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El adolescente y el alcohol

El autor reflexiona sobre el devenir de una sustancia tan popular como el alcohol, los efectos que produce el consumo excesivo en los adolescentes y la forma de prevenir un flagelo que afecta cada vez a un mayor número de personas.

Por Víctor L. Porta
Desde Laguna Paiva
23/06/2007

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Desde el principio de los tiempos, el alcohol fue el más común y apreciado auxiliar terapéutico de enfermeras, médicos, sanadores y otras personas. Pero también fue causa de muchas situaciones preocupantes en comunidades que tenían contacto con él e influía sobremanera en el cotidiano vivir. En cuanto se comenzó a creer que tomarlo producía bienestar y tranquilidad, nadie tuvo en cuenta que su ingesta llegaría a producir deterioros en el cuerpo humano, tales que de no mediar la medicina pondría en peligro la vida misma.

Hoy, a muchos años de aquellas situaciones que se creaban y se atribuían a ese brebaje, tal vez demasiado peligroso y causa de discapacidad, vergüenza, inmoralidad, impudicia y muertes en todo el orbe, vemos con mucha pena de que manera se está enquistando en la juventud. Es escandalosa la forma que la misma está predispuesta a inclinarse equivocadamente, tanto al alcohol como a todo lo que sea droga y sin siquiera tener la más mínima idea de la manera que se está acercando a ese oscuro callejón que le proponen esos vicios.

En estos tiempos la enorme cantidad de problemas que diariamente ocupan la primera plana de esta vida y que, cotidianamente nos dejan perplejos por las situaciones que se dan a conocer y que difícilmente puedan tener solución; tanto en la sociedad como en los grupos familiares, donde el abandono del hogar o las separaciones son moneda corriente. El poco acercamiento de los padres a sus hijos que fueron engendrados por amor; no podemos esperar otra cosa que ahogar toda esperanza de cariño, comprensión y felicidad en una sola copa de licor.

Se que es muy difícil o casi imposible que no nos demos cuenta lo peligroso que es el alcohol. Se sabe que su consumo en demasía acarrea innumerables problemas en cualquier familia, tanto de condición humilde, clase media o alta, es un vicio que no tiene preferencias ni elige el hogar. Si los padres son consumidores de alcohol o drogas, es casi tradicional que los hijos sigan el ejemplo; tal vez no en todos los casos, pero si en un gran porcentaje. Por eso es necesario que en toda familia exista alguien, ya sea papá o mamá, que con criterio se proponga terminar, aunque sea en parte con ese flagelo que no hace más que destruir la vida de sus hijos y a una edad cada vez más temprana.

No caben dudas que la ingesta de alcohol se caracteriza por el efecto que produce en el individuo, que es muy difícil encontrar solución si no se proporcionan buenos consejos y la mejor manera de influir en un adolescente para evitar el consumo progresivo, es tratar de conseguir en el hogar una relación estable, cordial y de muy buen trato y proporcionar, aún a costa de perder tiempo, darles una idea de fomentar un nuevo sentido a su vida, que les reporte un mundo lleno de alegrías y bienestar con rostros más sonrientes y almas más felices.

Si procedemos de esa manera y tenemos muy en cuenta que cuando un individuo echa por la borda los principios que constituyeron la estructura del hogar, es sabido que lo único que podemos esperar es la ruina, y si tratamos de no llegar a eso, tengamos muy en cuenta las palabras de un gran filósofo, escritor y amante de la vida que dice “Si tengo una sola vida, es prudente y sensato no despreciarla”.



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