OPINIÓN
La bandera y el ser sancristobalense
La mirada de un hijo de San Cristóbal sobre la creación de la bandera de su ciudad natal, el rescate de la identidad y la pertenencia.
Por Luciano Andreychuk
Redacción El Santafesino
02/04/2006


Dicen que a veces la noción de patria no va más allá del lugar propio donde se siembran los intereses y las ilusiones de vida. En ocasiones el sentir patriótico de un hombre termina cruzando la esquina de su casa; en otras, puede acabar en un confín recóndito del planeta. Dependerá del arraigo al terruño de pertenencia y a las pautas culturales de identificación con determinadas creencias, valores y visiones de mundo, en oposición a otras. Marechal decía que la patria es un dolor que no tiene bautismo; a Córtazar le dolía la patria ausente, mientras la recordaba nostalgioso en un bar de París; Atahualpa hablaba siempre de su “querida patria, la provincia de Buenos Aires”.

Para muchos de nosotros, San Cristóbal es lo más parecido a una pequeña patria enquistada en 115 años de historia. Una tierra labrada por un imaginario colectivo de diversas procedencias étnico-culturales, abonada con esperanzas de progreso al pie de las vías, impulsada por el motor incansable de la producción agropecuaria y del comercio. Evidente en sus lugares comunes, aún misteriosa en lo esencial.

San Cristóbal es, también, la patria de la bonanza siempre prometida; del sueño condenado a siempre ser soñado; de las calles limpias y las plazas cálidas; de abogados, contadores y empleados administrativos por doquier; de pobres en los barrios, los “nadies” (al decir de Galeano), que día a día fuerzan al destino a que les reconozca su contribución en el relato de la historia; tierra de penurias, alegrías, pasarelas, glorietas reverdecidas, subsidios y planes sociales, maestros, poetas en su tiempo olvidados.

San Cristóbal, la tierra del espíritu indómito, de hombres y mujeres con inestimables gestos solidarios y compromisos sociales, de malas lenguas que hablan con sorna y ríen sardónicamente a despecho de la buenaventura del otro, de llantos y desenfado, de trabajo, de la siempre perseguida utopía de “la vaca atada”. Todo ello soy, todo ello somos, lo bueno y lo malo, lo blanco, lo negro y lo gris: todo constituye nuestro ser sancristobalense.

La bandera de San Cristóbal busca representarnos en nuestra idiosincrasia, fortalecer los sentidos de pertenencia e identidad, e invita a que nos hagamos cargo de lo que somos, con el orgullo de reivindicar nuestras cualidades, pero también con la grandeza e hidalguía de comprometernos a corregir nuestros defectos. Quiera la suerte que su mensaje llegue al profundo sentir comunitario y a todos los hijos de la ciudad que hoy deciden buscar su noción de patria en horizontes lejanos.




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