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Sociedad
SEMINARIO INTERNACIONAL EN LA UCSF
Comunión y Progreso, los fines de la comunicación social

En el marco del Seminario Internacional “¿Ética de la comunicación o comunicación ética? Desafíos y posibilidades”, realizado en la Universidad Católica de Santa Fe, el Presbítero Dr. Manuel María Bru Alonso, Delegado Episcopal de Medios de Comunicación Social del Arzobispado de Madrid (España), expuso acerca de la importancia y los desafíos de la ética de la comunicación.

Redacción El Santafesino
06/09/2006

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Bru Alonso


  “Es necesario reflexionar sobre la ética desde métodos y fundamentos que respondan a dos objetivos principales: el servicio a la dignidad humana y la actualización del mundo de las comunicaciones al contexto sociocultural actual", expresó el Presbítero Dr. Manuel María Bru Alonso, Delegado Episcopal de Medios de Comunicación Social del Arzobispado de Madrid (España), en en Seminario Internacional organizado por la UCSF.
Fuente: Gentileza UCSF

En su exposición, Bru Alonso desarrolló las principales claves desde las que se debe repensar una ética de la comunicación social, que van desde la responsabilidad que le cabe a los propietarios de las empresas de comunicación hasta los destinatarios de los procesos comunicativos.

“Es necesario reflexionar sobre la ética desde métodos y fundamentos que respondan a dos objetivos principales: el servicio a la dignidad humana y la actualización del mundo de las comunicaciones al contexto sociocultural actual", expresó el disertante. “Tomando como punto de partida estos objetivos, se deberían revisar las responsabilidades que recaen en cada uno de los actores del hecho comunicativo, desde diversas perspectivas como la social, donde se dirime el dilema de si los medios son o no instrumentos de distintos poderes utilizados para condicionar la conciencia de los pueblos", argumentó.

En este sentido, Bru Alonso centró el análisis en dos teorías que hay que tener presentes a la hora de pensar la ética en las comunicaciones sociales: la primera fue la Teoría de la Tematización, que establece que el medio ejerce una influencia a mediano y largo plazo a través de la cual se puede concluir que, en alguna medida, dictan en qué se tiene que pensar, cuáles son los grandes temas culturales, sociales, los temas de la actualidad nacional e internacional sobre los cuales se reflexiona, debate, configurando las preocupaciones de la opinión publica.

La segunda teoría a la que hizo referencia es la Teoría de la Espiral del Silencio, "que nos plantea la capacidad de que los que operan los medios de Comunicación, los que manejan los intereses, pueden hacernos creer que lo que era un pensamiento minoritario puede convertirse en un pensamiento mayoritario y, sobre todo, pueden iniciar ese proceso que consiste en silenciar las opiniones individuales porque la opinión impuesta por el poder cultural es distinta a la personal. Luego se comienza a dudar de la propia opinión, para después sumarnos porque sino seremos seres de otro planeta en medio de un mundo que va por corrientes muy distintas. A partir de estas dos teorías habría que comenzar a repensar la ética de las comunicaciones desde una perspectiva social”, sostuvo el religioso.

Desde el lugar de la humanística, el Presbítero expresó como válido "cualquier planteamiento ético que reconozca como valores fundamentales a los derechos humanos y a la dignidad de la persona humana". En cuanto a la perspectiva teológica, desde la teología de la comunicación social los aspectos para repensar la ética de las comunicaciones son "poner el hecho comunicativo como algo esencial de la condición humana, reconociendo que la aspiración a una comunicación social está sellada en el corazón del hombre".

En relación con la perspectiva teleológica -es decir, el fin último y universal-, Bru Alonso destacó que es necesario preguntarse cuál es el fin global de la comunicación social, destacando que "sólo desde el Magisterio de la Iglesia se ha planteado o intentado dar respuesta a esta pregunta, la de un fin al que puedan responder todos los procesos comunicativos. A la respuesta la hallamos en la Instrucción Pastoral Communio Et Progressio sobre los Medios de Comunicación Social, que en su inicio establece que ‘la comunión y el progreso en la convivencia humana son los fines principales de la comunicación social y de sus instrumentos’", afirmó, citando el documento. Finalmente, desde la perspectiva del Magisterio de la Iglesia, agregó que se puede explicar toda la ética de las comunicaciones sociales sólo con los documentos de Juan Pablo II.

Los responsables de la ética en el proceso comunicativo

A continuación, el Presbítero Dr. Manuel María Bru Alonso detalló la responsabilidad que cabe a cada uno de los actores del hecho comunicativo, resaltando que "es necesario pasar de la ambivalencia instrumental a la ambivalencia estructural en los medios de comunicación”, ya que “cuando hablamos de ética de las comunicaciones sociales, la onda radiofónica en sí misma no es buena ni mala, el instrumento técnico no es objeto de una responsabilidad ética, cómo se usa el instrumento es materia de la ética". Es por ello que "hay que ver como es la estructura de las comunicación social, si es humanizadora o deshumanizadora y en que ámbitos lo es de uno o de otro modo".

Asimismo, destacó que cuando se habla de la "responsabilidad social", se hace referencia a la responsabilidad "ante" el hombre, la sociedad; "de" todos los implicados en el proceso comunicativo, no sólo del comunicador.

Así, Bru Alonso resaltó que la "primera responsabilidad es la de la empresa informativa en su conjunto, en donde está en juego la realidad de la transparencia ideológica (no tratar de encubrir las fuentes desde las cuales informa, forma, etc.), y el servicio público (ya que todos los medios son de servicio público por la trascendencia que tienen en la comunidad y no pueden, por este rol, tener una trascendencia privada; por tanto, los medios deben armonizar la empresa comercial con la empresa de servicio publico)".

Luego apuntó la responsabilidad que les corresponde a las autoridades gubernamentales, que están llamadas a garantizar el pluralismo: “La libertad de opinión debe ser un principio sacrosanto, las autoridades públicas deben luchar contra la concentración de medios", resaltando que el gran factor de colonialismo cultural se establece por los monopolios de las empresas comunicativas.

En tercer lugar, la responsabilidad de los comunicadores, que deben practicar "una ética del servicio subsidiario, en el sentido de que el que tiene derecho a informar y a ser informado es todo ciudadano, y como todos los ciudadanos no pueden ejercer el derecho a informar, los profesionales de la comunicación asumen esa representatividad de la sociedad para convertirse en los principales actores de la comunicación", dijo Bru Alonso.

Asimismo, se debe propugnar por una ética de la objetividad posible, que en el fondo es la honestidad, la responsabilidad ante la propia conciencia y, finalmente, una ética del respeto a todos los implicados en el proceso, respetando la dignidad de la persona humana.

En relación con la ética de los usuarios, Bru Alonso resaltó la necesidad de "enseñar espíritu crítico y la participación activa en el proceso de comunicación que consiste en seleccionar. Debemos insistir en la implicación directa en los procesos de comunicación, el asociacionismo de los usuarios es capaz de reconducir los procesos comunicativos".

En el cierre de su exposición, el Pbro. Dr. Manuel María Bru Alonso insistió en que "es necesario repensar la ética de las comunicación desde la ética de los valores de la comunicación a la ética de la comunicación de los valores", ya que ésta es la que realmente está en juego. La discusión sobre la ética de las comunicaciones sociales es la lucha por el alma de este mundo -según Juan Pablo II-, es decir, el alma de ese mundo globalizado, en donde debe primar la conciencia personal, la de los pueblos, de las culturas, de ser libre ante el mundo de la comunicación".

“Los desafíos para reflexionar sobre la ética en las comunicaciones sociales se resumen en el desafío de la formación de todos los implicados en el proceso de comunicación, el desafío de la creatividad para repensar la comunicación social y el desafío de la evangelización de la cultura. Siguiendo lo expresado en la encíclica Redemptoris Missio de Juan Pablo II, "no basta usar los medios de comunicación para evangelizar, hoy es cada vez más urgente evangelizar el mundo de los medios de comunicación, evangelizar la cultura mediática. Éste es el gran reto”, concluyó Bru Alonso.



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