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Más que zanahorias

La producción de zanahorias es uno de los cultivos tradicionales del Departamento Garay, en el corredor costero de la Ruta Provincial N° 1. Con unas 1.200 ha destinadas a este cultivo, algunos emprendedores locales proyectan la obtención de subproductos de mayor valor agregado.

Por Lic. Silvina Corti
Redacción El Santafesino
29/03/2012

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  La recolección demanda mano de obra local y de otras provincias. Una vez recolectada, la zanahoria se lava y empaca a fin de llevar al consumidor un producto de calidad. La zanahoria de Santa Fe es reconocida a nivel nacional por su calidad y sabor.
Fuente: El Santafesino

En los próximos años, la producción de zanahorias en la costa santafesina podría dar apertura a una instancia superadora al sector primario hortícola. La posibilidad de crear subproductos con valor agregado que permita posicionar de otra manera a este cultivo tradicional en el departamento Garay.

Mariano Soressi, propietario de la firma Val Mar, acopiadora, empaquetadora y comercializadora de zanahorias, es uno de los protagonistas de este nuevo capítulo en la zona. Conocedor de lo que significa producir una hortaliza de las características de la zanahoria, Soressi advierte que si bien hace muchos años que se produce zanahoria en la zona, “el furor” comenzó en el 2007. “Fue un año muy bueno –explicó- con proyectos interesantes. En mi caso, habíamos armado este establecimiento pensando en una gran producción de unos 700.000 kg semanales para lavar, pero las lluvias de marzo/abril de 2007 hundieron todo lo que estaba sembrado y no pudimos concretar el proyecto”. Luego de haber transitado un 2008 y 2009 muy negativos, de a poco el sector se fue recuperando. “En 2011 se cosechó muy bien, se mejoró el precio y, finalmente, el productor pudo pagar las deudas que tenía, aunque la reinversión en maquinaria continúa siendo escasa”, aclaró.

A la hora de sacar números Soressi señala un condicionante: “tenemos un competidor muy grande que es Santiago del Estero, allí producir una hectárea de zanahoria cuesta $ 2.000, en Santa Fe cuesta $ 10.000”. Para el joven empresario la diferencia está “en el laboreo y en la semilla”, mientras que los productores santiagueños siembran con semillas criollas, con un costo de $ 150/ha, “nosotros utilizamos semillas híbridas, europeas, donde el betacaroteno y el jugo es otra cosa, y valen $ 4.000/ha”. Si bien en ambas provincias la implantación se realiza con maquinaria, en la zona de Santa Rosa de Calchines ya han incorporado sembradoras neumáticas, de gran precisión.

Otro punto que Soressi marca como una desventaja local es la composición arenosa del suelo. “El productor debe regar la arena constantemente porque cada dos o tres días está seco. Eso tiene un costo adicional”. Durante los 5 meses que dura el ciclo de crecimiento del cultivo es muy posible que el productor realice más de 20 riegos en el lote, utilizando riego artificial. En tanto que en la vecina provincia, con unas 3.000 ha en producción, “riegan por decantación, viene el agua por un canal y ellos lo regulan con una compuerta. Así también es la diferencia de calidad, Santa Fe es reconocida en el país por su excelente calidad en zanahorias”.

Ahora bien, ese productor santafesino que tuvo un costo de producción de $ 10.000/ha, logró obtener en el 2011 $ 12.000/ha, con lo que consiguió una ganancia del 20%. Soressi describió un mercado “en el cual no somos formadores de precios, con el agregado de que el valor del producto varía en el mercado día a día. Si tenemos un costo de producción por bolsa de $ 10, un día podemos obtener $ 7 y al otro tal vez $ 15”.

La mano de obra

La gran demanda de mano de obra está en la recolección “en general se requieren entre 5 y 6 personas para cosechar una hectárea, pero si queremos hacerlo en dos horas buscamos 20 personas”, explicó el responsable de Val Mar. Se trata de cuadrillas que en un 80% provienen de Mendoza, no son locales, que cobran por bolsa de 50 kg. Por lo cual prestan un servicio y deben facturar por ello. Pero aquí comienzan los problemas, ya que como en general “cuentan con asignaciones familiares o planes sociales no quieren inscribirse. Ahí tenemos un problema impositivo”. Por ello durante todo el 2011 este sector trabajó conjuntamente con Carlos Vaudagna, el Director Regional de AFip, a fin de regularizar estas situaciones. “Le buscamos la vuelta para reglamentar el trabajo”.

La empresa de Soressi -Val Mar- se encarga de “unir productores, a los que le proveemos por semilleros insumos y, al momento de realizar la cosecha, el productor entrega su producto y ahí le descontamos los insumos. Nosotros nos encargamos además de conseguir la gente para la cosecha, el camión para traer la producción al lavadero, la gente para que la lave y empaque, y toda la comercialización y logística”. En función de sus actividades, Soressi conoce lo difícil que es tratar con el personal de recolección. De allí que el año pasado buscó una alternativa para mecanizar el proceso. “Contacté a una empresa de Bandera a fin de desarrollar una cosechadora de zanahorias. Europa la tiene desde 1946, cómo podía ser que nosotros no la tuviéramos”, se pregunta. Fue así que para noviembre de 2011 “la teníamos desarrollada y en marcha, toda una innovación en nuestra zona”. Como toda tecnología, la cosechadora suplanta mano de obra. “Los resultados de la cosechadora fueron mucho mejores de los que esperábamos, reemplaza el trabajo conjunto de 20 personas”.

Con lo que ahí surge la propuesta de Marcelo de capacitar la gente que trabaja en el campo a fin de que lo haga en el sector de lavado y empaque del producto. “La zanahoria da mucho agregado en mano de obra, por eso mi propuesta es capacitarlos para trabajar dentro”.

Derivados

Los requisitos en cuanto a calidad, pero también en tamaño y forma de la zanahoria, que impone el mercado consumidor, ocasionan que por temporada las empaquetadoras tengan un importante descarte de un producto que está apto para consumir pero que no cumple con las exigencias del cliente. “Mi lavadero llega a tirar en la temporada arriba de 1.000.000 de zanahorias, en su mayoría por su chico tamaño” señaló.

Este importante desperdicio llevó a Soressi a plantearse la posibilidad de transformar ese sobrante en un derivado con mayor valor agregado. “Vinieron empresarios de Guatemala y de Holanda que nos presentaron chips de zanahorias que son paquetes de zanahorias fritas, en vez de ser papas fritas. Y, además, estamos desarrollando un gran proyecto que es producir harina de zanahoria que es apta para fabricar alimentos destinados a celíacos o que también se puede utilizar como suplemento en la alimentación de vacas lecheras”. Finalmente, adelantó que estos proyectos se desarrollan en colaboración con la UNL. “El problema que enfrentamos son los créditos hortícolas, que escasean para el sector y donde los de mayor envergadura tienen altos requisitos”, concluyó.



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