OPINIÓN
La moral en crisis y crisis de la moral
“Es lamentable el desprecio de las normas de convivencia en muchos sectores de nuevas generaciones” afirmó el autor con preocupación.
Por Víctor L. Porta
Desde Laguna Paiva
11/03/2010


La historia nos hace ver en forma repetitiva que la decadencia o fin de una civilización comienza invariablemente con el cambio o relajamiento de las buenas costumbres o moral social. No caben dudas que cuando una sociedad echa por la borda los principios que constituyen la columna dorsal de su funcionamiento, no se puede esperar nada, sino su ruina. Permanentemente vemos como el individuo procura aprovechar todas las circunstancias para su propio beneficio, aún a sabiendas que está cometiendo un ilícito que por ahora lo puede beneficiar, pero lamentablemente el tiempo le hará ver que no es así.

Es lamentable que el desprecio de las normas de convivencia en muchos sectores de nuevas generaciones, constituye sin lugar a dudas los tremendos síntomas que nos hacen ver la gravedad de la crisis moral de estos tiempos y que desgraciadamente cada día que transcurre se va acentuando en vez de detenerse y encontrar de alguna manera un mejoramiento general.

Mirando e interiorizándonos de las cifras de la delincuencia juvenil sumada a la de los adultos que viven fuera de la ley, nos damos cuenta que todo eso ha llegado a límites que cuesta mucho creer. Es verdad que la delincuencia es un fenómeno mundial, pero tengamos en cuenta que nuestro país no puede escapar a dicha situación. Es real también que este tremendo problema se advierte en las grandes ciudades, pero hay muchas razones para explicar porque sucede así, en primer lugar la falta de trabajo, de cultura, educación y por supuesto la concentración de una población en zonas que aparentemente puede ser la solución del individuo para vivir sin conflictos y con mucha soltura familiar.

Es dable creer que el incremento de la delincuencia se debe a muchos factores, entre ellos la droga, el alcohol, el sexo, el desprecio por la vida y los derechos ajenos. Parte de la ignorancia también es culpable, pero todo es fruto de la deliberada y conciente intención de causar el mal y a diario vemos que la violencia ya ha penetrado todas las actividades del hombre, el trabajo, el deporte, la vida universitaria, la política, la diversión, agitaciones obreras, batallas campales en estadios deportivos, incluso en calles de cualquier conglomerado urbano.

Por todo ello y dada la frecuencia y manera que se manifiesta, la violencia ha producido un estado de casi acostumbramiento en toda la sociedad, por lo tanto vemos con mucha tristeza que la mayoría de las veces deja de ser noticia, apenas si aparece algún comentario intrascendente en la prensa, no así en la televisión que a veces se pasa en el comentario de la noticia policial y hasta cansa.

Para dar un ejemplo de lo que quiere decir moral, consulté un diccionario de la Real Academia Española y dice que “Ciencia que trata el bien en general y de las acciones humanas en orden a su bondad y decoro”. Por todo ello, tengamos en cuenta que la moral implica estimación de valores positivos para la conducta de todo ser humano y si hasta ahora no se ha conseguido ningún remedio que pueda curar a la humanidad de los males que la afligen, se hace necesario que quienes tienen las riendas del carro en el que estamos subidos, traten de encontrar otro camino que nos ofrezca seguridad y una vida mejor que conlleve a tener una perspectiva optimista de un futuro brillante, porque de nada podrá valer una visión de un futuro espectacular si la misma no podrá cristalizarse.




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