El orden en las cuentas públicas es obligación de quienes gobiernan. Un superávit fiscal a costa de los jubilados muestra a un Estado insaciable incapaz de administrar eficientemente, que sacrifica a quienes trabajaron todos sus años útiles y confiaron sus ahorros a ese Estado para mantener su calidad de vida. Insensible y deformador de los hechos con palabras engañosas y ocultamiento de recursos para fines ajenos.
Los jubilados no son apenas un rubro en las cuentas públicas, usados para balancearlas. Son personas de carne y hueso que no merecen al final de sus vidas ser usados y tomados por tontos. Tontos son los que olvidan que se puede engañar a mucha gente mucho tiempo pero no a toda la gente todo el tiempo. Las urnas hablarán por nosotros los jubilados y sus familias. Y pedirán cuentas. Será justicia.
Autor: Enrique Dumortier – E-mail: reitrom23@yahoo.com.ar