PROPONEN DETERMINAR PAUTAS
La contaminación de suelos por plaguicidas
Existe un vacío legal a la hora de determinar qué áreas requieren ser intervenidas por el excesivo uso de agrotóxicos. Investigadores plantearon pautas de referencia para establecer niveles permitidos e incorporarlos a las leyes nacionales.
Redacción El Santafesino
26/10/2009


¿Cuándo un suelo está contaminado por plaguicidas y cuándo está limpio? Las normativas vigentes no son claras a la hora de fijar pautas que definan el estado de un sitio, algo fundamental para la protección de los suelos.

Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) analizó las leyes sobre plaguicidas en relación con la calidad de suelos en Argentina, y puso en evidencia las debilidades del sistema y la necesidad de mejoras para la aplicación en casos concretos. La inquietud surgió luego de encontrarse con un caso en la ciudad de Córdoba, donde había que confrontar resultados de laboratorio con el marco normativo argentino actual.

Según explicó Raquel Murialdo, que participó de la investigación encarada por la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC, en el caso estudiado quedaba sin sustento la forma en que había que aplicar la Ley de Desechos Peligrosos (Nº 24.051): “El problema radica en que no contempla la parte referida a los plaguicidas y, a la vez, es muy pequeña la cita que hace en relación al suelo. Tampoco había ninguna normativa con la cual confrontar para decir si realmente estábamos frente a un caso de contaminación o no, o a qué calidad de suelo se podían aplicar esos resultados”, aseveró.

Además de estas falencias, la investigadora destacó que nuestro país no tiene hechos los correctos estudios de base, en relación con los distintos factores del ambiente. “Esto significa saber con qué base arrancamos en un suelo común, conocer cuánta contaminación hay por distintos usos. A partir de un estudio de base, se puede inferir cuánto está contaminado un sitio o no. De otro modo, siempre estamos comparando con legislaciones extranjeras que poco tienen que ver con la historia de nuestro suelo”, lamentó Murialdo.

Las conclusiones de la investigación se presentaron en el 2º Workshop Latinoamericano sobre Residuos de Pesticidas, Alimentos y Medio Ambiente organizado por la UNL.

Propuesta

Partiendo del hecho de que no hay en la Argentina valores de referencia sobre concentraciones de plaguicidas, residuos o metabolitos derivados de su degradación en el suelo, el equipo concluyó que hace falta establecer un valor objetivo que derive de un programa nacional de investigación que considere usos pasados y presentes, y las características físico-químicas del suelo. Además, establecer un “valor de intervención” que considere una dosis máxima permitida, teniendo en cuenta las vías de exposición de los seres humanos, punto de partida para considerar tareas de remediación del suelo.

También analizar los casos contaminados con múltiples sustancias y el establecimiento de pautas para definir un suelo (o sedimento) limpio, diferenciándolo de un suelo contaminado.

“¿Pero cuál es el sentido de que digamos que un lugar está más o menos contaminado? Es el de poder restaurarlo o asignarle un tipo de uso específico a esa área. Con ese objetivo es que primero hay que trabajar en lo que serían los niveles de base de contaminación de suelos por residuos de plaguicidas, que además muchos vienen de hace mucho tiempo y otros son muy recientes. Hay un pool de residuos de contaminantes de pesticidas e investigarlos uno por uno es un largo trayecto. Lo que estamos haciendo es apenas la punta del iceberg”, concluyó Murialdo.

Inspiración holandesa

Para definir su propuesta, los investigadores cordobeses analizaron normativas extranjeras y observaron que los países que disponen de un sistema concreto de leyes al respecto investigaron previamente los suelos y cultivos, para establecer valores de fondo del territorio estudiado y, de esa forma, poder definir indicadores de calidad de suelo.

“Tomamos como referencia la legislación de Holanda por su Principio de Precaución. Al ser la más estricta, al tener mejor definidos los usos, genera una categoría que no es la de ‘contaminado’, ni la de ‘no contaminado’ a secas, que es lo que hace la mayoría de las legislaciones, sino que da una referencia en relación a la presencia de ‘suelo no limpio’, lo que no implica que se esté obligado a restaurarlo o a remediarlo. Es la única normativa que lo tiene”, refirió Murialdo.

Además, incorpora el concepto de “cóctel” de plaguicidas, legislando de ese modo sobre casos de suelos con presencia de dos o más sustancias que aparecen en cantidades permitidas: “Si hay diez contaminantes y todos están bajo la norma, entonces el suelo está limpio. Eso es lo que normalmente se lee en las leyes. Pero en realidad si todos están bajo la norma, pero hay tantos contaminantes en relación a la cantidad de muestras se puede hablar de suelo contaminado, suelo no limpio, etc. Eso la normativa holandesa lo deja claro”, sostuvo la investigadora.

El caso de Holanda es sólo el ejemplo más relevante, pero también observaron las leyes de países como Alemania, Canadá, Ecuador y España.




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