OPINION
Vivir solo, la era de la independencia
En los últimos 50 años, una cantidad de personas de todas las edades y de todas las condiciones sociales decidieron vivir solas. Los derechos de la mujer, el auge de las comunicaciones, la urbanización y la extensión de la esperanza de vida son propicias para la difusión del individualismo y la vida solitaria.
21/05/2014


Nada expresa mejor la necesidad de vida colectiva que la creación de la familia. En todas las épocas y en todas las culturas, es la familia y no el individuo el fundamento de la vida social y económica.

Los evolucionistas aseguran que, en las sociedades primitivas vivir en grupo representaba una ventaja decisiva en la lucha por la supervivencia en términos no solo de seguridad, sino de alimentación y reproducción. En el transcurso de los últimos 50 años, nuestra especie ha emprendido una experiencia inédita. Por primera vez en la historia de la humanidad, una cantidad considerable de personas de todas las edades y de todas las condiciones sociales decidieron vivir solas.

Actualmente los países estadísticamente más favorables a este tipo de vida son: Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca; mientras que en Alemania, Francia, Inglaterra y Canadá las proporciones son más elevadas que en Estados Unidos.

La propagación de este modo de vida constituye una experiencia de transformación social a gran escala debido a que provoca una orientación del espacio urbano (vivienda, transporte, etc.), y del desarrollo de la economía de los servicios personales como ser el mantenimiento del hogar, cuidado de niños y repartición de alimentos.

Este tipo de vida aislada tiene una fuerte influencia en la manera de crecer, de envejecer y de morir en las personas produciendo impactos sobre todos los grupos sociales y de manera especial en las familias.

Nos preguntamos ¿cómo explicar esta mutación espectacular? Esta mutación, sin dudas, está ligada al desarrollo económico y a la seguridad material, la cual ha conquistado a una parte de la población.

En los tiempos actuales existe una creencia arraigada en el hecho de que la búsqueda del éxito y de la felicidad personal estaría relacionada a la capacidad de las personas para salir “del montón” y aprovechar las mejores ocasiones de elección y de desarrollo personal que ofrece el mundo contemporáneo, generándose de esta forma una sociedad más individualista. A pesar de esto, el culto al individualismo comenzó a regir en el siglo XIX y a partir de la mitad del siglo XX las sociedades industrializadas se vieron afectadas por cuatro cambios sociales que fueron: el reconocimiento por los derechos de la mujer, el auge de las comunicaciones, la urbanización y la extensión de la esperanza de vida.

La conjugación de estos cuatro cambios sociales creó las condiciones propicias para la difusión del individualismo y de la vida solitaria.

Autor: Baltazar Torres-Laguna Paiva.




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