ARTE DECORATIVO
Algo de mí
Es lo que transmiten cada una de las pinturas de Lucila Espíndola y que comunica a sus alumnas en los talleres que dicta sobre Arte Decorativo. Se inició bajo la técnica del lienzo y óleo, donde entre sus trazos fueron asomando situaciones vinculadas a los caballos, la temática en la que se perfeccionó.
Por Lic. Silvina Corti
Redacción El Santafesino
23/10/2017

En sus talleres, Lucila Espíndola no sólo da pintura al óleo, sino que también abarca todas las técnicas.
Fuente: Silvina Corti

Lucila Espíndola es una joven pintora santafesina que con esfuerzo se ha abierto camino en lo que a ella le apasiona: el arte. Se inició bajo la técnica del lienzo y óleo, donde entre sus trazos fueron asomando situaciones vinculadas a los caballos, la temática en la que se perfeccionó. Pero su espíritu inquieto la llevó más allá y estudió el profesorado de Pintura Decorativa, en el Conservatorio de Mabel Blanco. Esto le permitió dictar clases en talleres de arte de la ciudad de Santa Fe. “Comencé dando clases en el Taller Sueña Adelita, hoy llamado Pastiche”, comentó Lucila. “Al principio no me animaba pero como soy maestra y he dado algo de pedagogía y tengo buen trato con la gente, me largué”. Actualmente, es profesora en tres talleres de arte. “Mis alumnas me siguen por todo lo que conlleva la onda del taller, que yo denomino `arte terapia´. Actualmente, hay psicólogos que derivan a sus pacientes a los talleres por un tema de encontrar un grupo, hay mucha gente sola. Toda esa parte de enseñar, la parte pedagógica me encanta”, señala la joven pintora.

En sus talleres no sólo da pintura al óleo, sino que también abarca todas las técnicas. “Hacemos cosas con las manos, no sólo pintamos cuadros, trabajamos con fibrofácil, hacemos troquelado, repujado, objetos para decorar” nos explica Espíndola y agrega que “pintura decorativa significa tomar un objeto y transformarlo para decorar”.

Al referirse sobre su actividad en los talleres destaca el buen clima de amistad y camaradería que allí se desarrolla, situación fácil de imaginar para quien conoce su simpatía y carisma al hablar. Lo importante “no es solamente el ambiente de ir a pintar, sino el ambiente que creás como persona, donde podamos reírnos, contarnos cosas, compartir un momento, un mate”, explicó Lucila. Eso es lo que hace que mucha gente vaya a los talleres de arte. Y refiere que “tiene que ver mucho el ambiente que vos creás en el taller. Otros van porque después con lo que aprenden pueden llegar a tener un medio de vida”.

Cabe mencionar que sus grupos de trabajo van de 8 a 10 personas, orientados desde adolescentes a adultos mayores.

Asimismo, los sábados suele dar seminarios. Esto es un curso que dura sólo un día, de unas 4 a 5 horas aproximadamente, en donde se enseña a realizar una única técnica. Por lo general, va gente que durante la semana trabaja o no tiene tiempo en días hábiles. “He dado seminarios sobre cómo pintar masetas, reciclar termo y mate, etc. Doy técnicas que están de moda, como renovar un mueble o la técnica de pintura chalk”, relató Lucila. Muchas veces, sus seminarios son fuera de la ciudad de Santa Fe, como ha sido el reciente caso donde fuera convocada por la Asociación Vecinal Altos del Sauce.

Al conversar sobre las técnicas que más da ella refiere que la gente le demanda mucho el reciclado, “convertir un objeto que tengo, intervenirlo para darle vida o hacer otra cosa. Han salido nuevas pinturas como las chalk que son a base de tiza, que se pueden utilizar sobre vidrio, metal, madera, plástico. Y no hace falta sacar el barniz o la pintura que tenga el objeto. Es muy atrapante y cualquier tipo de persona lo puede hacer”, explica Espíndola.

Su carrera como pintora

Además de los talleres, la joven artista continúa con sus obras de pintura. Al respecto nos cuenta que si bien “el disparador mío fueron siempre los caballos, hoy también estoy pintando paisajes rurales, antiguas casas de campo, almacenes, pulperías”. Y añade que “en casa sigo pintando, ahora he incursionado con la acuarela y tiza pastel, los que llevan además otros soportes, distinto al óleo que va sobre bastidor, en el caso de la acuarela es sobre papel y el de tiza pastel sobre fibrofácil. Voy paso a paso, uno crece despacito, creo en eso, no en los desarrollos exponenciales”, afirmó Lucila.

Siente que lo mejor que le puede pasar es que la gente la vaya conociendo y además está muy agradecida a la vida porque se considera “una persona bendecida porque vivo de lo que me gusta”.




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Los grupos de trabajo van de 8 a 10 personas, orientados desde adolescentes a adultos mayores.
Fuente: Silvina Corti

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