OPINIÓN
Laguna Paiva de ayer y de hoy
El ferrocarril le dio vida propia a Laguna Paiva. Era una comunidad ferroviaria y progresista. Los trenes locales trasladaban a empleados ferroviarios desde Santa Fe y estaciones intermedias. Todo iba sobre ruedas. Pero el paso del tiempo muestra otra realidad.
27/02/2017

Fotografía tomada en el Plaza Bar en 1955. Despedida de año por personal ferroviario perteneciente a las secciones Instalaciones Mecánicas.
Fuente: Gentileza Alfredo Salomón

Parece mentira que hace mas o menos siete décadas Laguna Paiva era una comunidad ferroviaria y progresista. Aquí se congregaron en el siglo pasado inmigrantes de las más variadas nacionalidades, desde españoles, italianos, árabes, ucranianos, polacos, israelíes, lituanos, suizos, franceses, etc. Echaron sus raíces que le dieron a este pueblo su propia personalidad. Sus establecimientos educativos de nivel primario hicieron la punta, el comercio, centros culturales como la Biblioteca Alberdi, el primer cine mudo “La Portuguesa”, que luego se trasladara de Avenida Crespo y Alberdi a las calles Moreno e Ingeniero Boasi, y desde entonces se llamaría cine teatro “San Martín”, que fuera un polo de atracción para esta comunidad. A mediados de 1920 el tesón de un grupo de inmigrantes creó la Sociedad Italiana, que sería testigo de tantos acontecimientos culturales, teatrales, bailables, cinematográficos y educativos.

Recuerdo al señor Bonacci evocando los albores de dicha institución allá por 1924 por la presidencia de Pablo Brancolino. También en calle Moreno casi esquina Ingeniero Boasi estaba ubicada en un edificio de dos plantas la clínica de los doctores Yost y Cedrón Celis, donde se realizaban intervenciones quirúrgicas en los albores de la década de 1930.

El ferrocarril le dio vida propia a Laguna Paiva. Los trenes locales trasladando empleados ferroviarios desde Santa Fe y estaciones intermedias que viajaban a nuestro pueblo en los principios de 1940 con maestras que al llegar a nuestra estación muy temprano se cruzaban al bar de Panicali para tomar el desayuno. Los profesores lo hacían de igual manera después de un tiempo, ya sea del Colegio Nacional como de la ENET N° 1 o la Escuela Profesional N° 17, además de otra gente que se movía asiduamente.

Recuerdo los coches motores viajando a Córdoba. Salían los martes, jueves y sábados a media mañana y los trenes de pasajeros del mismo modo, los lunes, miércoles y viernes rumbo a la docta. El tren Panamericano y el Internacional comunicaban con Bolivia y Paraguay.

Se puede decir que Laguna Paiva era un colmenar. El teatro independiente en la Biblioteca Alberdi, que congregaba tanta gente, la justa del saber en los albores del año 40 en la que intervenían las únicas tres escuelas primarias: N° 31, 532 y 688. De tercer grado a sexto participaban por la mañana. El maestro que tomaba el examen de Matemáticas en un gran pizarrón era nada menos que el director de la Escuela 31, Leandro Fuentes, de origen español. Todos los participantes tenían premios estímulos. Eran otros tiempos.

Todo iba sobre ruedas. Pero el paso del tiempo nos mostró otra realidad. Apareció en la ciudad un candidato a presidente que bajó en un helicóptero en la zona descampada sur y llegó a la plaza central montado en un caballo. Tenía patillas largas y en su campaña presidencial prometió el oro y el moro para Laguna Paiva. En ese tiempo los ferrocarriles albergaban en todo el país aproximadamente a 120 mil empleados, que quedaron en la calle. Teníamos 46.815 kilómetros de vías y estábamos en la vanguardia de toda América. Ese sujeto hizo mucho daño, quedando pueblos totalmente aislados como en nuestro caso con Córdoba y empalme a Catamarca.

Hoy que el tiempo ha pasado, Laguna Paiva tiene una empresa como EMEPA que alberga solo el 7% del caudal de empleados de talleres, sin contar con el Depósito de Locomotoras, Almacenes y Vías y Obras. Laguna Paiva ahora es ciudad, pero necesita un impulso fabril con los complementos de escuelas técnicas para volver a ser lo que fue y donde nacimos y, seguramente, donde culminará nuestra existencia.

Por Profesor Alfredo H. Salomón. DNI: 6.213.889.




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Fuente: Gentileza Alfredo Salomón

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