Urge una política regional sobre uso de agroquímicos
Por Lic. Exequiel Kay
21/01/2004


La iniciativa adoptada en el mes de mayo por la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores y la Sociedad de Quinteros de Santa Fe, despertó la atención del Ministerio de la Producción en la ineludible tarea de concientizar acerca del uso racional de agroquímicos.

A pesar de la sanción de la Ley Nº 11.273 sobre Productos Fitosanitarios de la Provincia de Santa Fe en 1997, hasta este año no se había aplicado una política sistemática en el cinturón hortícola que propenda "al uso y manejo racional de los productos fitosanitarios en las etapas de elaboración, transporte, almacenamiento, expendio, adecuadas técnicas de aplicación y disposición final de envases como forma de evitar contaminaciones", tal como exige la norma en cuestión.

La dudosa muerte de un trabajador a principios de año en una quinta del cinturón verde -que hasta el momento no quedó clara- resultó ser el detonante para que los distintos sectores involucrados en la producción hortícola se movilizaran a fin de dar respuestas al problema.

Y la cuestión de los agroquímicos se plantea en términos de problemática regional porque es evidente la ausencia de controles oficiales reconocida por un funcionario del área a este medio -a causa de "falta de recursos y otras prioridades" en parte-; la falta de capacitación e información tanto de los productores como de los peones sobre el tema; y la indiscriminada acción mercantil de las multinacionales productoras de semillas y pesticidas (una prueba es la estrategia de Monsanto descripta por la publicación Le Monde Diplomatique en su edición de julio de 2001 - págs. 24, 25 y 26).

Este panorama es una realidad a pesar que aún no se ha instalado como tema de debate en la sociedad -que no percibe perjuicios directos- y subsiste como status quo en los sectores específicos. Pocos tienen conciencia que la aplicación de pesticidas no sólo afecta al producto que luego se comercializa, sino también al suelo, el agua, el agua de lluvia y el aire, además de la salud del operario que manipula el producto.

Según se explicó en la Jornada realizada en la Sociedad de Quinteros que se informa en páginas 2 y 3 de esta edición de El Cronista Regional, "la agricultura moderna, debe ser capaz de generar productos de calidad bajo normas de producción que garanticen la preservación de la salud de los productores y consumidores, salvaguardando a su vez el medio ambiente y los recursos naturales, utilizando las mejores prácticas posibles".

Como explica el trabajo presentado por el Ing. Agr. Luis Carrancio -disertante en la Jornada- desde el final de la segunda guerra mundial y con la aparición de los primeros insecticidas de síntesis (DDT y Clorados en general), la agricultura se transformó en gran consumidora de insumos. El número de plaguicidas registrados en 1936 era de 30 drogas diferentes y en 1971, más de 900. Los beneficios obtenidos por la incorporación de estos productos, produjo en principio un significativo crecimiento del sector agroindustrial, dado que las nuevas sustancias químicas producidas fueron y son efectivas y fáciles de usar, por lo que se adoptaron rápidamente.

"Esta rápida adopción de los plaguicidas se dio, en la mayoría de los casos, sin el conocimiento necesario de las consecuencias que el uso de los mismos podría llegar a provocar con el paso del tiempo. Hoy, después de 65 años, podemos analizar estas consecuencias y ver sus efectos -señala el informe- observando que en la mayoría de los países del mundo se dieron las siguientes etapas:

1- Etapa de Subsistencia: caracterizada por bajo nivel tecnológico, sin programas organizados de control de plagas y bajos niveles de rendimientos.

2- Etapas de Explotación: con altos niveles de uso de agroquímicos, con aspersiones regidas por el calendario o con criterio preventivo, sin importar la presencia o niveles poblacionales de las plagas. Estas prácticas logran en principio éxitos en el control de plagas y en el aumento de la cantidad producida difíciles de sostener en el tiempo.

3- Etapa de Crisis: el uso masivo e irracional de agroquímicos trae como consecuencia la necesidad de aplicaciones más frecuentes y a mayor dosis, para lograr resultados satisfactorios. Se manifiestan numerosos casos de resistencia lo que provoca todo un proceso de reemplazo de los productos por otros que por el mal uso siguen el mismo destino. Todo esto trae como consecuencia aumento de los costos de producción y de los niveles de contaminación.

4- Etapa de Desastre: la fase de crisis desemboca en la pérdida de rentabilidad de los cultivos, los niveles de contaminación de los alimentos y del ambiente superan a los legalmente tolerados y se hace muy difícil la comercialización de los productos primarios y los elaborados a partir de ellos.

5- Etapa de Control Integrado: en esta etapa se desarrollan programas de manejo de plagas que utilizan diferentes métodos de control, inclusive el químico, con el aprovechamiento de factores naturales. Se adoptan métodos de muestreos y estrategias de control que posean bajo impacto sobre el medio ambiente (control biológico, microbiológico, etc.) y con respecto a los agroquímicos se busca un uso altamente racional.

La conclusión permite encuadrar la situación regional y obliga a desarrollar políticas firmes en este tema: "En nuestro país, en la actualidad, nos encontramos en diferentes etapas, dependiendo esto de los cultivos analizados y de las diferentes zonas de producción. Globalmente, podríamos ubicar grandes áreas hortícolas en la fase de Explotación, o en transición entre esta última y la de Crisis. Lo que nos obliga a tomar medidas rápidamente, de forma tal de evitar la profundización del problema".