Muchas veces he escuchado decir que: “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Yo creo que eso habría que matizarlo. No diría cada pueblo, sino la mayoría con derecho a voto.
¿Por qué la mayoría? Pues sencillamente porque en las democracias los que gobiernan son los electos por las mayorías. Ahora bien, si hacemos caso a esa otra frase que dice que “en el mundo hay más cantidad de tontos que de listos”, entonces comprendemos mejor por qué el mundo está como está, gracias a las mayorías. Quizás lo que habría que analizar es cuanto de esa actitud tonta, que tenemos los humanos, se la debemos a la incultura, a la buena fe, o sencillamente a que somos tontos sin más, aunque tengamos mala fe y seamos muy cultos.
Yo me inclino por pensar que en el mundo hay gran cantidad de inocentes y esa inocencia se ve agravada por la incultura, que aliada con la buena fe, nos convierte en tontos influenciables.
¿Cómo saber si usted vive en un país de tontos o de listos? Lógicamente lo mejor son las estadísticas profesionales. Pero usted también puede usar un método casero que lo acercará mucho a la realidad. Es un buen termómetro para medir la idiotez humana. Me refiero a la televisión. Este método le puede servir para ver la evolución del pueblo que le rodea, pensando ya en las futuras elecciones. Y si hace turismo, cuando esté en el hotel ponga la televisión local. Eso le permitirá detectar el grado de idiotez influenciable o inteligencia de los lugareños.
También es verdad que quizás la clase política de ese lugar, ya se haya dado cuenta de la facilidad que da la televisión para medir el grado de estupidez del pueblo, y por eso hayan concedido montones de licencias para nuevos canales, que dificulten el control de programas. Pero de todas formas, siempre hay media docena de canales o menos, que son los líderes de audiencia del país. En esos canales es donde hay que centrar el estudio, pues los de menor audiencia suelen ser los que difunden o tienen demasiados programas culturales.
¿Cómo puede hacer el estudio? Muy fácil. Primero tiene que saber la cantidad de “programas del corazón”. Quizás en su país se llamen distinto. Aquí por ejemplo algunos los llaman despectivamente, “casposos”. Yo más que del corazón, los llamo del “intestino grueso”, porque hay una gran similitud entre lo que circula por el canal intestinal y el canal televisivo. También ese tipo de programa suelen denominarse empezando por la palabreja “Reality” ¿Por qué? Pues quizás porque se sabe que para los que hablamos castellano, si las cosas se denominan en inglés nos parecen más cultas y refinadas, aunque sean una pura mier...
Total que lo primero es mirar la cantidad de programas que existen de ese tipo en su país. Si hay muchos, pocos o ninguno entonces ya tendrá el primer indicio de por qué tiene el gobierno que tiene su patria. Si usted quiere saber si las cosas pueden cambiar en su país: entonces lo que debe hacer es controlar semanalmente el nivel de audiencia de esos programas. Si el nivel de audiencia sube, entonces lo siento por usted, pero las cosas van a ir peor. Si el nivel se estanca, hay esperanzas y si el nivel de audiencia de esos programas basura baja, entonces ya puede ser más optimista, quizás el próximo gobierno de su país sea mejor.
Claro que también tiene que tener en cuenta que esos niveles pueden subir o bajar de acuerdo al morbo de los programas. ¡Qué se yo…! Por ejemplo, que al actor de moda de 25 años (que por lo general no tiene nada de actor) lo agarraron in fraganti en la cama con una actriz de noventa años o que las cámaras “sorprendieron” a la modelo de turno, con un abuelete millonario. Cualquiera puede darse cuenta de que es un montaje, pero la audiencia de esos programas no lo nota. Incluso hay peleas e insultos por parte del público en defensa del galán o de la actriz. Si eso sucede… échese a temblar.
Seguro que el próximo gobierno de su país va a ser igual o peor al que tiene en la actualidad. La razón es muy sencilla. Piense que ese ciudadano o ciudadana, que está llorando, discutiendo y amargado por lo que le sucedió a su ídolo, será un votante en las próximas elecciones y tendrá que enfrentarse a otra gran obra de teatro, llamada campaña electoral, donde actuarán las primeras figuras de la farsa, en el papel de galanes de la política.
Por tanto, si usted tiene en su país muchos programas del “intestino grueso”, es mejor que emigre. Pero ojo, antes averigüe la programación televisiva del país a donde quiere ir. Lo malo es si en ese país no hay televisión, entonces tendrá que recurrir al viejo sistema de los mitines electorales, para medir el grado de inocencia del pueblo.
En ese caso, si va a algún mitin, no mire al político, fíjese en el pueblo que lo sigue… y si corean al líder con cantitos de letras machaconas, demagógicas y pegando saltitos incontrolados. ¡Escápese! Sálvese usted, porque el país no tiene salvación. Al menos en este siglo.
Autor: Carlos A. Ochoa Blanco.