular, y deberían ser ellos los encargados de que la cultura avance en bien del país.
Se deberá tener en cuenta que la primera tarea de la educación pública es agotar todos los recursos didácticos para que los hijos de los analfabetos no lleguen a serlo, por el contrario, que tengan a su disposición toda fuente informativa de sus educadores. Me da la impresión que promover sin límites la competencia entre escolares en el terreno de la lectura, con el correr del tiempo dirá si teníamos razón o no quienes sostenemos que eso puede dar sus frutos en todos los niveles educacionales y que permitirá mejorar su dicción, o todo aquello que lo expresen por escrito lo hagan en forma correcta.
Se que es muy difícil tomarle cariño a cuanto sea lectura, principalmente cuando se lee con dificultad el contenido de cualquier página, pero eso no quiere decir que debamos dejarla de lado. No se puede perder la capacidad de manifestar algo de manera locuaz y clara de todo lo que podamos haber leído.
Los padres deberían acercar a sus hijos libros, revistas y manuales de estudio; pero con una condición imprescindible: que el texto no sea mera explicación y las fotos cubran el total de las páginas, junto con esquemas, gráficos o recuadros que no hacen a la lectura.
No sé si esto puede cambiar. Es deplorable que muchos posibles escritores queden fuera de foco por la falta de recursos educativos y que por carecer de ellos no puedan hacer conocer uno de los pilares de nuestra civilización.
Un país que no progresa, casi siempre se debe a la total falta de cultura, al analfabetismo, a la impericia y desconocimiento en general. No debemos esperar que la educación, instrucción, el saber, la perfección y la sabiduría vengan a nosotros, sino que nosotros somos quienes debemos buscarla.