AGUAFUERTES
Los fabricantes de inundaciones
Al histórico problema hídrico que acarrea la ciudad (otrora manejable y solucionable), se suma la ausencia de políticas de uso del suelo urbano, el incumplimiento de la normativa vigente, la realización de obras públicas y privadas ineficientes y sin los estudios de impacto ambiental.
09/08/2011


¿Por qué Santa Fe se inunda cada vez más y con muy pocos milímetros de agua caída? Aclaremos que no estamos hablando de 100 mm o más en 2 o 3 horas, sino de 30 o 40 mm de precipitaciones, repartidas en 5, 6 o más horas.

Las respuestas podrían variar entre: es una plaga bíblica, el cambio climático, la ubicación geográfica, las hojas, basuras y los atentados que taponan los desagües, la falta de obras, el fenómeno del Niño o la inacción de las administraciones anteriores.

Considero por mi parte, que la principal razón de estos eventos, es eminentemente antrópica y política, consecuencia de la ausencia de ordenamiento del territorio, el irracional y perverso uso del suelo, la impericia técnica, la especulación inmobiliaria y la casi inexistente y deficitaria gestión ambiental del Estado.

Todo ello motiva que cada vez más, los vecinos de la ciudad deban soportar los efectos perjudiciales y dañosos, derivados de cada precipitación.

Ello no es responsabilidad exclusiva de esta gestión municipal, sino que es un problema reiterativo de vieja data, aunque en los últimos años este brete se ha intensificado a niveles preocupantes, como intentaremos explicitar en el desarrollo de la presente.

Reitero que al histórico problema hídrico que acarrea la ciudad (otrora manejable y solucionable), debemos sumar la ausencia de políticas de uso del suelo urbano, el incumplimiento de la normativa vigente, la realización de obras públicas y privadas ineficientes y sin los estudios de impacto ambiental, la deforestación urbana, reducción e impermeabilización de plazas y paseos, todo lo cual ha desbordado y agravado la situación, como lo ha documentado, después de cada lluvia, algunas insignificantes, la crónica periodística.

Génesis del problema

1.- Incumplimiento de la ley: Por la necesidad de espacio y viviendas, la ciudad creció en las últimas décadas en forma caótica y anárquica, sin planificación alguna de parte del Estado, con urbanización de áreas marginales de muy alto riesgo. Según Pepe Eliaschev: "Se consolidó la hegemonía de la rentabilidad como centralidad urbanística: se protege aquello que deja ganancia o -al menos- no implica inversión social, mientras que se estimula o tolera todo tipo de arbitrariedad individual, aún cuando se agravie derechos personales o normas comunitarias preestablecidas."

Las normativas que trataron de minimizar los impactos, fueron y son reiteradamente violadas, como el caso del Decreto Nº 07317/67, entre otros, que dispone: “No se admitirán extensiones de usos urbanos en áreas comprendidas en antiguos lechos de ríos o arroyos, no exentas de inundaciones. Tampoco se admitirán extensiones de usos urbanos en lechos de crecidas ordinarias o extraordinarias, ni áreas afectadas por posibles inundaciones cíclicas.” Estos reservorios, que tenían la particularidad de retener y absorber agua, fueron reducidos a su mínima expresión.

2.- Edificios: La política edilicia enmarcada "en el contexto de una época pautada por el imperio de un laisser-faire urbano que convirtió a las ciudades en laboratorio ideal para concretar especulaciones inmobiliarias y aventuras toleradas por una permisividad de mercado (y del Estado) sin límite"(Pepe Eliaschev), derivó en que infinidad de amplios patios y centros de manzanas de tierra de las viejas casonas, hoy devenidas en centenares de edificios, se impermeabilizaran, perdiendo la capacidad de retención y absorción de agua, acelerando la velocidad de escurrimiento hacia barrios de cota baja, los que se inundan permanentemente y a perpetuidad.

Esa zona, ubicada mayoritariamente dentro de las avenidas, tiene capacidad de retardo CERO, lo que satura todas las cuencas y zonas deprimidas urbanas. Según el Arq. Osvaldo Guerrica Echevarría: “Las fundaciones de los edificios en altura implican excavaciones de varios metros de profundidad que sobrepasan largamente las dos primeras napas de agua. Es a través de estas napas que los terrenos aún absorbentes acumulan el agua y la envían al estuario. La red de bases de hormigón construidas, constituyen subterráneamente un verdadero dique a la evacuación de las aguas de lluvia, retrasando y muchas veces impidiendo el escurrimiento”.

3.- Terrenos ferroviarios: Desde siempre estos espacios actuaron como reservorios y fundamentalmente los zanjones del ferrocarril se comportaban como cuencas naturales de escurrimiento de los excedentes hídricos, que como auténticos arroyos urbanos transportaban importantes caudales en épocas de grandes lluvias.

Esos espacios, fueron desapareciendo o perdiendo esa finalidad, por la ocupación privada o pública, su nivelación, relleno o alteo y la impermeabilización por la construcción de playones y otras edificaciones. Las útiles ciclovías son un ejemplo de ello.

Las aperturas de calles para la interconexión vial, mediante nuevos pasos a nivel sobre las vías, incrementó el problema. Por cuanto para su realización en la mayoría de los casos, se optó por la solución más rápida y económica, pero no la mejor.

Simplemente se construyó un talud de tierra, sin los caños de escurrimientos o desagües suficientes, que provocaron la interrupción de los flujos de agua, dando lugar a anegamientos en barrios que nunca habían sufrido dicho problema, provocando conflictos entre vecinos de un lado y del otro de las vías, que se acusan mutuamente de ser la causa del problema.

4.- Desagües entubados: Estas obras faraónicas, ineficientes y caras como ningunas, se inician, casi nunca se terminan, sea por faltas de fondos o fallas técnicas, e intensifican los conflictos.

Por lo general los entubados empeoraron el comportamiento de las cuencas y crean obstáculos a la salida del agua, agravando las inundaciones. Pese a que ello es sabido, los funcionarios siguen prometiendo estas obras como “solución definitiva”, aunque aclarando que costarán mucho y llevarán varios años (en otra gestión) terminarlas.

5.- Re-repavimentación: Producto de ella, “la calzada” desapareció, y con ello la capacidad de acumular agua. El nivel de calle supera en muchos lugares al de la vereda, con el consiguiente ingreso de líquidos a las viviendas.

6.- Cavas: A lo largo de años, muchas de las cavas existentes en zonas periféricas de la ciudad que actuaban como reservorios, se fueron rellenando para recuperar dichos terrenos, sin que el Estado tuvieran una política para los mismos. Ello, en algunos barrios generó un nuevo e impensado problema con el escurrimiento de aguas.

Servidumbre de inundación

Sin pretender agotar las causales del problema, señalo que todas estas deficiencias y la falta de previsión, en forma aislada o conjunta transformaron manu militari y de facto a amplios sectores y barrios de la ciudad en una suerte de servidumbre de inundación, los que deben soportar los excedentes hídricos, con pérdida de bienes y deteriores varios, y lo peor sin contraprestación ni indemnización alguna.

La servidumbre de inundación referida, es una figura técnico-jurídica para la gestión hídrica y sus excesos y se caracteriza por tener uno o varios fundos dominantes y otros sirvientes.

La etimología del término proviene de esclavitud, estado de siervo o sumisión. Graficando con precisión lo que ocurre en nuestra ciudad, donde existen por estas políticas sectores que se han transformado en siervos de otros y son obligados a soportar las recurrentes inundaciones.

Para efectivizar estas servidumbres, las mismas deben constituirse mediante ley, convenios o actos administrativos, los que en estos casos brillan por su ausencia, al igual que la contraprestación económica pertinente.

En épocas de lluvias, el corazón de la ciudad (fundo dominante) que no retiene el agua, la expulsa rápidamente hacia los terrenos deprimidos (fundos sirvientes), que actúan como reservorios inundables, aunque de hecho en el lugar habiten miles de personas, que sufren los perjuicios.

Con poderes reales una parte de la ciudad se aprovecha de sus siervos sin nada a cambio y sin una fuente generadora válida para ello.

Las sucesivas administraciones municipales han consolidado a perpetuidad este sistema de aprovechamiento y desigualdad irritante, las que con el tiempo se van acrecentando pese a todas las promesas de mejoramiento de la situación.

Convengamos que las inundaciones son un problema de toda la comunidad, por tanto las soluciones nunca podrán venir de la mano de manejos o directivas autoritarias, de arriba hacia abajo, sin las debidas consultas, mediaciones y participaciones de todos los sectores sociales, que comprenda los intereses, necesidades y aspiraciones del conjunto.

En una próxima nota hablaremos sobre las posibles soluciones al problema, entendiendo que deberán ser más económicas, posibles, solidarias y equitativas de todo lo que hasta ahora se viene planteando y prometiendo.

Ricardo Luis Mascheroni | Docente e Investigador Universitario




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