EDITORIAL
Los escraches
Las agresiones que padeció el diputado nacional del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, en las últimas semanas (tiempo atrás en Laguna Paiva, y recientemente en Reconquista y Venado Tuerto), deben permitirnos reflexionar sobre la sociedad que los argentinos queremos.
Por Lic. Exequiel Kay
Redacción El Santafesino
19/06/2009


Las agresiones físicas y verbales que padeció el diputado nacional del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, en las últimas semanas (tiempo atrás en Laguna Paiva, y recientemente en Reconquista y Venado Tuerto), deben permitirnos reflexionar sobre la sociedad que los argentinos queremos.

La oposición a una política pública de cualquier orden, debe expresarse en términos democráticos, a través del diálogo y la crítica fundamentada. Atacar a una persona por el solo hecho de pensar distinto, es una regresión inadmisible para un país que sufrió la más terrible dictadura de América Latina treinta años atrás, donde la censura sí "era ley".

El diputado Rossi ha sido coherente en defender sus convicciones políticas y las propuestas del gobierno de Cristina Fernández, al margen que uno pueda sostener que éstas son equivocadas. El legislador dice y fundamenta sus ideas con firmeza y calma, como se observa en cada una de sus intervenciones públicas.

Las reacciones de los productores agropecuarios en los escenarios mencionados, no son propias de una democracia madura, y desnudan evidentes contradicciones. El sector nunca salió en defensa de los actores sociales reprimidos durante los gobiernos de Carlos Menem o Fernando De la Rúa; tampoco tuvo una respuesta tan fuerte como la protesta rural de 2008 cuando -por ejemplo- se embargaron las tierras de miles de pequeños productores argentinos.

Sí, en cambio, se pidió dureza con los desocupados que cortaron rutas durante los 90, aunque se haya empleado la misma metodología -con inusitada virulencia en algunos casos- durante el conflicto agropecuario que comenzó en marzo de 2008. Menos se salió a repudiar o escrachar a los funcionarios públicos que diseñaron las políticas de privatización y venta del patrimonio nacional de grupos transnacionales extranjeros.

Este periódico ha formulado en muchas ocasiones duras críticas contra gobiernos justicialistas, por lo cual, lejos está de una postura condescendiente con el legislador Rossi. Sólo con recordar los nombramientos de jueces comunales por parte del ex gobernador Carlos Reutemann, alcanza.

Al mismo tiempo, siempre se han difundido generosamente los reclamos de los sectores productivos, en particular de las pequeñas comunidades de nuestro interior provincial, a la vez que se ha cuestionado la errática política nacional para el sector agropecuario, tal como se demuestra en las ediciones de abril, mayo y la actual, por citar los ejemplos más recientes.

Esto no es condicionante para repudiar las acciones violentas en cualquier orden, la intolerancia y la discriminación que en muchos casos se expresa en protestas de sectores perjudicados por una política de gobierno. Tampoco nos hace perder de vista la necesidad de defender la práctica política como herramienta transformadora de la sociedad, partiendo de la base de que el sistema democrático que tanto costó consolidar, aún con sus imperfecciones, es el más indicado para una vida social justa, fraterna e igualitaria.

En la medida que la violencia (muchas veces expresada en el plano simbólico) supere el debate de ideas y el diálogo, más lejos estaremos de completar la construcción de la República. Una tierra donde todos tengan las mismas oportunidades, donde el mérito tenga su correlato y el respeto sea una pauta de convivencia cotidiana.