Exceso de velocidad, conductores alcoholizados, omisiones en el uso del cinturón de seguridad y de cascos, peatones temerarios cruzando las avenidas fuera de las sendas de paso, ciclistas que parecieran circular “a campo abierto”… La lista de faltas parece ser interminable y la problemática del tránsito en Santa Fe se profundiza, sin que se avizore un cambio de conciencia desde los usuarios de la vía pública, ni soluciones correctivas de fondo desde las autoridades competentes.
Las reiteradas denuncias por maniobras peligrosas en arterias muy transitadas de la ciudad, o las agresiones físicas a inspectores de tránsito por conductores que habían sido multados por inconductas viales –por sólo citar dos ejemplos–, no son únicamente episodios aislados de la crónica policial, sino también elementos que permiten abordar la situación en su complejidad. Parece haberse instituido una suerte de “cultura del vale todo” en la cual automovilistas, motociclistas y peatones infringen a voluntad y sin ningún reparo las normas elementales del tránsito. Esta inobservancia generalizada ha convertido a Santa Fe en una de las ciudades del país con mayor niveles de accidentes.
De acuerdo a los registros de la Dirección de Tránsito de la Municipalidad de Santa Fe, el 23,31 % del total de las infracciones labradas en 2005 se debieron a cruces de semáforos en rojo, la falta más habitual entre los conductores; circular sin casco fue la segunda más advertida, con un 8,78% de las actas; girar el volante con una mano tuvo un registro del 7,34%; falta de licencia de conducir, 6,07%; falta de chapa patente, 5,36%, y circular sin documentación, 5,31%. Estas tendencias se repiten –sobre todo el cruce de semáforos en rojo, la infracción más habitual entre los santafesinos–, hasta lo que se sabe, en lo que va de 2006.
De acuerdo a un trabajo realizado por la Consultora Robustelli & Asociados, el 90 % de los motociclistas, automovilistas y ciclistas reconocen circular sin casco, sin cinturón y cruzar semáforos en rojo. Estos índices muestran con elocuencia una profunda inconciencia en cuestiones elementales que hacen a la seguridad en el tránsito, y la falta de respeto hacia los demás integrantes del espacio vial.
Un caso tristemente emblemático del flagelo del tránsito tuvo lugar días atrás, cuando un grupo de personas integrado por padres y amigos de dos jóvenes víctimas de un accidente realizaron una marcha para exigir justicia. Diego López y Rubén Miño fallecieron los días 7 y 11 de enero pasado, respectivamente, luego de que Luciano Sidor, quien presuntamente conducía su automóvil bajo los efectos del alcohol, los atropellara fatalmente en la intersección de Aristóbulo del Valle y Ángel Cassanello, arrastrándolos varios metros a una velocidad de entre 120 y 140 kilómetros por hora. En la marcha, los padres de una de las víctimas exigieron el cambio de carátula del expediente, y la aplicación de medidas fuertes para que haya menos muertes en las calles.
Las respuestas oficiales
Frente a esta preocupante escalada en los índices de accidentes de tránsito, el gobierno municipal viene intensificando los controles en la vía pública, coordinando tareas entre la Dirección de Tránsito, la Policía provincial y el Poder Judicial. “Somos conscientes de que en Santa Fe el problema del tránsito es grave. Es por eso que decidimos atacarlo directamente donde se origina, en calles y avenidas, siguiendo un esquema de control coordinado entre agentes municipales, policiales y judiciales”, declaró Norberto Nerlanga, Subsecretario de Control de la Municipalidad, en una entrevista telefónica mantenida con El Santafesino.
Berlanga dejó en claro que no habrá endurecimiento en las penas sobre quienes infrinjan las normas viales (todas las medidas que se adopten se ajustarán al régimen sancionatorio vigente); sí se intensificarán los operativos de control, siempre de acuerdo a los que establece el artículo 104 del Código de faltas de la Provincia, que reprime la figura de conducción peligrosa: “El que condujere vehículo o animales en lugares poblados de un modo que importara peligro para la seguridad pública; o confiare su manejo a personas inexpertas; o lo hiciere con exceso de velocidad, será reprimido con arresto hasta quince días y multa hasta tres jus. Si el infractor estuviere conduciendo en estado de ebriedad, la pena se agravará con arresto hasta treinta días y multa hasta seis jus. Según la gravedad de la falta, podrá aplicarse como sanción accesoria la inhabilitación para conducir por un plazo de hasta noventa días, retirándose el carnet respectivo”.
“Consideramos que la efectivización de más controles sobre las inconductas viales generará una mayor conciencia en los conductores. Pero para ello, deberemos coordinar el trabajo en conjunto. En los últimos operativos realizados, además de personal de la Dirección de Tránsito, efectivos de la Policía provincial y Juez de faltas, participaron civiles –vecinos voluntarios y padres de víctimas de accidentes–, a título de observadores o veedores de los procedimientos. Esto contribuye a la seriedad y credibilidad del trabajo”, señaló Berlanga.
El funcionario afirmó que será necesaria además la aplicación de medidas organizadoras del espacio urbanístico. “Más semáforos, una mejor señalización, entre otras, ayudarían a reducir los accidentes. Debemos ser conscientes de que nos enfrentamos a una problemática seria, y que corregirla nos demandará 3 ó 4 años, según las proyecciones estipuladas. Hay una profunda falta de conciencia en el espacio vial, y eso tenemos que cambiar”.
La transformación de un flagelo estructural demanda soluciones estructurales. La falta de conciencia vial debería contrarrestarse fundamentalmente con información y campañas integrales de bien público, no sólo con controles que responden a la coyuntura. Pero además, la transformación de la realidad en las calles demandará un mayor compromiso de la sociedad en su conjunto.