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Opinión
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Un ejemplo de vida

El autor recuerda la experiencia como alumno en la Escuela Nº 688 “D. F. Sarmiento” de Laguna Paiva, junto a la docente Raquel Garmendia.

08/09/2008

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Al comienzo del período lectivo en 1948, con 10 años recién cumplidos y siendo todavía un adolescente, ingresé al 4º grado en la Escuela Nº 688 “D. F. Sarmiento” de Laguna Paiva, donde asistía como alumno regular. En ese momento, la dirección estaba a cargo de Salvador Villota.

Por esos años, el cuerpo docente del establecimiento en su gran mayoría residía en la ciudad de Santa Fe, utilizando diariamente como medio de transporte el servicio de trenes locales. En esa época, al comenzar el período escolar, los docentes eran presentados a los alumnos de cada grado por el director; y fue precisamente cuando apareció en escena la señorita Raquel Garmendia, que fue nuestra maestra en 4º y 5º grado. Era una persona con una gran formación académica y de una gran personalidad. Fue artífice en nuestra formación, porque hizo de la docencia un apostolado. Además fue una innovadora en cuanto a sus ideas, de acuerdo a la época que le tocó vivir.

Era muy exigente como docente, dentro de los programas de estudio siempre nos daba buenos consejos y esencialmente nos decía que teníamos que capacitarnos para que en el futuro fuésemos personas de bien, dentro de la sociedad.

Además era una persona con un gran sentido de la solidaridad, lo que demostró a través del tiempo con sus alumnos, porque todo lo hacía con amor. Recuerdo que varios de mis compañeros no podían acceder a la compra de ciertos materiales didácticos como libros de estudio y cuadernos, porque provenían de familias numerosas y de bajos recursos. Ella les decía “No se aflijan chicos” y de sus propios recursos económicos hacía realidad el sueño para que esos alumnos pudieran contar con el material tan indispensable.

Después de su labor diaria, permanecía en la localidad recorriendo los domicilios de todos sus alumnos, ya sea en los meses de verano de altas temperaturas, o en invierno con intenso frío; con el objetivo de conocer a sus familias para informarle de la marcha de cada uno de ellos, sin tener en cuenta el tiempo que le demandaba ese operativo. Después que egresamos de 6º grado, nunca más volvimos a verla ni supimos nada de ella.

Al cumplirse en 2000 los cincuenta años de egresados, gracias a los contactos que tenía un ex compañero, nos enteramos que residió en Buenos Aires. Por tal motivo fue convocada para la celebración, donde tuvimos el privilegio y honor de contarla nuevamente entre nosotros con sus primaverales 90 años de vida, y con esa lucidez mental brillante que siempre la caracterizó.

Recuerdo que en ese festejo, después de la “clase magistral” que nos dio, manifestó estas palabras que todavía las tengo grabadas en mi memoria: “creo que el mejor día de mi vida es volver a reencontrarme con todos ustedes, después de tantos años. Veo que todos son personas bien, que han seguido mis consejos, lo que me hace muy feliz para seguir viviendo”.

Autor: Baltazar Carlos Torres-Desde Laguna Paiva.



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