OPINIÓN
La indisciplina escolar
“Desde que se ha instalado la violencia en las instituciones educativas tendríamos que preguntarnos a qué se debe esta situación, porque en realidad no se le encuentra una explicación valedera que pueda revertir este flagelo que es la falta de respeto, orden, docilidad, en muchos alumnos” introduce el autor.
Por Víctor L. Porta
Desde Laguna Paiva
11/10/2007


Nuestra juventud ve con desagrado que tiene muy poco futuro y fija su rumbo hacia cosas que no tienen razón: el alcohol y la droga. Una tremenda apatía hacia la comunidad que la rodea y todo se torna de mucha gravedad para dedicarse a la destrucción, riñas callejeras y a todo ilícito sin pensar ni tener en cuenta alguna posibilidad que, a la brevedad, le brinde bienestar.

Yo he sentido a muchos padres decir “no quiero que a mis hijos les ocurra lo que tuve que pasar yo”. Es necesario luchar para que ellos puedan disfrutar de una vida mejor, que sea un cúmulo de felicidad y alegría. Tal vez tengan razón, pero cuando eso no es posible es imprescindible enseñarles que la felicidad y el bienestar nunca llegan solos, siempre hay que tratar de encontrarlos y en estos momentos, con todo lo que la juventud aplica en su diario vivir, se hace muy difícil que puedan acercarse a ello.

La situación del país no es la deseada, pero tampoco es el fin. Debemos unirnos y tratar que esto tan peligroso, cambie para el bien de todos. No ignoramos que desde hace mucho tiempo estamos viviendo un período de destrucción, de falta de justicia, de mucha impunidad, lamentablemente soportando una corrupción indeseable que no creo pueda revertirse en breve, menos si no nos unimos para combatirla.

Vivir mejor

Lamentablemente, si sobre llovido… mojado, esta situación no se va a revertir, nuestros gobernantes deben hacer todo lo posible para que podamos llegar a vivir mejor, en familia y en comunidad. Tratemos como padres de cortar eso que piensan los adolescentes, incluso hasta los niños: “Para que voy a estudiar si después no consigo trabajo y si lo encuentro me quieren pagar con chauchas y palitos”.

Siempre se ha dicho que la escuela es nuestro segundo hogar, donde se aprende desde chicos todo cuanto debemos aplicar de grandes. Pero tampoco le demos toda la responsabilidad al docente. Hasta que comenzamos a concurrir a la escuela, vivimos con nuestros padres, abuelos y tíos, quienes deben tener la absoluta responsabilidad de que ese chico no pierda la posibilidad de creer en un futuro deseable y contribuir a que podamos acceder a una mejor posición. Sabemos que nadie es imprescindible, pero todos somos útiles y necesarios, aplicando el buen sentido se puede salir adelante. En el mundo hay horizontes inalcanzables, más si nos unimos para tratar de conseguirlas se tornan cosas más fáciles.

Por todo lo que viene sucediendo y es mi deseo que no ocurra más, debemos luchar a brazo partido a favor de conseguir un estilo de convivencia que sea benéfico para todos. Nunca dejaremos de valorizar las palabras del escritor Roque Schneider en su libro “El Valor de las pequeñas cosas”: “Si yo tuviera alguna autoridad sobre el mundo, impondría en todas las escuelas y universidades como materia obligatoria contar con el arte de valorizar las pequeñas y grandes oportunidades de la vida”.




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