ECOLOGÍA
El llamado de la tierra
21/01/2004


La tierra nos está llamando desde sus entrañas ultrajadas. La tierra nos está llamando y no oímos, pero allí está sufriendo en los bosques heridos y en los animales silvestres abatidos. ¿Porqué no escuchamos este dolor y esta agonía?

La voz de la creación clama en cada criatura, los mares contaminados y pide una oportunidad ¿se la daremos o seguiremos ciegos e indiferentes?

El dolor de la extinción no se escucha en las ciudades de cemento, pero allí tampoco se ve el cielo destruido por los gases. Y mientras la selva es avasallada por la loca ambición, la vida deja de ser comprendida en el encierro de una mente fría y mecánica que va perdiendo los vínculos con el corazón y con la raíz terrenal, verdadero camino de nuestros antepasados y lugar donde están las respuestas esenciales para el futuro.

La madre tierra, castigada como un corazón invisible, clama en los montes que van quedando desnudos. Pero el saqueo no cesa y al desaparecer los bosques se varían las lluvias y el hermoso cielo azul de los primeros nativos se hace gris. ¿Plantaremos donde hemos destruido?; ¿respetaremos al indio que ha sabido vivir sin dañar la tierra?; ¿haremos descansar la sangre negra de la tierra?; ¿volveremos a escuchar el canto de la vida?; ¿dejaremos de exhibir pieles de animales para ocultar nuestro vacío espiritual?; ¿es posible que unos pocos tengan como rehenes a toda la humanidad sobre el planeta?

Dicho de otra manera, que el porvenir de una larga cadena de procesos evolutivos pueda ser destruido y la alteración de un febril personalismo solo ocupado en sus ganancias, ¿acaso el hombre no es tierra que camina y cielo que respira?

Pero aún no parece que entendiéramos, porque entender es vivir, lo que se piensa en armonía consigo y los demás. El planeta azul es un hogar de la vida y siendo hombres diferentes, todos caminamos por una misma tierra compartida. Debe terminar la larga pesadilla sin respiro en la babel de las lenguas. Debe estar alerta la humanidad y sólo ocuparse de trabajar para devolver la esperanza de una tierra en equilibrio y de un mundo capaz de mostrar que es posible una conciencia por encima del egoísmo.

(Publicado en la revista Descubrir, Nº 1. Julio de 1991).