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UN CONCEPTO QUE SE AFIANZA
Una industria con procesos saludables y productos seguros
Con 28 años de trayectoria, el Laboratorio de Análisis Industriales asegura estándares en la producción alimenticia y controla el tratamiento de efluentes industriales y residuos cloacales. La premisa es reducir el impacto ambiental y mejorar la calidad de vida de los habitantes.
Por Marina Trevisan
Redacción El Santafesino
30/11/2017

El laboratorio tiene tres áreas: microbiología, físico-química y administración. Tanto microbiología como físico-química se dividen en dos áreas: de alimentos y de efluentes.
Fuente: El Santafesino

La Licenciada en Química, Nora Sabbag, puso en funcionamiento el Laboratorio de Análisis Industriales (L.A.I.) hacia 1989. Ubicado en la zona sur de la ciudad de Recreo (ex RN Nº 11 y Formosa), el equipo de profesionales está abocado al control de calidad de materias primas y productos de origen diverso, así como también, al control higiénico-sanitario de instalaciones y a la evaluación de la calidad y tratamiento de efluentes y residuos cloacales e industriales.

“El laboratorio comenzó como una necesidad de canalizar la formación profesional, buscando algo que no se estuviese haciendo en ese momento. Cuando decidí prestar servicios sobre análisis de efluentes industriales, me encontré con el contratiempo de que la mayoría de la gente que trabajaba en la industria desconocía que se generaban efluentes industriales contaminantes, o sea, todos pensaban que lo que tiraban se iba por la cuneta al río donde se diluía y que no había que hacer controles. Más tarde, debido a la necesidad que tenía la industria, se incorporó el control de productos alimenticios que llegan al consumidor; también en el marco de la concientización de producir calidad en la elaboración de productos”, relató Nora Sabbag.

El laboratorio tiene tres áreas: microbiología, físico-química y administración. Tanto microbiología como físico-química se dividen en dos áreas: de alimentos y de efluentes.

“El objetivo es prestar un servicio a la industria para asegurar alimentos producidos bajo las normas de calidad y en un ambiente sano”. Esto es, reducir el impacto ambiental porque el planeta “es lo que le vamos a dejar a nuestros hijos, la herencia es esa: comer sano en un ambiente sano”, resume la licenciada.

Certificaciones

Con el propósito de prestar el mejor servicio y de brindar confiabilidad a los clientes, L.A.I. funciona bajo Norma ISO/IEC 17025:2005 IRAM 301:2005.

“Las primeras certificaciones fueron del Servicio Nacional de Seguridad Agroalimentaria (SENASA) para trabajar con los frigoríficos. Muchas resoluciones de SENASA se aplican también en el área de lácteos” lo cual permitió ampliar el campo laboral prestando un servicio directo a las compañías o trabajando paralelamente con aquellas que tienen laboratorio propio pero “desean cotejar sus datos frente al organismo nacional”, explica Sabbag.

A partir del momento en que “la Unión Europea comenzó a exigir que los laboratorios que trabajan en la red de SENASA debían tener una certificación a nivel nacional, respetando rigurosamente la Norma ISO 17025 / IRAM 301, se adaptaron los procedimientos tanto de ensayos como de gestión con el propósito de cumplir con la normativa y, en 2012, se obtuvo la acreditación del laboratorio en el Organismo Argentino de Acreditación (OAA)”. El alcance de la misma incluye determinación de parámetros fisicoquímicos en carne y productos cárnicos, determinación de nitrito y parámetros bacteriológicos en agua.

Análisis sensorial

A partir de 2015, L.A.I. ofrece el servicio de análisis sensorial donde se evalúan las características que impactan en los sentidos de los consumidores y los inducen a aceptar o rechazar un alimento. Su importancia radica en que los sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) son las únicas herramientas con que cuenta el individuo para apreciar un producto.

“Tenemos un panel formado de evaluadores sensoriales que son personas que describen un producto de acuerdo al impacto que le causa en cada uno de los sentidos”, señaló la profesional en referencia al servicio que se brinda en el laboratorio.

Además, se implementó “la capacitación de empleados de las empresas ya que son los que rutinariamente están controlando los productos. El panel tiene que estar suficientemente entrenado para hacer una evaluación objetiva, no lo que le gusta o no le gusta, y detectar qué está bien y qué está mal en ese producto antes de llevarlo al mercado”, reseña Sabbag y revela que este servicio “ha tenido muchísima repercusión en la industria láctea, por ejemplo”.

En el L.A.I. también se realizan estudios de vida útil sensorial porque a veces el producto “sigue teniendo los mismos componentes pero desarrolla olor o color desagradable; es decir, el deterioro muchas veces se detecta antes sensorialmente que desde el punto de vista físico-químico o microbiológico”.

Concienciación

Durante los 28 años de trayectoria del L.A.I., Nora Sabbag reconoce que la sociedad y el mercado han evolucionado notablemente. “El consumidor se está poniendo más exigente, no solamente lee el rótulo de los productos para saber si reúne los requisitos nutricionales sino que también emite opinión y exige desde el punto de vista sensorial”.

La concienciación del fabricante y del consumidor es muy importante en la sociedad moderna. “El consumidor tiene que tomar conciencia de que tiene que consumir productos de calidad. En tanto, la industria debe ofrecer calidad respondiendo a las exigencias del consumidor. Creo que ambos están aprendiendo, están tomando conciencia de que hay que exigir y producir calidad en forma constante”.

En ese contexto, L.A.I. contribuye tanto a la generación de confianza respaldando la producción y los servicios, como así también, al cumplimiento de requisitos sobre seguridad alimentaria y la protección ambiental.




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