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Economía
PREVISIONES DEL BANCO MUNDIAL
Cómo será el mundo en 50 años

Según el nuevo informe del Banco Mundial sobre el desarrollo para 2003, dado a conocer en Johannesburgo, los próximos 50 años podrían ver crecer la población mundial a 9000 millones de personas y el PBI se podría multiplicar por cuatro, a 140 mil millones de dólares.

21/01/2004

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Teniendo en cuenta las presentes tendencias en la producción y el consumo, tensiones sociales y ambientales amenazan con desviar los esfuerzos para el desarrollo y erosionar los niveles de vida, a menos que diseñemos mejores políticas e instituciones.

Si continuamos en la senda actual, las expectativas no parecen muy alentadoras. En 2050, la producción anual mundial de dióxido de carbono se habrá triplicado, mientras que 9000 millones de personas, tres mil millones más que las que existen hoy, vivirán en su mayoría en los países subdesarrollados y se disputarán el agua de la Tierra, lo que agregará problemas en torno de su ya conflictiva provisión. Las necesidades de alimento ascenderán a más del doble, un serio panorama para Africa, donde la producción de alimentos está por debajo del crecimiento de la población.

En la Tierra ya viven 1300 millones de personas en tierra áridas, inundadas y bosques que no los pueden alimentar. Para 2050, y por primera vez en la historia, habrá más gente viviendo en las ciudades que en las áreas rurales. Sin una mejor planificación, las presiones de la inmigración y de los movimientos de la población a través del mundo podrían crear un cataclismo social y una lucha por los ya escasos recursos.

La cumbre de la Naciones Unidas en Monterrey, en marzo pasado, estimuló a los países pobres a mejorar sus políticas y gobernabilidad a cambio de la promesa de los países ricos de enviar más ayuda y abrir los mercados al intercambio comercial. La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenido que comienza hoy en Johannesburgo nos da la posibilidad de concretar esas palabras.

¿Qué debe esperar el mundo de Johannesburgo? Quizá la mejor respuesta sea: mirar hacia delante e imaginar qué queremos, no sólo para nuestros hijos, sino para los hijos de nuestros hijos. ¿Vamos a dejar como nuestro legado un planeta más pobre que tenga más hambrientos, un clima inestable, menos bosques y menos biodiversidad? ¿Un lugar que sea socialmente aún más convulsionado que el de hoy?

Se necesitarán políticas de desarrollo más centradas en proteger los bosques, la pesca y el campo, haciéndolos más productivos si queremos acortar la brecha con los pobres. Políticas equivocadas y gobiernos débiles han contribuido a provocar desastres ambientales, al crecimiento de la desigualdad y la convulsión social en algunos países, lo que a menudo trajo como consecuencia grandes pérdidas, disturbios, refugiados hambrientos o guerras civiles.

Sin embargo, estas tendencias también ofrecen oportunidades si los líderes y políticos que se encuentran en Johannesburgo hallan el coraje para prometer y concretar acciones valientes para los próximos 10 a 15 años.

La mayor parte de los recursos económicos que necesitará la creciente población aún no existe. Mejores condiciones, una mayor eficiencia y más formas de inclusión podrían significar que estas ventajas se construyan de manera que haya menos tensiones en la sociedad y en el entorno.

A medida que el aumento de la población decline, el crecimiento económico se traducirá en una reducción de la pobreza, siempre que el desarrollo durante las próximas décadas se maneje de manera que no se destruyan las fuentes naturales que sostienen el crecimiento.

Si el ingreso individual en los países en desarrollo crece en un promedio del 3,3% anual, alcanzará los 6300 dólares por año para 2050, cerca de un tercio más que el que actualmente poseen los países con un ingreso medio y alto.

Tal crecimiento ya es visto como un objetivo modesto por algunos líderes del mundo en desarrollo.En las dos últimas décadas muchos países del Este de Asia se desarrollaron a un ritmo que alcanzó un promedio anual dos veces superior a esas cifras.

Las necesidades básicas de las personas, en cuanto a vivienda, alimentación y vestimenta podrían ser razonablemente logradas. La esperanza de vida podría llegar a alcanzar los 72 años en los países pobres, donde hoy es de 58 entre los de menores recursos. La proporción de gente alfabetizada podría ascender al 95%.

Por supuesto, un crecimiento económico tan marcado podría poner en enorme riesgo al medio ambiente. Como las naciones ricas son las mayores consumidoras de nuestras reservas naturales, tienen una especial responsabilidad en brindar ayuda al mundo en desarrollo cuando se trata de enfrentar estos riesgos.

Todos debemos proteger nuestros bosques y pesca de la sobreexplotación. Debemos detener la degradación de los suelos y asegurar que las reservas de agua se utilicen eficientemente. Debemos proteger la diversidad biológica de los ecosistemas ya que ellos sostienen el fluir de productos y servicios esenciales para nuestras economías y sociedades. Debemos limitar la emisión de gases de las fábricas, automóviles y hogares.

Los países en desarrollo tienen que promover la democracia, la inclusión y la transparencia a medida que establecen las instituciones que manejen sus recursos. Los países ricos deberían aumentar la ayuda, apoyar la reducción de las deudas, abrir mercados a los países en desarrollo que son exportadores y ayudar a transferir tecnologías para prevenir enfermedades, aumentar la eficiencia en materia energética y alentar la producción agrícola.

La sociedad civil puede actuar como la voz que aglutine los intereses dispersos y provea una visión independiente de las acciones públicas, privadas y no gubernamentales. Un sector privado responsable, apoyado por el gobierno debería crear incentivos para que las compañías persigan sus intereses a la vez que avancen en objetivos ambientales y sociales.

Por James Wolfensohn-De The International Herald Tribune. El autor es actualmente presidente del Banco Mundial. Fue reelegido para el cargo en 2000

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/02/08/26/sl_425683.asp



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