OPINIÓN
"¡JUSTICIA!" ¿Que significa?
El autor recuerda que "todo orden jurídico es expresión de la cultura que, entre otras cosas, busca evitar actos emergentes de razonamientos desorganizados por emociones desbordadas".
02/07/2004


ESCRIBE EDUARDO GALEANO: "En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. En las calles de las ciudades, se celebran las ceremonias. Cada vez que un delincuente cae acribillado, la sociedad siente alivio ante la enfermedad que la acosa. La muerte de cada malviviente surte efectos farmacéuticos sobre los bienvivientes. La palabra 'farmacia' viene de 'pharmakos', que era el nombre que daban los griegos a las víctimas humanas de los sacrificios ofrendados a los dioses en tiempos de crisis" (1)

El interrogante del título no busca la respuesta que ofrecería un diccionario de Ciencias Jurídicas. Se pregunta acerca de qué exigen con su grito los ciudadanos encolerizados ante hechos delictivos. Las respuestas posibles son múltiples. Puede que pidan justicia, sin la exacerbación del grito. O quizás busquen venganza. O que se identifique a alguien como responsable sin importar a quién. O que se sancione a un sujeto ya identificado. Pueden contentarse tanto con el hallazgo como con la construcción de un culpable. Puede suponerse que piden cárcel u otro tipo de mutilación. Pueden pedir muerte. Lo que subyace no necesariamente se explicita. Todas son exigencias posibles en medio de crisis emocionales que suelen suceder al Sujeto víctima de un delito. Pareciera que la más sana, tanto en términos de ciudadanía como de salud mental, es la que pretende justicia según un sistema legítima y legalmente establecido, que exceda a víctimas y victimarios en sus particulares circunstancias.

Ahora bien: el grito aparece en el contexto una profunda crisis de identidad de instituciones cuya razón de ser es puesta en duda cotidianamente por su incapacidad para responder eficazmente. Ellas no podrían responder al "¿quién soy?" ni al "¿para qué soy?". Y menos aún al "¿para quién existo?". Tan lejos están las respuestas que ni siquiera asoman las preguntas. Esta crisis exige reconstrucción de sentidos institucionales pero ¿son ajenos los ciudadanos a tal crisis de identificación?

Los ciudadanos, aunque no siempre conscientes de ello, son sujetos instituyentes (Castoriadis). Por acción u omisión generan y convalidan sus instituciones. Así es que cuando ellas enferman gravemente los ciudadanos prolongar su agonía o decidirse a la eutanasia para instituir nuevos dispositivos democráticos.

Antes de proceder a toda nueva creación la ciudadanía debería encontrar una significación precisa al grito "¡Justicia!". Con una significación profundamente diversificada la constitución de identidades institucionales se verá dificultada. Ciudadanos confusos generarán instituciones también confusas. Para superar tal situación podría empezarse por discutir qué se quiere conservar y qué desechar. Una dimensión es la siguiente:

Puede discutirse si nuestro orden jurídico se encuentra en estado embrionario, maduro o senil. Pero vale recordar que todo orden jurídico es expresión de la cultura que, entre otras cosas, busca evitar actos emergentes de razonamientos desorganizados por emociones desbordadas. Quiere imponer límites a los deseos destructivos ofreciendo un sistema que trata de estar más allá de las personas aunque deba valerse de ellas para administrarlo. Pretende funcionar según normas pero es inevitable que incluya operaciones intelectuales y psicológicas sesgadas por los Sujetos que las maniobran. Como todo lo humano ni es ideológicamente aséptico ni funcionalmente perfecto. Por ende no puede ser naturalizado ni considerado inmutable.

Aún así un orden jurídico importa consenso social para aceptar las opiniones fundadas sobre los hechos que él juzga, pero ya no con la fuerza de una opinión más sino con la fuerza de una opinión superior que define pacíficamente realidades (jurídicas). Si él ha de ser conservado conviene aceptar que vivir regulados por este orden implica disposición a aceptar tanto la decisión judicial que complace plenamente como la que contradice en las más íntimas pretensiones. Algunos suponen que al grito ¡Justicia! solo puede respondérsele satisfactoriamente con el máximo posible de daño sobre quien ocupa el lugar del culpable. Pareciera que solo esto asegura al ciudadano que el hecho no vuelva a suceder. Sin embargo y a pesar del grito víctimas y victimarios se multiplican por doquier. Puede suponerse que, en realidad, se busca seguridad antes que justicia.

Si el orden jurídico integrará el nuevo contrato social convendría escuchar a Galeano para que el valor 'justicia' no sea fagocitado por el valor 'seguridad' (2). Ambos se han deteriorado apareciendo sendos problemas a resolver: Justicia y Seguridad. Ambas cuestiones se expresan institucionalmente. Se sabe que interactúan condicionándose mutuamente y que comparten algunas facetas (p.ej.: la pena opera para que otros no comentan el mismo delito lo que puede generar seguridad). Pero son problemas distintos. Y es necesario que sigan siéndolo. Si se acepta la suave tendencia a amalgamar tales valores pueden obtenerse dispositivos institucionales inquisitoriales aggiornados para satisfacer deseos sectoriales de 'mano dura'. El pedido de 'mano dura' expresa preocupantes niveles de inmadurez social, de búsqueda de paternalismos armamentistas estatales o privados, de falta de autonomía ciudadana para dar soluciones integrales a realidades complejas. Dicho de otro modo: es la conducta del niño que al sentirse amenazado corre a los brazos de su padre protector.

Si se quiere justicia sin signos de exaltación conviene que la ciudadanía instituyente decida conscientemente sobre la ecuación justicia-seguridad antes de reconstruir sus instituciones para, luego, vigilarlas desde la coherencia alcanzada.

Autor: Osvaldo Agustin Marcón. Licenciado en Servicio Social; Psicopedagogo y Asistente Social. Especialista en Minoridad. Referencias bibliográficas: (1) 'PATAS ARRIBA', 1999, CITADO POR GUEMUREMAN Y DAROQUI EN 'LA NIÑEZ AJUSTICIADA'. BUENOS AIRES, DELPUERTO, 2001. (2) SE ALUDE AL CONCEPTO 'SEGURIDAD PERSONAL'




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