OPINIÓN
Tras el abuso, revictimización
El autor advierte que ante casos de niños que han sido sexualmente abusados (o violados) "no es extraño encontrar que la intervención desde el Estado tenga efectos nocivos, o sea que, lo que debiera restaurar daña".
Por Osvaldo Marcón
18/03/2005


La reflexión victimológica se ha desarrollado significativamente en los últimos años y ha dado lugar a compromisos internacionales y a una producción científica que prueba la importancia de este campo transdisciplinar. Así, a nivel internacional, la Asamblea General de las Naciones Unidas dictó la Declaración sobre los Principios Fundamentales para las Víctimas del Delito y Abuso de Poder (1985) definiendo a la víctima como toda persona que individual o colectivamente haya sufrido daños, inclusive, lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones y omisiones que violen la legislación penal, incluida la que proscribe el abuso de poder.

Inclusive tal movimiento dio lugar a lo que se conoce como Derecho Victimal, disciplina que puede definirse como un "...conjunto de principios, valores, normas y procedimientos jurídicos (locales, nacionales e internacionales), tendientes a requerir, posibilitar y controlar las prerrogativas y pretensiones de las víctimas de delitos".(1)

En este contexto general la problemática específica de la niñez victimizada por vía del abuso sexual (o violación) tomó progresivamente cuerpo en la agenda pública. En cuanto tal, participa de lo que desde la Victimología -otra disciplina que tuvo gran desarrollo- se conoce como victimización primaria (consecuencias que sufre la víctima directa de un crimen) como también de la victimización secundaria en cuanto "... sufrimientos que a las víctimas, a los testigos y mayormente a los sujetos pasivos de un delito les infieren las instituciones más o menos directamente encargadas de hacer justicia: policías, jueces, peritos, criminólogos, funcionarios de instituciones penitenciarias, etcétera".(2) La estigmatización que la sociedad realiza luego sobre la víctima se conoce como victimización terciaria. De las tres, nos ocupa la segunda.

Ante casos de niños que han sido sexualmente abusados (o violados) no es extraño encontrar que la intervención desde el Estado tenga efectos nocivos, o sea que, lo que debiera restaurar daña. Tales males suelen resultar de la aplicación de procedimientos (ejemplo: la mera constatación) propios de otros campos que, al ser trasladados mecánicamente al trabajo con niños, contradice la búsqueda de su Bien Superior, impuesta por convención internacional (CIDN) con rango constitucional en la Argentina.

La yuxtaposición de objetivos jurídicos, sociales, psicológicos, pedagógicos o médicos sin una matriz que les dé coherencia ad-intra y ad-extra abona el terreno para la victimización secundaria. El mero "amontonamiento" de profesionales, la superposición de revisiones médicas o de entrevistas que saturan por su cantidad, pero no profundizan en calidad, la -como mínimo- inespecífica respuesta policial, etcétera, expresan la falta de adecuación de los procedimientos, según el imperativo por el cual el Estado debe adoptar "...todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo custodia de sus padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo" (CIDN, art. 19).

La Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) sostiene que "los medios probatorios tradicionalmente empleados a nivel judicial resultan poco apropiados e insuficientes para constatar la realidad del afectado, produciéndose, muchas veces, una nueva situación de maltrato, conocida como victimización secundaria. Es necesario desarrollar otros métodos de acreditación de los hechos para enfrentar el ocultamiento y la distorsión que generalmente hace el adulto".(3)

Deben lograrse dispositivos eficaces para cuestiones del orden del respeto por los Derechos Humanos del Niño porque la victimización secundaria produce un nuevo daño psicológico sobre el cual luego es común que muy poco se pueda hacer e, inclusive, se trata de un daño por el que nadie responde.

Para comprenderlo mejor: el concepto de victimización secundaria no encierra solamente la preocupación por evitar, por ejemplo, que el niño "se sienta mal" durante su pasaje por los dispositivos estatales. No se trata de un bienestar o malestar momentáneo. Por el contrario, son efectos nocivos del orden de la salud y del sistema de representaciones sociales que regulan las conductas cotidianas del niño. Para comprender lo que significa una experiencia traumática, ella debe ser confrontada con marcos teóricos complejos que incluyen diversas categorías, por ejemplo, el Post Traumatic Stress Disorder (categoría psiquiátrica) o la Neurosis Traumática (categoría psicoanalítica). Por este camino puede intentarse una cabal comprehensión de la categoría transdisciplinar que nos ocupa -la victimización secundaria-.

La victimización secundaria promueve la actualización de lo sucedido a tal punto que configura una nueva experiencia traumática difícil de explicar o justificar desde toda perspectiva y, menos aún, desde la jurídica, teniendo en cuenta lo expresado más arriba. Estas experiencias están estrechamente asociadas con lo aterrador, espanto que luego se revive en juegos, pesadillas, disturbios en el rendimiento escolar, en las relaciones con sus pares, etcétera.

La falta de adecuación en los dispositivos institucionales daña. A las instituciones las gobiernan adultos, pre-ocupados y ocupados según valorizaciones adultas, miradas que operan según supuestos "de mayores", usualmente desde impecables lógicas lineales que no incorporan la no tan lineal -y por ende más real- lógica del Sujeto-Niño.

Para el niño lo relevante no necesariamente es lo que es relevante para el adulto. Y, en definitiva, la búsqueda del "bien superior del niño" nunca es tal, si no considera la situación problemática desde la perspectiva del propio niño.

Referencias: (1) y (2) Marchiori, Hilda. Victimología. Córdoba, 1999, pp. 74 y 183.(3) www.uniceflac.org/espanol/textos/ppdfmalt2.htm




Leer mas sobre