No hace mucho me llamó la atención un artículo sobre la invasión de otros países por parte de las hormigas argentinas. Ya había leído otros comentarios sobre este tema y lo que siempre me sorprendió es lo “inteligentes” que son estas compatriotas nuestras. Y digo inteligentes, porque no soy experto en el tema y no sé si es cuestión de inteligencia o de algún elemento instintivo de supervivencia, que las obliga a ser así. La cuestión es que estos animalitos, tan diminutos, tienen dentro de si, un instinto que le hacia falta a muchos de nuestros gobernantes e incluso a muchos de nuestros compatriotas que tienen posibilidades de hacer algo por la patria y no lo hacen.
El artículo decía, mas o menos, que debido a los intercambios comerciales, las hormigas argentinas emigraron involuntariamente (cosa que, me refiero a lo de involuntariamente, también les pasó a muchos humanos argentinos) a España, Italia, Australia, Estados Unidos, Portugal, Francia, Japón, Sudáfrica y Nueva Zelanda.
También decía el articulo: “Gracias a su nivel de organización y a su gran número, estos insectos, de dos milímetros de largo, son capaces de derrotar a hormigas de otras especies...”
¡¡¡ ¿Nivel de organización? !!! Esto es algo novedoso para los que somos argentinos, además es deprimente saber que nuestras hormigas tienen un “alto nivel de organización” mientras que nuestro sistema administrativo y gubernamental no lo tiene. ¿Dios mío donde está nuestra inteligencia argentina? ¿Se la llevarían toda, nuestras hormigas? Luego el articulo sigue diciendo: “Es más, actualmente constituyen en el exterior una verdadera plaga que ningún pesticida logra frenar, a tal punto que científicos de la Universidad de California, en los Estados Unidos, estudiaron un mecanismo alternativo para eliminarlas…”
Es decir que a nuestras compatriotas hormigas no son capaces ni de frenarlas con pesticidas. Y para eso Estados Unidos está estudiando un mecanismo alternativo para eliminarlas. Si esas investigaciones llegan a oídos del congreso de Estados Unidos, seguro que algún congresista dirá: -“Si son de Argentina es fácil de eliminar cualquier intento de expansión y progreso de la colonia. Solo tenéis que buscar a sus hormigas jefe y abriles unas cuentas secretas en Suiza con muchos dólares.”
Hay otra cosa que me preocupó de este artículo y es que dice: “Las hormigas argentinas de una misma colonia se reconocen entre sí por el olor que despiden las sustancias químicas de su exoesqueleto (esqueleto externo) llamadas hidrocarburos cuticulare…”…/… “En los Estados Unidos están estudiando un mecanismo alternativo para eliminarlas, empleando compuestos químicos que cambien su olor y las confundan para que se ataquen entre sí, como si pertenecieran a especies enemigas.”
La verdad es que no creo que tengan mucho que investigar. Quizás ya estén usando esa táctica con los humanos. Quizás nuestros enfrentamientos del pasado sean cosa de los champús norteamericanos, que nos quitan el olor (como pretenden hacer con las hormigas) y nuestro cerebro no nos comunica que todos somos argentinos y no tenemos que atacarnos.
Por ultimo, el articulo dice: “Pero cuando esas hormigas se introducen en otros países, por ejemplo en Estados Unidos, pierden variabilidad genética, y eso hace que los olores sean más parecidos, por tal razón, se reconocen como si fueran de la misma colonia, se agrupan y como consecuencia forman supercolonias"
Quien sabe, quizás los argentinos deberíamos emigrar todos juntos a otro país, para luego volver al nuestro y formar esas supercolonias que no hemos sido capaces de formas hasta ahora. Los científicos de Estados Unidos están investigando para exterminarlas y que no les arruinen, entre otras cosas, su economía campesina.
Quizás nuestros científicos deberían averiguar cual es el mecanismo que hace que las hormigas argentinas sean tan unidas, tan invencibles y tan poderosas, aunque sean pequeñitas y en apariencia indefensas. Por lo que se ve su fuerza no está en su tamaño, sino en la unión. Eso es algo que los argentinos no hemos aprendido todavía de nuestras diminutas compatriotas. Lo ideal sería descubrir el gen o el elemento que logra ese prodigio en las hormigas argentinas y transplantarlo al cerebro de nuestros políticos y de las clases capitalista y obrera que gobiernan Argentina.
Supongo que las potencias extranjeras darán con el remedio para destruir a las hormigas argentinas. No será difícil. Al menos con la economía del país y la honradez de algunos dirigentes lo han logrado muchas veces. Solo necesitan encontrar un sustituto del dólar que las encandile lo mismo que pasa con sus compatriotas humanos.
Autor: Carlos Ochoa Blanco - calveto8ab@yahoo.es