EDITORIAL
Por la paz
Al margen de la alarmante situación que padece la ciudad de Santa Fe, que ha paralizado a su sociedad que parece no tener reacción, hacia el interior provincial se registran hechos que enlutan a comunidades tranquilas y que jamás nadie hubiera imaginado en contextos “pueblerinos”.
Por Lic. Exequiel Kay
Redacción El Santafesino
16/12/2007


Cuando se escribían estas líneas, los medios de comunicación de la capital santafesina difundían el macabro registro: 106 muertos por homicidios en el dpto. La Capital durante 2007. Récord para una región donde la ciudad de Santa Fe es el punto rojo: 24 homicidios por cada 100.000 habitantes (según datos al mes de agosto), primera a nivel nacional, más que Méxido DF y cerca de la temible Bogotá, en Colombia.

El problema que los santafesinos tenemos para comenzar a solucionar este drama es nuestra incapacidad para asimilar, para comprender, para dimensionar la emergencia social que estamos viviendo. “Que hagan algo”, en referencia a nuestros representantes, es una consigna que ya no tiene sentido si no se plantea desde una participación ciudadana.

Ningún dirigente político puede ofrecer una solución mágica para un problema que incluye múltiples facetas, muchas de las cuales nos tocan de cerca o nos involucran. Este trágico hilo conductor de todas las conductas sociales de nuestro tiempo -la violencia-, es el que no nos permite “salirnos de escena” como si fuésemos espectadores sin “nada que ver” en esta película no apta para todo público.

No se trata con esta idea de justificar las acciones oficiales ni eximir de la resposabilidad que les compete a los funcionarios -del orden político o judicial- que deben encabezar la lucha contra la violencia en general, el abuso, el robo, el tráfico de drogas, u otras problemáticas sociales como las reflejadas por los accidentes de tránsito. Sin dudas, la sociedad a través de sus organizaciones no gubernametales y su movilización, es quien tiene la llave para comenzar a pensar en un futuro en paz, exigiendo y participando.

Y el momento de actuar es ahora porque la realidad nos está superando. Al margen de la alarmante situación que padece la ciudad de Santa Fe, que ha paralizado a su sociedad que parece no tener reacción, hacia el interior provincial se registran hechos que enlutan a comunidades tranquilas y que jamás nadie hubiera imaginado en contextos “pueblerinos”.

Noviembre quedará como un mes negro en localidades como San Jerónimo Norte donde un hombre murió producto de una golpiza, o en Esperanza donde un joven -harto de un contexto de violencia familiar- mató a su padre. Dos ejemplos de irracionalidad y muerte en una cuenca rica en recursos naturales y próspera en términos económicos.

La permanente interrelación entre una visión de conjunto y una visión focalizada de nuestra realidad social, debe ayudarnos a conocer los problemas que nos involucran como comunidad para luego comprenderlos, encontrar causas y posibles soluciones con el más noble anhelo de vivir mejor con los nuestros.

Por eso aparece como una decisión imprescindible sumarse a colaborar y participar de los espacios institucionales civiles, en sus más diversas formas y con sus diferentes objetivos. La indiferencia, los arrestos individuales, la justicia por mano propia, son alternativas que nos llevan a un callejón sin salida.

Sea este un motivo de reflexión en vísperas de las próximas celebraciones de Navidad y Año Nuevo que a veces parecen diluirse en estos tiempos vertiginosos. Pensemos y actuemos por una vida social en paz.




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