OPINIÓN
Memorias de cooperadores
Corría el año 1946 y en el país se vivían momentos muy difíciles, con una marcada falta de trabajo que afectaba a muchas familias, las cuales no podían enviar a sus hijos a la escuela, generándose de este modo una situación que provocaba una elevada tasa de deserción escolar en algunos establecimientos educativos de Laguna Paiva.
18/03/2014


Uno de los establecimientos educativos afectados fue la Escuela Nº 688 Domingo Faustino Sarmiento, de Laguna Paiva, que se encuentra ubicada en el barrio Villa Talleres de esta localidad, estando a cargo de la dirección en ese momento Salvador Vilotta.

Debido a la situación reinante, un grupo de vecinos procedió a reunirse a los fines de prestar colaboración para poder palear la situación que se vivía en esos momentos. En virtud de esto, surgió la primera comisión cooperadora la cual quedó conformada de la siguiente manera: Baltasar Torres (presidente), Rodolfo Moss (vicepresidente), Eduardo Dávila (secretario), Mario Dávila (tesorero), Luis Galán y Américo Beletti (revisores); Rodolfo Zarabia, Jaime Riera, Cirilo Balboa y José García (vocales).

Quiero destacar que mi padre ejerció la presidencia de la cooperadora por más de 20 años, que comprendieron los períodos de dirección de Salvador Vilotta, Manuel Felizar, César Enría y Luis Bellini. Este grupo de cooperadores, después de cumplimentar su jornada laboral diaria, solía salir en horas de la tarde a recorrer los sectores más carenciados constituidos por familias con un número elevado de hijos con el propósito de recabar información acerca de cuales eran las necesidades más urgentes y cuales eran los factores que determinaban la no concurrencia a clase de sus hijos. Esta información recabada sirvió para que se elaborasen listas donde se solicitaba al gobierno nacional el pedido de ropa, calzado, delantales y material didáctico escolar.

Con el advenimiento del General Juan Domingo Perón como presidente de la República, la comisión cooperadora procedió a elevar una nota de pedido con los elementos antes mencionados al Ministerio de Bienestar Social, lo cual resultó ser un éxito de dicha gestión ya que se recibió todo lo solicitado y se procedió a distribuir este material de acuerdo a un orden de prioridades previamente establecido. Esto sirvió para ver reflejado que muchos niños recuperen la alegría de volver a clase y su dignidad perdida, ya que los mismos sufrían necesidades básicas tales como la falta de calzado y alimentación diaria.

Posteriormente la comisión cooperadora procedió a gestionar a nivel de gobierno provincial un subsidio destinado a la instalación de un comedor escolar, el cual se instaló finalmente en la calle San Juan en la vivienda que perteneció a la familia Artigas y que permitió que más de cien chicos tuviesen garantizado su almuerzo y cena.

La recaudación del dinero que ingresaba por la cooperadora proveniente de diferentes actividades recreativas de la época de verano, tales como espectáculos bailables o kermeses que se realizaban en la antigua plaza del barrio Villa Talleres (hoy plaza Eva Perón) o en el local de Plaza Bar, era destinado a las necesidades más urgentes dentro de este establecimiento educacional.

Finalmente quiero hacer una mención muy especial a todos estos cooperadores que acompañaron la gestión de mi padre, desarrollando una colaboración desinteresada y que sirvió como un acto de conducta ejemplar de estas personas.

Hoy todos ellos pertenecen a un recuerdo muy lejano en los anales de la Escuela Nº 688 “Domingo F. Sarmiento”, pero su objetivo principal fue tender sus manos solidarias por los que menos tenían y ver reflejado en la sonrisa de los niños el deber cumplido.

Por Baltasar Carlos Torres. Desde Laguna Paiva.




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