El Santafesino
Opinión
MASACRE EN VIRGINIA TECH
Matar da más fama que curar

El autor reflexiona sobre el espacio que los medios de comunicación del mundo le concedieron a la masacre ocurrida en la Universidad de Virginia en contraposición al escaso interés que generan, por ejemplo, los descubrimientos científicos.

02/05/2007

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Estos días seguro que han visto, leído o escuchado en los medios de información, los sucesos de la Universidad de Virginia, en EE. UU. No voy a valorar si esto sucede por la libertad que hay allí para tener armas o si deberían ser prohibidas. Lo que me sorprende es que sucesos de este tipo no ocurran con más frecuencia. Y me sorprende, porque con la cantidad de enfermos mentales que hay por ahí sueltos, lo extraño es que no intenten competir, alentados por los medios, para ver quien se convierte en el asesino más popular.

No entiendo porque los medios de comunicación, principalmente televisivos, no se limitan a dar la noticia de forma escueta. Lo mismo que hacen cuando nos comunican un logro científico de gran alcance para la humanidad. Estoy seguro que si algún día nos comunican la curación del cáncer, le van a dar menos minutos televisivos, que a una salvajada como la de Virginia.

Por ejemplo: el mismo día de la publicación de los asesinatos un periódico español daba la siguiente noticia: “Científicos argentinos han logrado crear unas vacas transgénicas cuya leche contiene insulina. Una esperanza para los diabéticos.” Nada más. Así de escueta era la noticia. Solo ocupó un pequeño recuadro, en una esquina del periódico. Es decir, algo que fue creado gracias a la labor de unos científicos, que tras años de carrera han obtenido un título y han dedicado horas de su vida a investigar y obtener un proceso natural que beneficiará a los enfermos de diabetes y abaratará costos, haciendo posible que ese medicamento llegue a los mas necesitados… resulta que sólo merece dos líneas en un periódico. Pero para un psicópata que acaba con la vida de treinta y dos personas, el mismo periódico le dedicó cuatro hojas un día y dos al día siguiente, convirtiendo a ese pobre enfermo en todo un personaje.

Pero ojo, el espacio no es para hablar de los difuntos sino para relatarnos de forma novelesca el desarrollo del suceso y las mesiánicas declaraciones que el individuo dejó, con todo lujo de detalles, en una grabación que envió a una cadena de TV. Relatos que ahora muchos “listos” y “entendidos” nos dicen que eran una predisposición de este joven para cometer los crímenes realizados. Incluso una profesora comenta que el joven ya había escrito, como tareas de estudios, ciertos relatos que desbordaban violencia por todos lados. El diario incluye dos de esos relatos. En los cines vi películas (y alguna vez me fui a mitad de la proyección) con asesinatos más macabros, sádicos y espeluznantes. Y que yo sepa los directores y guionistas no se dedicaron luego a hacerlos realidad.

Además, en los noticieros españoles se ofrecieron fragmentos de los videos antes mencionados, con una traducción teatralizada por medio de una voz en off que daba al relato un aire de radionovela de los años ‘50.

La relevancia que le han dado a este personaje, sólo sirve para que otros individuos, con las mentes tan enfermas como él, quieran emularlo y ser estrellas salvadoras. Convirtiéndose así en protagonistas justicieros en su lucha contra una sociedad que, según ellos, está en su contra.

Cuando alguien logra notoriedad o se convierte en ídolo ante las masas, sea por actos deportivos, artísticos o científicos, suele surgir una especie de contagio que hace que muchos jóvenes intenten emular a su ídolo. Así, los que están predispuestos hacen el esfuerzo de intentar ser como ese personaje afín a ellos. Y eso también pasa con los delincuentes o los psicópatas. Ellos también tienen sus seguidores que intentarán igualar o superar a ese personaje que en televisión ha sido presentado como un ser extraordinario que estremeció a la sociedad. Incluso ciertos canales de TV presentaron estadísticas de sucesos similares, destacando que este caso era el que más muertos había conseguido. Como si el suceso fuese una disputa deportiva.

Dar tanta notoriedad a estos personajes enfermos es falta de sentido común. Es como si se lanzase un reto al siguiente asesino, diciéndole: “¿A qué no eres capaz de superar esta marca?”.

Es triste que un asesino disponga de más espacio en lo medios de comunicación para contar la razón de sus crímenes que un científico para explicar los logros de sus investigaciones. Luego nos extraña que los jóvenes dejen sus estudios antes de terminar si resulta que, tal como está el mundo, el que menos prestigio y dinero consigue es el que estudia, trabaja o hace el bien.

Si los científicos argentinos en vez de curar enfermedades las provocasen, seguro que serían más famosos y hasta podrían vivir de los reportajes que les harían y pagarían las televisiones del mundo. Seguro que en esa universidad de EE. UU hay gente muy inteligente pero sólo hemos conocido lo que piensa de la humanidad un estudiante enfermo mental. Y eso fue gracias a que asesinó a 32 personas. La verdad… vamos por mal camino.

Autor: Carlos A. Ochoa Blanco



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