Entre 2005 y los primeros 8 meses de 2006, se registraron en el país 13 anuncios de inversión por U$S 285,5 millones en proyectos para producir biodiesel, y se espera que esa cifra crezca hasta los U$S 1.000 millones en los próximos cuatro años.
Estos proyectos, en su mayoría impulsados por cerealeras de origen nacional, se localizan principalmente en la zona centro del país, debido a que se trata del corredor productivo de cultivos oleaginosos más importante.
A pesar de la importancia que se espera tenga el mercado interno, el 75,8% de los anuncios realizados hasta hoy prevén la comercialización del total de la producción en el mercado externo, principalmente en Europa.
Por otra parte, cabe recordar que el costo promedio de producir un litro de biodiesel en Europa ronda los € 0,62, mientras que en Argentina ese costo oscila entre € 0,54 y € 0,59, con el flete al Viejo Continente incluido.
Si bien la idea de generar combustibles a partir de recursos renovables lleva en la mesa de los laboratorios ya muchos años y algunas ya se han puesto en práctica con relativo éxito, la tecnología capaz de competir en costo y rendimiento con los combustibles tradicionales aún no ha visto la luz.
Sin embargo, debido a las perspectivas de una creciente demanda mundial de combustibles y a la inestabilidad política entre Occidente y Oriente Medio, los precios del petróleo y de sus derivados presentan una volatilidad sin precedentes, ubicándolos en niveles máximos históricos. Este escenario altera significativamente la ecuación de costos intertemporales y coloca a las fuentes alternativas de combustibles como una opción mucho más viable.
Estas cuestiones de mercado, en principio, constituyen un incentivo en sí mismas para el desarrollo de tecnologías alternativas. Sin embargo, en los últimos años hemos visto también cómo los países centrales (principalmente la Unión Europea) y Brasil paulatinamente comenzaron a incorporar en su legislación incentivos fiscales y crearon mercados cautivos para este tipo de combustibles.
Por su parte, Argentina también ha incursionado en esta práctica a través de la sanción de la Ley de Combustibles (Ley Nº 26.093, promulgada en mayo de este año. Según algunas estimaciones de mercado, con la ayuda de esta ley la demanda de biodiesel en el país podría llegar en el 2010 a las 632.000 toneladas al año.
Con estas previsiones, para abastecer sólo el mercado interno de biodiesel se requerirían unas 18 plantas con capacidad para 35.000 toneladas promedio, que demandarían unos U$S 13 millones cada una. Al mismo tiempo, se espera que en los próximos 4 años el flujo de inversiones totales para el sector ronde los U$S 1.000 millones.
Por otra parte, y dado que el agro utiliza el 70% del gasoil que se consume anualmente en el país -entre camiones, maquinaria y plantas- varios productores agropecuarios pequeños y medianos se encuentran evaluando asociarse para producir biodiesel básicamente para autoconsumo, con la posibilidad de vender el excedente. Las estimaciones indican que estos actores se inclinarán por desarrollar fábricas de hasta 40.000 toneladas, acogiéndose a los beneficios impositivos que, en principio, confiere la reciente ley.
Los proyectos de inversión
Desde 1999 existen varios proyectos que comenzaron a desarrollarse aún sin un marco regulatorio apropiado y que hoy se encuentran produciendo biodiesel, básicamente para la industria química, para autoconsumo y para el incipiente mercado local. Entre las plantas más importantes se encuentran las de Química Nova (en Jujuy), Glutasol S.A. en Pilar (Buenos Aires) y la Planta Artesanal de Biodiesel de la Escuela Agropecuaria de Tres Arroyos (que procesa aceite comestible reciclado).
Los proyectos que comenzaron a surgir a partir de fines del año pasado, y principalmente después de la sanción de la Ley Nº 26.093, parecen ser significativamente más ambiciosos y con proyecciones comerciales más definidas.
Los 13 proyectos relevados por nuestra Base de Inversiones entre el 2005 y los primeros ocho meses del 2006, suman U$S 285,5 millones y se espera que vean la luz principalmente a partir de fines del 2007.
Las empresas que están encarando los proyectos más ambiciosos, son aquellas principalmente vinculadas a la actividad agropecuaria (donde predominan las de origen nacional), o empresas locales que realizan investigación y desarrollo de tecnologías para extraer biodiesel a partir de oleaginosas, y se encontraban buscando financiamiento para poner en producción sus proyectos. Estos últimos, básicamente resultaron financiados por capitales extranjeros.
De los anuncios relevados también se observa que el principal destino de los nuevos proyectos es el sector externo, con algo más de U$S 216 millones (75,8%), atento a las crecientes demandas de este tipo de combustibles desde Europa y Estados Unidos. Por otra parte, se registraron además anuncios de proyectos de inversión que, sin perder de vista el mercado externo, también ponen sus ojos en el mercado local, por un monto de U$S 68,8 millones (24,1%).
De esta manera, los proyectos destinados al autoconsumo representan apenas el 0,1% del total. Sin embargo, no debe perderse de vista que muchos de estos proyectos no trascienden a la opinión pública debido a que son encarados por productores agropecuarios (solos o en cooperación) en la soledad de sus campos, por lo que probablemente el monto real de este tipo de emprendimientos sea significativamente mayor.
Localización de los proyectos
El grueso de los anuncios identificados en el período se localizan en la región Centro del país, lo que no resulta una sorpresa ya que se trata del corredor productivo de oleaginosas más importante. Los emprendimientos intentan así aprovechar la existencia de un complejo oleaginoso eficiente y altamente tecnificado, grandes superficies destinadas a este tipo de cultivos y la posibilidad que ofrece esa tierra para incorporar otras variedades no tan explotadas en el país, pero con alto rendimiento en la producción de biodiésel (tales como la colza).
Además de los motivos de peso que argumentan la promoción de los biocombustibles, existe un aspecto relativo a la potencial competitividad de este producto y su sustentabilidad en el tiempo. A ciertos niveles de precios del petróleo, los biocombustibles comienzan a ser competitivos en condiciones de mercado. Sin embargo, la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles y de los productos agropecuarios, generan cierta incertidumbre que restringiría la inversión en medianas empresas.
Para morigegar esta situación y estimular la inversión y el desarrollo del sector, los gobiernos han utilizado leyes que ofrecen incentivos fiscales y establecen una demanda cautiva para este tipo de combustibles. La Unión Europea, Brasil y Argentina ya adoptaron legislaciones creando la obligación de utilizar biocombustibles en determinadas proporciones.
De todas maneras, la evolución de la demanda que se estima para el biodiesel en el país, y sobre todo en Europa, ya parece resultar un incentivo en sí mismo para el surgimiento de proyectos destinados a producir biocombustibles en forma industrial.
Por otra parte, la incertidumbre respecto de la viabilidad económica de largo plazo de estos proyectos se ve exacerbada en nuestro país por un temor que comparten varias de las cerealeras que miran el negocio, pero que aún no decidieron la concreción de proyectos: mientras hoy las retenciones a las exportaciones de aceite (principal insumo para el biodiesel) son del 20%, las de los biocombustibles son del 5%. Son varios los empresarios que creen que el gobierno podría elevar ese porcentaje y cambiar las reglas del juego, alterando definitivamente el atractivo económico que hoy posee este sector.
Para los proyectos de autoconsumo la situación parecería menos incierta ya que, para este tipo de emprendimientos, el costo estimado de producción es de $ 0,70 por litro, con lo cual la limitación sólo radicaría en la inversión inicial de montar una planta.
Al parecer entonces, los combustibles fósiles seguirán siendo nuestra principal fuente de energía, al menos en el mediano plazo. Sin embargo, las fuentes renovables están dejando de a poco las mesas de laboratorio para comenzar a ser proyectos viables de explotación económica.
Fuente: Abeceb.com