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UNA VOCACIÓN EMPRESARIA
San Ignacio, una tradición exportadora que se afianza
La reciente venta de dulce de leche a Japón, reivindica su vigencia en el mercado internacional. Próxima a cumplir 80 años, la firma con plantas en Sauce Viejo e Hipatia, incorpora mejoras tecnológicas y se plantea nuevas metas de crecimiento.
Por Lic. Exequiel Kay
Redacción El Santafesino
23/10/2018

San Ignacio procesa 100 mil litros de leche por día en dos plantas –Sauce Viejo e Hipatia-, en tres líneas de productos.
Fuente: El Santafesino

Hoy San Ignacio es el principal exportador de dulce de leche de Argentina. Tiene presencia en varios países del mundo pero recientemente pasó por las tapas de los principales medios de comunicación nacionales porque anunció la venta de este tradicional producto santatafesino a Japón. La novedad reivindicó el perfil de esta pyme radicada en la localidad de Sauce Viejo, a la vera de la Ruta Nacional Nº 11 y a escasos metros del cauce del río Coronda. Esto es así porque la exportación está en el ADN de la empresa.

“San Ignacio hizo su primera exportación en el año 1978 a Alemania y siempre tuvo una vocación por estar presente en el mundo, siendo quizás la marca de dulce de leche que más ha perdurado en el mercado externo. Desde que ingresamos a la compañía, hace 5 años, le dimos una impronta particular y creemos mucho en las oportunidades que puede dar al mundo este tipo de producto”, reseña Alejandro Bertín, director de la firma, en diálogo con El Santafesino.

Las exigencias

San Ignacio procesa 100 mil litros de leche por día en dos plantas –la mencionada de Sauce Viejo e Hipatia, en el departamento Las Colonias-, en tres líneas de productos. “Hagamos el desafío de encontrar una empresa con esta capacidad de procesamiento que tenga un departamento de comercio exterior”, desafía Bertín, para luego sentenciar: “Eso muestra que tenemos una mirada hacia fuera”.

Sobre las exigencias de Japón, sostiene que es un mercado que no tiene muchas más exigencias que otros a los cuales llega esta marca. El tercer destino de exportación es Canadá, un mercado raro, con un relación poco frecuente entre ambos países. “Debemos cumplir con las exigencias de ese país. En el caso de Japón es un entrenamiento adicional. Este tema de exportar es un aprendizaje permanente. Hoy tenemos una organización mucho más madura para recibir este tipo de exigencias”.

A modo de ejemplo, cita las etiquetas, que se imprimen en hebreo, ruso o árabe, además de inglés, francés o portugués, más usuales para nosotros. Y eso conlleva una serie de exigencias del cliente que amerita tener personal altamente capacitado.

El volumen despachado a Japón (1700 kilos), admite, no es muy importante. “Algo muy común cuando un cliente compra un producto para ellos exótico. La expectativa que tenemos es que se incremente con una frecuencia anual de compra. Hay un período natural de conocimiento, un trabajo previo con el importador, a fin de que este, pueda promover de manera correcta el consumo de dulce de leche”, apunta.

En este marco, San Ignacio ha sido la única planta habilitada de América Latina para exportar dulce de leche a Europa. También es excepción en una norma británica BRC (British Retail Consortium) muy exigida por el supermercadismo mundial que también les permite acceder a otros mercados del mundo.

El potencial

San Ignacio fabrica unas 10 mil toneladas de dulce de leche anuales de las cuales exporta 1.500 tn. entre el 12 y 15 por ciento. “Nos gustaría estar en 30 o 40 por ciento -destaca su director-. En dulce de leche sigue habiendo una alta dependencia del mercado interno, y en ese caso sí los vaivenes de la economía nos afectan bastante. En el caso de queso azul, la planta de Hipatia trabaja a full de su capacidad, gracias a la exportación y al mercado interno. El queso crema se vende muy bien en el país. En ambas plantas se piensa en invertir”.

Respecto de las metas, plantea que el desafío es ampliar productividad, lo que necesita la industria láctea en general. “Eso significa invertir en tecnología. Es decir, proceso por hora y por hombre con la misma cantidad de personal pero adaptado en las nuevas tecnologías. Ese es el camino que estamos mirando”, expresa.

La empresa recibe la leche de 55 tambos, en tanto 60 camiones por mes salen con productos. Este movimiento lógicamente tiene un efecto multiplicador en las comunidades donde están radicadas sus plantas pero también en el resto de la región. Pero hacia adentro, la dinámica productiva advierte complejidades. En la planta de Sauce Viejo, el espacio está acotado y el objetivo es invertir en una ampliación.

Pensar el comercio exterior

Respecto de la importancia del comercio exterior tanto para la firma como para el país, Bertín señala que uno tiene dos alternativas, aprender o no aprender. “Si tu organización está inclinada al aprendizaje, la exportación es un camino muy interesante. Siempre decimos que lamentablemente estamos en un país en vías de desarrollo, donde las exigencias son las que tenemos, pero no son las exigencias del mundo”.

Pero confía en San Ignacio. “Nosotros como pyme tenemos la vocación de intentar jugar otro partido y lo estamos haciendo con los recursos que tenemos. El comercio exterior es estratégico para nosotros y exportamos en todos los contextos económicos. Generalmente en Argentina estamos acostumbrados a hablar de exportación de commodities, el cual es una demanda permanente y el precio se ajusta a la oferta y la demanda. En el caso nuestro, vendemos especialidades, dulce de leche y queso azul, productos de nicho para el mundo. En el caso puntual del dulce de leche, cuando se lo negocia en el mundo, nadie lo relaciona con los componentes que son commodities, como la leche. Eso nos permite tener un posicionamiento permanente del producto. Y la lucha nuestra es por la conquista de nuevos mercados”, concluyó.