OPINIÓN
Mujeres
La autora recorre antecedentes históricos para pensar desde otra perspectiva este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer.
Por Cristina Mix
Redacción
14/03/2005


La historia documenta en la antigüedad que el principio fue génesis, tierra y noche, geo, madre tierra, todo lo decidió. Tierra, madre de cielo y destellos divinos, Lethe hija de noche significa libertad, son diosas y fueron poetas los que contaron sus historias en versos, representación simbólica citándolas como mujer, transmutadas en el recuerdo: Némesis, Proserpina, Nemea, Isis, Venus, Afrodita, Atenea, Artemisa...Solo un nombre para que reine más allá de los nombres, Diosa-mujer.

El amanecer de la humanidad, su religiosidad, fiestas y espíritus de pueblos explorando espacios y tiempos. Dejaron tras de ellos vestigios reconocibles de mujeres, con nada mas que el valor de gritar a la vida con el alma contenida hasta despertar finalmente la condición y evolución que permite el ser mujer.

En la prehistoria hasta entrado el período Neolítico, se basó el sistema matriarcal, la mujer ejercía autoridad religiosa y la tierra, fecunda como ella, le pertenecía. En Egipto la mujer podía poseer y heredar bienes. En Atenas permanecía bajo autoridad de tutores en completa sumisión, casadas para hacer hijos, servir y parir, dos experiencias dolorosas y entrega de amor. Las hetairas disfrutaron de mayor libertad, dentro del mundo helénico. Las espartanas gozaron de una situación mas igualitaria; la mujer en Roma quedaba siempre reducida a condición de menor de edad, pero como matrona ejerció autoridad sobre esclavos y educó sus hijos, el modelo de matrona romana fue Cornelia.

Con la llegada del Cristianismo, María fue vista como madre y sierva, origen del Señor que cubre de gloria a las mujeres. Jesús fue el primer subversivo, el primer rebelde de las duras leyes de esa época contra la mujer.

En el siglo III Maximilia dirigió movimientos religiosos y fue blanco de ataque de la gran Iglesia, pronunció este oráculo: “Se me aleja de los corderos, como un lobo. No soy un lobo, soy la palabra”. Débora fue profetisa y nombrada jueza del pueblo hebreo. Marcia, hija del Cremucio Cordo (historiador del siglo VI) ocultó copias de las obras de su padre cuando Augusto mandó quemar libros y obras de escritores debido a que un profesor discutió las leyes del matrimonio. Tiempo después con Calígula pudo hacerlas publicar y así circularon clandestinamente junto a obras de otros escritores.

Los acontecimientos significativos de la historia ponen a la mujer más allá de los siglos en su vida y su carne ingresando paulatinamente en el mundo, con talentos, derechos y acción.