Don Aureliano es un hombre modesto, sereno, de modos suaves. Nacido en Cayastacito, criado en el campo, amando la naturaleza, disfrutando de la yerra, el arado y los caballos. El vivo contacto con la tierra, árboles y rejas, logró en él una expresividad notoria expresadas con sus manos, con fuerza y capacidad de artista artesano. Lo fue logrando desde chico, poco a poco, trabajando el hierro forjado, realizando los enseres necesarios para las tareas rurales, espuelas, frenos, estribos, cencerros, cuchillos.
En 1995 llegaron hasta él noticias que en Laguna Paiva necesitaban obreros para los nuevos Almacenes Ferroviarios. "Decidí probar suerte, sin mucho ilusión. Si me tomaban, bien; sino seguiría trabajando en el campo. Tuve suerte, enseguida me tomaron", cuenta don Leiva. Comenzó como peón en mantenimiento, cortando yuyos, limpiando el edificio con tres pisos y sótanos en un terreno de 33 hectáreas.
En 1957 se casó con Isabel que le dio dos hijos. Mientras la familia crecía, él decidió progresar en el trabajo, por lo que realizó cursos pasando a ser ayudante de sopletero. Estaban construyendo los grandes galpones, comenzó soldando cadenas, cabreolas, tinglados. Siguió instruyéndose hasta llegar a ser sopletero. Con el pasar del tiempo se convirtió en bodeguero. Cada galpón tenía distintos materiales, algunos llegados desde Europa por barcos al puerto de Buenos Aires, transportados por vagones de carga hasta Almacenes. Traían grandes cantidades: madera, ropas, calzados, papel, cojinetes, pinturas, todo lo referente al ferroviario. Desde Almacenes se distribuían por toda la línea del Gral. Belgrano. Con el correr del tiempo, Aureliano asciende a capataz de playa. Más adelante se convierte en capataz general, teniendo a su cargo distintas secciones en cargas y descargas. Los materiales en desuso, como vidrios, durmientes, papel, llantas, ruedas gastadas y demás se colocaban en galpones, numerado cada material como chatarra, a la espera de la licitación para la venta.
Por las tardes y en su casa, continuó con su trabajo de herrero, reparando máquinas agrícolas, carros, sulkys. Al mismo tiempo realizó distintas tareas de artesanía en su técnica de hierro forjado, cada uno con su secreto.
A través de uno y otro trabajo nació una gran amistad con Dante Moras, tallador, quien invitó a Aureliano a exponer sus trabajos en distintas ferias artesanales de la región, donde obtuvo distinciones especiales y una codiciada medalla de oro. Su amigo Dante Moras lo invitó a viajar a Córdoba. "No, yo lejos no voy, por acá cerca si, así que Dante y la señora Elsa Alderete llevaron mis trabajos y para mi sorpresa regresaron trayéndome premios y distinciones desde esa provincia", comentó Aureliano.
Luego de 37 años como ferroviario, en 1991 se jubiló. Hoy tiene 70 años, aún recibe invitaciones para participar en exposiciones y ferias artesanales. Sólo realiza algún tipo de trabajo para sus amigos y nietos. Hace tiempo, su fiel compañero el cigarrillo le jugó una mala pasada. Lo cambió por los chupetines y las caminatas. Nuestra conversación se interrumpió varias veces por amigos y vecinos que se acercaron a conversar. Es un hombre apreciado por todos.
El amplio comedor de su casa tiene las paredes cubiertas de fotografías enmarcadas por él. Las mismas son un testimonio de su vida y sus trabajos. Los diplomas de distinción, medallas, recuerdos de los amigos; sobre una mesa retratos de familia; sobre el hogar un pergamino atrae especialmente mi atención, está firmado por el Jefe de Almacenes General, fechado el 12 de agosto de 1981. Entre otras palabras dice: "por el correcto cumplimiento de sus funciones y por la ejecución de distintas tareas. Hechos de esta naturaleza son dignos de mención por la región".