FLORICULTURA EN SANTA FE
El arte de cultivar la belleza
El cultivo de nuevas especies florales señala un camino para recuperar el protagonismo que ostentó nuestra provincia en esa rama del sector agrícola. El desafío requiere mano de obra calificada, inversión tecnológica y, sobre todo, innovación productiva.
Por Marina Trevisan
Redacción El Santafesino
03/01/2018

El cultivo de flores demanda una gran inversión económica y tecnológica que garantice la infraestructura adecuada a una frágil producción que, frecuentemente, debe atravesar fenómenos climatológicos caracterizados por vientos fuertes y abundantes lluvias.
Fuente: Marina Trevisán

“Tenés que tener pasión por lo que haces”, asegura el floricultor recreíno Miguel Fiorini. Se trata de una palabra autorizada ya que la actividad productiva se ha trasmitido de generación en generación durante 60 años y posee amplia trayectoria en la venta minorista y en la distribución mayorista de flores. Ahora se suma otro desafío: el cultivo de nuevas variedades.

Una serie de factores internos y externos se conjuga con su vasta experiencia en el rubro para dar inicio al cultivo de flores en el sector sur de la ciudad de Recreo. “Hicimos un emprendimiento de flores que no se cultivaban en Santa Fe”, indica Fiorini y añade que “el estrés es un factor que me llevó a volver al campo. La distribución es muy buena pero es comprar y vender. En cambio, en la producción vas criando la planta y te llena de satisfacción cuando ves que el resultado es positivo”.

El emprendimiento comenzó hace 5 años con variedades a prueba y en pequeña escala. Una vez evaluado el rendimiento en función del clima y las ventas, optaron por cultivar Lilium, Lisianthus, Gypsophila y Gerberas. “Buscamos las variedades aptas para este clima. Por ejemplo, con las Gerberas coincidimos que no tenemos un invierno muy frío ni un verano demasiado cálido. En Santa Fe, el clima es casi ideal para esta flor y viene muy linda”.

El cultivo de flores demanda una gran inversión económica y tecnológica que garantice la infraestructura adecuada a una frágil producción que, frecuentemente, debe atravesar fenómenos climatológicos caracterizados por vientos fuertes y abundantes lluvias. En este sentido, Fiorini destaca la importancia de construir invernaderos, incorporar el riego por goteo y contar con cámaras frigoríficas para mantener la mercadería en buen estado. Finalmente, el factor humano es decisivo para encadenar los eslabones materiales del proceso productivo ya que la mano de obra especializada aporta ese vínculo primitivo, casi artesanal, que acompaña el crecimiento de la flor y determina el corte preciso que marca la diferencia en el mercado.

“Para hacer las coberturas plásticas tuvimos que traer todos los materiales de La Plata porque ni siquiera conseguíamos los clavos apropiados para esa estructura”, afirma el productor de 63 años para ilustrar una especificidad de la floricultura. En definitiva, es importante tener en cuenta que las dificultades sólo son obstáculos a superar cuando se trabaja con pasión: “es una satisfacción personal porque uno se siente más creativo. Es verdad que un emprendimiento lleva tiempo pero también da su recompensa con muchas más creces de lo que uno piensa”.

Miguel Fiorini se apasionó por las mini Gerberas durante un viaje a Holanda donde observó que “en Europa se están usando las flores más chicas porque son más delicadas y simples”. Incursionar en su plantación ha sido una sabia decisión. Si bien “al principio las regalábamos porque la gente no las quería”, cuando “vieron la calidad de las flores se acoplaron más clientes”. La demanda se cuadruplicó y debió multiplicar sus invernaderos ya que esta variedad “en Buenos Aires casi no se consigue”.

Desafíos

Las provincias de Santa Fe y Buenos Aires fueron pioneras en el desarrollo de la producción de flores de corte. Fuentes oficiales aseguran que, en la década del ’50, la ciudad de Santa Fe y sus alrededores se constituyó en uno de los principales centros de producción de bulbos de gladiolo.

“En Santa Fe recuerdo que había hasta 20 productores de flores. El problema siempre es el precio y si no hay regulación nunca hay precio y siempre se desvaloriza el trabajo. La gente cree que cultivar flores es una cosa simple. Sin embargo, tiene todo un proceso y es bastante costoso. Por ejemplo, una planta de verdura en poco tiempo crece y se corta. En cambio, la planta de flores hay que hacerla venir verde, que de flores y que éstas sean sanas y buenas para la comercialización”.

Las áreas metropolitanas de Santa Fe y Rosario, al igual que la zona de la costa, se enfrentaron a dos grandes problemas: la atomización del mercado y las condiciones del suelo. En relación a la primera dificultad, Fiorini asevera que “se concentró todo en Buenos Aires: materia prima, producción y mercados” y expone un contundente ejemplo: “el flete de Buenos Aires a Rafaela es más barato que de Santa Fe a Rafaela. Tampoco tenemos servicio de transporte para cajas de flores delicadas, a veces las tenemos que cargar en colectivos”.

En relación al segundo aspecto, los productores afrontan desafíos conforme a las características de la superficie. Por un lado, en la zona de la costa “han venido japoneses a cultivar pero la arena no les convenció y se volvieron a Buenos Aires. Ahora, queda producción de gladiolos pero en pequeña escala”. Por otro lado, en Recreo “tenemos terrenos muy planos y las napas suben rápidamente cuando caen 200 o 300 milímetros de lluvia. Habría que especializarse en los drenajes” para mejorar el escurrimiento de los excesos hídricos hacia los ríos.

Tradición familiar

Lucía Verdinelli y Primo Fiorini llegaron desde la provincia de Macerata (Italia), en el año 1947. “Mis padres se casaron en Argentina y trabajaron de medieros en verdura. Al poco tiempo, ya empezaron con las flores”, recuerda Miguel y aclara que “se cultivaba cala, dalia y gladiolo”. A fines de 1961, adquieren un puesto de flores en el Cementerio Municipal de la ciudad de Santa Fe y pasaron del reparto de flores en un Ford T a la venta directa de su propia mercadería.

En 1980, Miguel Fiorini contrae enlace con Alicia Dal Busco, integrante de otra tradicional familia de productores y vendedores de flores en Recreo. Tiempo más tarde, a raíz de una “inundación muy grande que duró seis meses y se perdió absolutamente todo”, Miguel comienza la distribución mayorista que incluyó no sólo las flores producidas por ellos sino las adquiridas en los mercados de Rosario y Buenos Aires.

Jésica y Luciano, hijos del matrimonio, también decidieron incorporarse al negocio para enriquecer una tradición que ya involucra a tres generaciones y se define en pocas palabras: “somos una familia de floristas”.




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Fuente: Marina Trevisán

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