ENFOQUE POLÍTICO Y ECONÓMICO
La era Trump: ¿qué esperar desde Argentina y Santa Fe?
La llegada de Trump a la presidencia de la mayor potencia mundial debe entenderse como el resultado de un largo proceso incubado no solo en EEUU sino en muchos países desarrollados y que decanta en propuestas políticamente reaccionarias. Más allá de ese ímpetu, la capacidad de moderación y balanceo del sistema político estadounidense será puesto a prueba.
Redacción El Santafesino
21/07/2017

Luego de la “official working visit” mantenida entre Macri y Trump las restricciones estadounidenses al ingreso del biodiesel argentino, continuó su dinámica de conflicto.
Fuente: Gentileza

El 8 de noviembre pasado Donald Trump fue electo como el 45° Presidente de Estados Unidos dando al mundo una relativa sorpresa. El calificativo “relativa” obedece a que, lo que seguramente era impensado dos años atrás, fue tomando vertiginosamente visos de posibilidad a medida que se desarrollaban las etapas propias de la carrera presidencial, desde el anuncio de su precandidatura –casi como outsider- por el partido republicano, pasando por su arrollador raid de triunfos a través de los distintos estados en las elecciones primarias de dicho partido y, finalmente, en las elecciones presidenciales.

En todo ese proceso los ejes centrales de su discurso se mantuvieron firmes, más allá de la voluble modalidad comunicacional que intentaba adaptarlos táctica-estratégicamente a cada paso de dicha carrera.

Los acontecimientos que decantaron en la reciente elección presidencial estadounidense, combinados con el perfil personal de Donald Trump resultan tan contrastantes con los cánones que caracterizaron históricamente al sistema político estadounidense –en especial a la figura presidencial, el muy bajo culto a la personalidad y la cultura republicana- que cualquier intento de ensayar pronósticos futuros requiere un análisis especial que busque entender los procesos del pasado reciente –y no tan reciente- que llevaron a un Donald Trump a la Casa Blanca como así también poner en el tablero a otros actores que marcarán el margen de maniobra que tendrá Trump para su administración.

Tratando de entender la llegada de Trump más allá del “sujeto” o personaje

Trump es un emergente de los procesos que vinieron ocurriendo en EEUU desde la década de 1970 y el ciudadano medio estadounidense vio que su salario comenzaba a estancarse. Hasta entrado el presente siglo dicho ciudadano medio pudo evitar mediante el endeudamiento que dicho estancamiento salarial se tradujera en un correlativo estancamiento de su nivel de vida. La crisis de 2008, al poner fin al fácil acceso al crédito y profundizar los problemas de empleo, detonó un intenso descontento. La elección de Obama, primer presidente de origen afroamericano y menos vinculado al establishment que sus competidores contemporáneos, puede entenderse, en retrospectiva, como una temprana y mesurada expresión de ese descontento.

Marcando una diferencia con décadas pasadas, donde la emergencia de propuestas reaccionarias, xenófobas, proteccionistas y anti-establishment sucedía con frecuencia en países no desarrollados (generalmente como consecuencia de conflictos estructurales surgidos del propio proceso de desarrollo), en los últimos años propuestas de este tinte comenzaron a visualizarse en países desarrollados donde el insatisfactorio desempeño económico con conflictos sociales crecientes y complejos son atribuidos por quienes lideran tales propuestas a la globalización que, por un lado, con su libre movimiento de bienes afecta la producción industrial nacional con el ingreso de bienes producidos a costos menores en otros países y, por otro lado, con su libre movimiento de personas afecta los puestos de trabajo de compatriotas mediante inmigración proveniente de países no desarrollados. Tales posturas señalan como chivos expiatorios a sus establishment políticos nacionales y regionales, a la comunidad política internacional y a los países de donde provienen los inmigrantes y/o de los bienes que compiten con la producción nacional.

El Brexit ocurrido el año pasado, el avance en los espacios parlamentarios de diversos países europeos por parte de partidos políticos no tradicionales y/o con posturas reaccionarias, las recientes elecciones en Austria y Holanda donde tales partidos estuvieron muy cerca de llegar al gobierno y que el pasado 7 de mayo por sola virtud de la figura del balotaje, una vez más, los Le Pen no llegaron a la presidencia francesa, son ejemplos más que suficientes para describir los procesos comentados.

En este contexto histórico no puede verse con sorpresa que Trump llegara a la presidencia estadounidense exponiendo un discurso nacionalista con matices xenófobos, antiglobalización y antiestablishment. Y, como toda propuesta de tinte reaccionaria, tiene chivos expiatorios que la completan: México, China, el establishment político de Whashington y las instituciones políticas internacionales como la OTAN, la ONU, el FMI, entre otras.

Trump tendrá que jugar en una cancha marcada por otros actores

Observando el Trump precandidato, el Trump candidato, el Trump electo antes de asumir, el Trump flamante presidente y el Trump luego de 100 días de gobierno alcanza para extraer ciertos hechos. Por un lado, Trump no abandona los temas que fueron sus promesas de campaña. Pero, por otro lado, la forma en que lleva a cabo las acciones conducentes a dichos temas muestran un proceso de “desradicalización” a partir de la necesidad ineludible de Trump de negociar con otros actores de fuerte peso político. El ejemplo más elocuente es que su propio partido no dudó en generarle una derrota legislativa cuando Trump pretendía, sin mayores discusiones ni negociaciones, que el Congreso sancione un proyecto de ley que eliminara el programa de salud conocido como “Obamacare”. Luego que Trump accediera a negociar, los legisladores de su partido tomaron la iniciativa de otra forma y ya la aprobaron en una de las cámaras del Congreso.

La mayoría de los actores que intentarán “marcar la cancha” a Trump surgen del propio sistema político americano y su principio fundacional de “controles, pesos y contrapesos”. Contrapeso intra-partido (legisladores republicanos), los legisladores demócratas, los gobernadores y alcaldes de ciudades cosmopolitas que se ven afectadas por las medidas anti-inmigratorias adoptadas por Trump, las corporaciones empresarias cuyo poder de lobby han demostrado en el pasado poder hacer trastabillar a presidentes y, por último pero no menos importante, el sistema de relaciones exteriores estadounidense con el peso que significa más de medio siglo oficiando de nodo central de la red geopolítica internacional, sumado al sentimiento corporativo de sus integrantes estables concibiéndose como guardianes de los valores construidos por EEUU ante el mundo (donde resalta el principio de “actuar en nombre de la humanidad” combinado con la imagen de compromiso y confianza en EEUU).

Los señalados –aunque no los únicos- serán quienes intentarán mostrarle a un advenedizo Trump por qué se dice que la política es el “arte de lo posible”.

¿Qué podemos esperar desde nuestro país en general y de Santa Fe en particular?

Para anticipar efectos locales a partir de lo que acontezca en un país que no tenga una economía de grandes dimensiones –en relación a la economía mundial- alcanzaría con un análisis en un plano bilateral.

Pero el caso de Estados Unidos se ubica en el extremo opuesto. 1) Es actualmente la economía más grande del planeta; 2) Su moneda nacional (el dólar) es la divisa de referencia mundial; 3) Su peso político –medido por la combinación del poder de influencia de su sistema de relaciones exteriores y su poderío militar- le permiten retener hasta hoy su lugar de potencia líder mundial.

Por lo expuesto, abordaremos las perspectivas para nuestro país y Santa Fe, primeramente, a partir de la incidencia directa (propia de la relación bilateral entre los países) y, en segundo término, por la influencia indirecta a partir de la capacidad de EEUU de afectar tanto variables económicas de la economía mundial, la evolución económica de nuestros principales socios comerciales y de variables sensibles para nuestra economía.

Desde la perspectiva bilateral

Una primera mirada de las relaciones directas entre ambos países requiere poner simultáneamente en foco cuatro aspectos: Los asuntos de la agenda recíproca (entre los que se destacan el ingreso de productos argentinos al mercado estadounidense), la utilidad geopolítica que Argentina tenga en Latinoamérica según la mirada de Trump , la figura puntual de Mauricio Macri como Presidente argentino y la forma de cómo Trump concibe las negociaciones de asuntos (si los asuntos económicos y políticos tienen su marco de negociación separado o si se admiten negociaciones de un tipo de tema por otro).

En los principales asuntos que emergieron durante esta primera etapa se destacan el ingreso de limones argentinos al mercado estadounidense, la potencial reducción de importaciones estadounidenses de biodiesel argentino (con denuncias de dumping como excusa) y un posible reingreso de carnes argentinas al mercado estadounidense. Dos de dichos temas se instalaron en la agenda a partir de conflictos concretos (lobby empresario estadounidense mediante), mientras que el tercer tema aún está en grado de expectativa.

Luego de la “official working visit” mantenida entre Macri y Trump el conflicto de los limones pareciera haberse encaminado, aunque la expresión del ministro de agroindustria Buryaile fue de mesurado optimismo al decir “no es ni todo lo auspicioso que la Argentina querría ni todo lo malo como decía cuando no nos abrían”. Pero el otro tema de controversia, las restricciones estadounidenses al ingreso del biodiesel argentino, continuó su dinámica de conflicto. Hoy es solo una conjetura, pero pareciera que la decisión de Trump fue la “de manual” en una negociación donde una parte pide dos cosas y, entonces, la contraparte concede la que menos costo le implica.

Las restricciones al ingreso del biodiesel argentino a EEUU constituye un asunto crítico para Argentina en general pero especialmente para Santa Fe. En 2016 Santa Fe exportó biodiesel por un total de u$s 943 millones y EEUU concentró ni más ni menos que el 90% de dicha magnitud. El crecimiento de exportaciones de biodiesel a EEUU es una de las principales causas que explican que EEUU pasara de ocupar en 2011 el puesto 27 en el ranking de destinos de exportaciones santafesinas a un tercer puesto en 2016 (el último año el biodiesel fue el 87% del total de exportaciones santafesinas a EEUU).

Años atrás, la Unión Europea (UE) había realizado ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) un planteo similar por el biodiesel argentino y nuestro país salió airoso de tal disputa donde la OMC dio la razón a Argentina. Ante este nuevo planteo por parte de EEUU, visto desde los fundamentos objetivos, pareciera que Argentina tiene una posición aún más sólida de la que tenía frente al caso ante la UE: a) El antecedente favorable ante la OMC; b) Las propias empresas estadounidenses que tienen plantas de biodiesel en nuestro país han presentado alegatos a favor de Argentina. Sin embargo, con incorporar al análisis dos importantes factores “de hecho” alcanza para entender que no está garantizada una salida favorable a nuestro país: a) 30 estados estadounidenses son productores de biodiesel, muchos de ellos con alto poder de lobby y otrora distritos clave en la victoria electoral de Trump; b) EEUU no es un caso ejemplo a la hora de cumplir en tiempo y forma con las resoluciones de la OMC.

El reingreso de carnes argentinas (y por ende santafesinas) a EEUU es, al mismo tiempo, una expectativa importante como también un ejemplo de que, aún cumpliendo las reglas (Argentina ya demostró que pese a su estatus de país libre de aftosa con vacunación no presenta riesgos para el mercado norteamericano), no hay garantías de que EEUU abra sus importaciones.

Planteado en estos términos, ambos temas, de fuerte impacto para la agricultura, ganadería y agroindustria santafesina, parecen quedar en gran medida a expensas de la regla preferida de Donald Trump, el bilateralismo, donde asuntos económicos y políticos se negocian en un mismo plano. Y esto lleva a las siguientes preguntas, cuyas respuestas hoy están abiertas a todo tipo de conjeturas.

¿Qué rol tiene pensado Trump para Argentina en términos geopolíticos en el ámbito de Latinoamérica y en especial con la figura de Mauricio Macri como referente regional?

¿Qué compromisos se derivarán de aceptar dicho potencial rol en el caso que se planteen como contraparte de una negociación de temas económicos?

Los potenciales efectos indirectos

La naturaleza de “indirectos” de los efectos no implica que los mismos sean menores. Por el contrario, dado que su incidencia es de alcance global filtrándose por distintos canales, los efectos indirectos suelen tener mayor peso que los directos.

Comenzando por la política comercial apuntada por la Administración Trump con el proteccionismo como objetivo y el bilateralismo como instrumento, la misma tiene el potencial de afectar a otras grandes economías que hoy son socios comerciales de Argentina y destinos de exportaciones santafesinas, tales como China, India y otros países del sudeste asiático donde Santa Fe exporta productos primarios y manufacturas de origen agropecuario o Brasil donde Santa Fe exporta manufacturas de origen industrial. Una sensible reducción de las importaciones de EEUU a cualquiera de dichos países afectará el crecimiento económico de los mismos y, por derivación, la demanda que estos países hacen de productos argentinos - santafesinos.

Otras variables críticas de la economía mundial afectables por los movimientos de EEUU son el valor del dólar –medido respecto a otras monedas y respecto a otros bienes como los commodities- como así también la tasa de interés internacional. Sin embargo, las decisiones principales que afectan dichas variables no son resorte del Presidente estadounidense sino de la política monetaria a cargo de la Reserva Federal de los EEUU, cuyas autoridades de conducción tienen independencia jurídica y real de las preferencias y decisiones del presidente estadounidense.

No obstante, sería ingenuo cualquier análisis que omita dos consideraciones elementales: 1) Que las autoridades de la Reserva Federal no desconocen el poder y liderazgo del “hombre más poderoso del mundo” (eufemismo, a veces exagerado, con que suele referirse al presidente de la mayor potencia mundial); 2) Si bien la política monetaria es la de mayor potencia para afectar las variable señaladas, existen otras políticas macroeconómicas que sí son potestades del Poder Ejecutivo estadounidense –en el marco de las aprobaciones del Congreso- tal como el caso de la política fiscal.

Con un Trump que se muestra dispuesto a utilizar al límite su poder legítimo y que tiene entre sus prioridades una política fiscal muy expansiva (rebaja de impuestos y fuerte aumento en obra pública), implica el riesgo de una suba de la tasa de interés en los EEUU que convertirán a dicho país en un aspiradora de recursos financieros de todo el mundo haciendo subir la tasa de interés internacional y una consecuente apreciación del dólar en el mundo.

Queda así planteada la incógnita de cómo se comportarán las políticas monetarias a cargo de la Reserva Federal y la política fiscal a cargo del Poder Ejecutivo. ¿La política monetaria neutralizará los eventuales efectos colaterales de la política fiscal o, por el contrario, la convalidará?.

De producirse esos efectos secundarios –apreciación del dólar y aumento de la tasa de interés internacional- habrá altas probabilidades de un enfriamiento de la economía mundial (y por ende la de nuestros principales socios comerciales) como asimismo de una caída de los precios de los commodities (entre los que se incluyen los productos agropecuarios y los de la agroindustria).




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