OPINIÓN
Cumbre iberoamericana
"Ya pasó la Cumbre Iberoamericana. Los libros de historia, a falta de acuerdos beneficiosos e inteligentes para la comunidad latinoamericana, tendrán que llenar las páginas comentando los hechos que dieron origen a la ya famosa frasecita de: ¿Por qué no te callas?" comenta el autor.
22/01/2008


Ya pasó la Cumbre Iberoamericana. Los libros de historia, a falta de acuerdos beneficiosos e inteligentes para la comunidad latinoamericana, tendrán que llenar las páginas comentando los hechos que dieron origen a la ya famosa frasecita de: ¿Por qué no te callas?

El suceso hizo que recordase mi época de estudiante, en la escuela secundaria. En esos años teníamos una materia denominada castellano, que la enseñaba una profesora cuya edad, que era cercana a los 70 años, le hacia perder reflejos, para descubrir las argucias ideadas por algunos compañeros, con el fin de evitar dar la lección. El truco consistía en preguntarle algo sobre alguno de los escritores o poetas que a ella le gustaban. Por ejemplo: una vez un alumno le comentó que algunos compañeros teníamos una duda sobre la muerte de Alfonsina Storni, ya que unos decían que había muerto ahogada en el Titanic y otros en un río. La pobre mujer, con su gran bondad, no se daba cuenta del engaño y caía en la trampa, hablándonos de Alfonsina, su obra y su muerte. El engaño había funcionado y nosotros, una vez más, esquivábamos nuestra responsabilidad, que era demostrar que habíamos estudiado.

Algo así pasó en la última Cumbre Iberoamericana. En ella los mandatarios deberían habernos informado si hicieron sus deberes, pero… nos montaron una discusión inútil, y no sé hasta que punto inocente, y al final el timbre les salvó de justificar lo que cobran.

Quizás los mandatarios reunidos en privado hayan solucionado algo, lo dudo, pero la mayoría de los que somos pueblo, de lo único que nos hemos enterado es de la famosa peleíta y frasecita.

Ya se han celebrado XVII Cumbres, pero América Latina sigue igual o peor. La miseria, analfabetismo, niños esclavizados, hambre, enfermedades, inseguridad, guerrillas y un largo etcétera de calamidades, siguen asolando a ese contienen, que habla castellano y portugués.

Chávez hacía alarde de su sangre india, llevándonos a la época de la conquista, en una argucia de distracción que nos lleva al pasado, pero que no nos soluciona el presente o el futuro.

Creo que si empezamos a hacer distinciones de razas, terminará sucediendo que todo el que viva en América y su raza sea europea, será odiado y todo el que viva en España, y su raza sea india, también terminará siendo odiado. Estas tonterías de si yo soy indio y el otro es descendiente de los colonizadores, solo pueden producir sentimientos racistas. Estos sentimientos lo único que lograrán será separarnos. Pues los descerebrados racistas de uno y otro lado, causarán desmanes o muertes, convirtiéndonos a unos y a otros, en tan salvajes como lo eran nuestros antepasados. Es muy difícil ser pacifistas si cada uno vamos a sacar a relucir nuestro pedigrí.

Quizás sería mejor que en vez de alardear de tanta sangre india, hiciesen algo para que esas personas de su misma sangre no estén viviendo en la miseria y el analfabetismo, sirviendo de carne de cañón en guerrillas, supuestamente revolucionarias, y masacrados por los distintos ideales políticos y capitalistas, que traen al mundo por el camino de la amargura.

La verdad es que si en las próximas Cumbres solo vamos a ver como disminuye el nivel educativo de nuestros gobernantes, quizás sería mejor que en su lugar, concurriesen los gobernados, que viven miserablemente en sus países de origen. No estaría mal que los más pobres del pueblo, se hospedasen en los hoteles de lujo y comiesen los mismos manjares que nuestros representantes gubernativos. Quizás sería mejor que en las Cumbres Iberoamericanas, en vez de hablar de tanto proyecto fantasma, se organizasen juergas con bailes folclóricos y modernos, que sirvan para que los concurrentes se conozcan mejor.

Seguro que luego los medios informativos nos ofrecerían unas noticias mas alegres y nada cabreantes. Es decir, lo contrario de lo que producen esos discursos aburridos, cargados de proyectos, que todos sabemos que nunca se harán o el recitado de un presidente, que cree que está luchando contra Colón. La Cumbre que yo propongo sería algo como el Carnaval de Río.

Según nos cuenta la historia, en la época del descubrimiento de América, tanto los descubridores, como los descubiertos, ostentaban una gran dosis de salvajismo, matando unos y otros, con el mismo encanto, pasión y entusiasmo de aniquilar o someter al enemigo más débil.

Estamos en el siglo XXI. No seamos tan ignorantes y salvajes como nuestros antepasados, de la Europa y América colombinas. No dejemos que los listos de siempre nos enfrenten por nuestras razas o culturas. Esa unión de razas y culturas, harán de América, un continente distinto, que nos diferenciará de los viejos continentes. Solo hay que mirar como ejemplo, el abismo cultural y de progreso, que hay en la actualidad, entre los afroamericanos y los descendientes de sus antepasados, que viven todavía en África.

Autor: Carlos A. Ochoa Blanco.




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