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Apuntes para una política económica
El sector industrial, específicamente, el manufacturero, más específicamente aún, la rama del sector industrial manufacturero capaz de condensar progresivamente actividades sofisticadas, ha sido olvidada o ha pasado inadvertida para las agencias estatales, cuando menos, desde mediados de los 70.
Redacción El Santafesino
16/01/2018

Oportunidad de la presentación del libro de Carolina Lauxmann en la ciudad de Santa Fe.
Fuente: El Santafesino

Si hay una teoría del desarrollo en el texto de Lauxmann, ésta podría comenzar con una pregunta: ¿no resulta conveniente repensar el rol del Sistema Financiero Bancario (SFB) en la economía argentina contemporánea a fin de configurarlo como instrumento de desarrollo?

El problema es agudo, el cuadro es complejo. El sector industrial, específicamente, el manufacturero, más específicamente aún, la rama del sector industrial manufacturero capaz de condensar progresivamente actividades sofisticadas, ha sido olvidada o ha pasado inadvertida para las agencias estatales, cuando menos, desde mediados de los 70.

Para abordar esta cuestión neurálgica de la economía nacional, vamos a invocar la serie de cuentos infantiles Elige tu propia aventura. El texto interroga: ¿sigue siendo hoy día la industria la actividad con mayor capacidad de impulsar el progreso técnico y diseminar sus efectos al conjunto del entramado productivo, incrementando la productividad y la capacidad de agregación de valor de la fuerza de trabajo de la economía? Es decir, ¿es sobre la base del desarrollo de la actividad industrial que los países periféricos podrán converger a los niveles de desarrollo tecnológico y de ingreso de los países centrales en la economía capitalista contemporánea? Si la respuesta es sí, entonces deberíamos ocuparnos, primeramente, del direccionamiento del crédito bancario, y de las conexiones entre el SFB y el Sistema Productivo Industrial (SPI).

La historia económica reciente no es muy alentadora. Salvo durante coyunturas muy específicas del Peronismo y durante la última etapa del proceso de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), el direccionamiento del crédito bancario hacia el sector industrial dejó vacante el lugar de la complejidad. La dictadura y el menemismo, vistos como políticas económicas basadas en el neoliberalismo, generaron re-primarización de las actividades económicas, concentración del capital y desarticulación del tejido industrial. Con orientaciones del crédito preferentemente hacia el consumo o el sector servicios comparativamente poco refractarios a la sofisticación. Ya en el siglo XXI, Lauxmann sostiene que “(…) el cambio en la política macroeconómica no ha producido modificaciones en la composición de la producción industrial, en tanto no ha afectado cualitativamente sus características estructurales, ni las dinámicas de comportamiento de los principales actores económicos que la motorizan. (…) si bien con el correr de la primera década del siglo XXI se ha incrementado la financiación a la industria, el porcentaje promedio del crédito concedido al sector manufacturero durante el período 2002-2010 (13,83%), resultó inferior al otorgado durante los años de primacía del neoliberalismo (17,66%)”. En el plano de la teoría económica, la lógica de la economía nacional, no ha podido abandonar las coordenadas de los postulados de Ricardo (1817) sobre las ventajas comparativas, según los cuales cada economía nacional debe especializarse en la producción de aquellos bienes para los que fuera relativamente más eficiente y comercializarlos mundialmente.

Sin embargo si se cree posible generar políticamente condiciones favorables para que la relación entre el Sistema Financiero Bancario y Sistema Productivo Industrial produzca un Patrón de Acumulación Virtuoso (PAV) basado en el estímulo a las ramas de la actividad industrial con alto contenido tecnológico, mano de obra calificada y con importante valor agregado, donde el gran capital sea receptivo a los condicionamientos de su performance, induciéndolo a financiar, en el largo plazo, las actividades de pequeñas y medianas empresas capaces de progresar técnicamente y de innovar, todavía están a la mano los casos de Japón, Corea del Sur y Taiwán.

En términos de la autora: “(…) para poder avanzar en la conformación de un sector industrial que, sobre la base de la incorporación y desarrollo del progreso técnico, permita incrementar la complejidad y la integración de la estructura productiva, dotando a la economía argentina de competitividad internacional en los segmentos de mayor dinamismo y agregación de valor, es necesario revertir los legados de la etapa neoliberal y avanzar en el proceso de industrialización «trunco» que tuvo lugar en estas latitudes”.

El Sistema Financiero Bancario puede ser pensado como un instrumento de desarrollo en la medida en que se vincule con el SPI, sobre la base del reconocimiento y la superación de las limitaciones cuanti y cualitativas existentes. Esto requiere políticas claras de direccionamiento del crédito, control del destino de los fondos y capacidad de sanción en caso de inobservancia de lo acordado.

Por Mauricio César Yennerich. Docente e investigador en Ciencias Sociales. Profesor de Geografía egresado de la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHuC) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Tesista de la Maestría en Ciencias Sociales que dirige el Dr. Víctor Ramiro Fernández, en esa casa de Altos Estudios.