El Santafesino
Sociedad
SANTIAGO DEL ESTERO
La resistencia campesina en Santiago del Estero

El autor presenta un informe sobre el problema ambiental generado a partir del avance de la frontera agrícola en la provincia de Santiago del Estero. La resistencia campesina y algunos casos testigos que invitan a diseñar estrategias para preservar las tierras y sus antiguos propietarios.

02/10/2007

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Desde 1996, año en que se habilitaron para su comercialización las primeras semillas SojaRR, el modelo agrario de las sojas transgénicas se implantó fuertemente en la llamada zona núcleo. Gradualmente, sus cultivos fueron abarcando una superficie que cubre gran parte de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Desde entonces, ha provocado una fuerte agriculturización en las mejores tierras de nuestro país con fuertes desplazamientos de las poblaciones, de la ganadería y de otras producciones, tales como la apicultura.

Las mismas publicidades comerciales de las corporaciones que venden las semillas OGM y los insumos agroquímicos, han denominado la "República de la Soja" a una vasta zona del territorio nacional donde los pooles de siembra practican un modelo industrial de agricultura sin agricultores.

Pero el proceso de avance de la agriculturización no se ha detenido en la zona pampeana sino que progresa cada año en las provincias interiores, avanzando sobre tierras frágiles, tierras con monte natural o que tienen poblaciones de pequeños productores. Este proceso es alentado por los precios de los commodities en los mercados internacionales y, ahora también, por los incentivos monetarios que promete la producción de los agrocombustibles.

La frontera de la soja irrumpe en forma creciente en nuevos escenarios geográficos y humanos, sus impactos se hacen sentir sobre los pequeños pueblos y poblaciones dispersas que son fumigados indiscriminada e impunemente con los agrotóxicos que acompañan el cultivo de las semillas transgénicas y provocan, en forma masiva, enfermedades de piel, respiratorias, malformaciones, abortos y enfermedades terminales.

El caso Santiago del Estero

El avance de la frontera de la agricultura industrial requiere de forma insaciable tierras que se pongan a disposición del modelo sojero biotecnológico. Los campesinos y pequeños productores de los montes en la provincia de Santiago del Estero se han convertido en un fuerte obstáculo a remover por parte de los capitales que, con voracidad, buscan en esa provincia espacios donde extender los monocultivos.

Este proceso invasivo de la soja lleva varios años en Santiago del Estero y ha calado profundamente en la geografía provinciana, expulsando poblaciones y arrasando con los montes originales. De esta manera, a medida que la soja avanza los problemas se acumulan, la ignorancia y las actitudes sumisas de los pobladores se disipan, las resistencias crecen y mientras los débiles defeccionan ante las presiones o el dinero; los más obstinados son quienes permanecen aferrados a sus tierras, tratando de preservar sus bosques y manteniendo sus economías tradicionales de auto subsistencia y de cría de yeguarizos, caprinos y vacunos.

Por otra parte, el avance en sordina de los sojeros y de sus topadoras en los años pasados y el desmonte con impunidad, ya no es tan fácil de llevar a cabo. Hoy, muchas organizaciones sociales con fuerte llegada a la opinión pública nacional e internacional, son observadoras estrictas de los acontecimientos y violaciones a los derechos humanos en estas zonas en que la agresión y los mecanismos de apropiación violenta de la tierra venían practicándose con pavorosa habitualidad.

Esos conflictos de tierra en la provincia de Santiago del Estero son las expresiones y consecuencias locales de un modelo de agriculturización y de comoditización que se viene aplicando a rajatabla en la Argentina desde los años noventa y que, ahora bajo discursos progresistas, se ha convertido en explícita y manifiesta política de Estado.

Estos innumerables problemas no pueden resolverse en meros ámbitos provinciales sino a través de la toma de conciencia que es necesario generar un proyecto de país diferente, donde sea posible plantear la modificación del actual modelo de agro exportación, un modelo al servicio de los mercados internacionales y manejado por las corporaciones granarias.

La fragmentación del pensamiento y el localismo de las luchas de resistencia es, lamentablemente, una tendencia ante la que claudican algunos sectores de presunta dirigencia campesina, más vinculados a la financiación internacional que a un proyecto nacional y más cercanos a cultivar un redituable rol de victimización que a proponerse un cambio del modelo neocolonial implantado.

Las batallas por la tierra y por evitar el desarraigo y la destrucción del hábitat se extienden hoy por toda la provincia en desorden y con muy diversos niveles de conciencia y de disposición en la confrontación. Los impactos del modelo de monocultivos se comprueban por doquier y la anterior candidez e ignorancia frente a la Ley de los pequeños agricultores, su respeto por los documentos de presunta tenencia que suelen generar redes mafiosas de funcionarios y sojeros, se modifica rápidamente para dar paso a nuevas formas de preservar el arraigo con tenacidad. No obstante, el modo en que se definan las innumerables escaramuzas que presenciamos o cuya existencia imaginamos a lo largo del territorio de la provincia, no dependerán de un cambio en las leyes locales o en sus modos de aplicación sino que se decidirán según el nivel de adhesión a la tierra y a las tradicionales formas de producción de los campesinos, tanto cuanto a la voluntad de lucha y a la autoestima que sean capaces de generar. En última instancia, es la fuerza moral de los pobladores y su legítimo amor por la tierra, como en tantas otras luchas campesinas, lo que primará por sobre todos los artilugios legales, las amenazas y las agresiones que instrumenten los grupos empresariales.

El rol de la lucha campesina

En ese delicado proceso de recuperar la autoestima y la reafirmación de los lazos con la tierra, preocupan algunas tendencias que se han ido desatando desde la muerte por chagas de Don Zenón Ledesma, más conocido como "El Chuca", el líder histórico del movimiento campesino de Santiago del Estero. Las divisiones del MOCASE, el ocultamiento de ciertos enfrentamientos provincianos y el convencimiento de la opinión pública nacional e internacional de la existencia de un solo MOCASE, constituyó no sólo un engaño sino una manera de incidir, sin proponérselo, en una grave desnaturalización de la lucha campesina, en el vaciamiento social de sus conducciones naturales y en la tergiversación de su historia campesina.

Se trata de la influencia política, creciente y prolongada de los técnicos y extensionistas en las organizaciones de los campesinos. Muchos de ellos dejaron el antiguo rol de titiriteros que durante un tiempo ejercieron, manejando los guiones del discurso campesino, para persuadirse de que son auténticos dirigentes representativos. Otros muchos continúan desde el PSA, desde INCUPO o desde el INTA incidiendo, persuadiendo y dividiendo las asambleas y luchas actuales. Son los resabios de un pensamiento sesgado y setentista que alguna vez, con gravísimas consecuencias para el movimiento popular, se propuso "proletarizar" la militancia estudiantil y que, en los años noventa hallándose devastada la capacidad industrial argentina, predicó a los estudiantes y a los técnicos en las diversas facultades de agronomía la imprescindible necesidad de "campesinizarse", como sucedáneo de los antiguos protagonismos revolucionarios.

Los sectores medios argentinos pueden tener un papel protagónico en el escenario de posibles cambios sociales y/o culturales pero, sin dudas, serán decisivos para construir desde la conciencia nacional un nuevo proyecto de país. Asimismo, existen sectores de la izquierda progresista que practican un porfiado menoscabo hacia ellos y que manipulan ese demérito como un apremio político para trasladar a sus sectores más sensibles, como los estudiantes, la voluntad de travestirse, de camuflarse o de infiltrarse en otros sectores sociales para imponer liderazgos que no le corresponden y que terminarán, como en este caso, vaciando la autenticidad de las luchas campesinas, dividiendo al movimiento y generando prácticas innobles de reclutamiento basadas en el protagonismo, el uso de vehículos financiados por la ayuda externa y transformando de ese modo el activismo en una actividad rentada.

Mientras las organizaciones de técnicos dividen y desorientan las luchas impidiendo el desarrollo de modelos de producción que afirmen el arraigo, que posibiliten mejores modos de supervivencia de la familia rural y que permitan fortalecer la vida campesina, la ofensiva por la tierra por parte de los capitalistas no cede.

Algunos ejemplos

En Santa María, a tan solo 20 kilómetros de la capital santiagueña, la familia Gramajo vive en la banquina entre la ruta nacional y el alambrado de lo que fuera el campo ancestral. Contemplan las ruinas de su casa y sus corrales destrozados por el apropiador, un abogado de nombre Ignacio Paz y alto funcionario del Banco de la Nación, que logró la hazaña de que un juez diera por cierto el supuesto acuerdo de palabra entre dos personas hace mucho fallecidas y extendió la orden para sacar a los Gramajo de sus tierras.

En Ashpa Puca, una quebrada húmeda donde debido a las hierbas aromáticas que abundan se producen los cabritos más demandados, conviven cientos de familias en catorce mil hectáreas, asediadas por los sojeros y ahora también por los personeros de la Alumbrera que recorren la zona haciendo perforaciones. En los últimos meses los pobladores debieron arrancar más de quince kilómetros de alambrado con que les intentaban encerrar el agua.

En el campo El Quebrachal, departamento de Ojo de Agua, 22 familias del tronco de los Corvalán comparten un campo de poco más de cuatro mil hectáreas. Son asediados por José Crespín un hacendado y supermercadista de la zona que apela a cualquier método para expulsarlos de la tierra. Los alambramientos ilegales y las incursiones en campo ajeno son moneda corriente en la tierra de los Corvalán y hace cuatro años se llegó al extremo de que una banda policial secuestrara a dos de los cabeza de familia para torturarlos y, de esa manera, conseguir que abandonaran la finca. Los policías están procesados pero continúan en funciones, las agresiones prosiguen al igual que los cortes de postes y las destrucciones de corrales en las tierras de la familia Corvalán.

Conviene destacar que, los hombres rudos y fornidos acostumbrados a los sinsabores de la vida rural se quiebran y sollozan cuando recuerdan las torturas a las que fueron sometidos durante una semana. Sin embargo, impresiona aún más saber que, pese a todo y contra todos, permanecen en sus ranchos con coraje y esperando justicia.

Finalmente, los Juríes, en los Departamentos Taboada y Juan Felipe Ibarra, en tierras que fueran de la Forestal, donde naciera la lucha campesina y donde pervive intacta en la dirigencia joven campesina, la memoria de "El Chuca". En el lote 40, sobre siete mil hectáreas, seis mil han sido actualmente apropiadas y desmontadas para hacer soja. Las cincuenta familias originales de esas tierras se apretujan sobre las mil hectáreas restantes. El sojero apropiador se llama Guillermo Masoni y viene a representar la versión local de lo que a nivel nacional es Gustavo Grobocopatel. De discurso acomodaticio y progresista, gusta entrevistarse personalmente con los campesinos y persuadirlos de las ventajas de un empleo urbano y vivir en la ciudad; seducirlos con propuestas de alambrarles y roturarles un pedazo mínimo de la tierra que disponen a cambio de que le entreguen el monte para soja. Se trata de una estrategia de despoblamiento y aculturación que se complementa con el financiamiento de una escuela de artes y oficios donde se enseña, en forma gratuita, actividades tales como electricidad del automóvil, que facilitan la emigración y la venta de los campos. De esta forma, ha logrado hacerse de treinta y cinco mil hectáreas donde cultiva soja y ocupa otras cuarenta mil con los mismos cultivos, que aún mantiene en disputa con las comunidades.

Un sueño, el sueño de todos

Las luchas campesinas en la provincia de Santiago del Estero oponen resistencia a un modelo de monocultivos que ha devenido en reconocida política de Estado. Esas luchas no pueden separarse de las restantes que llevamos contra el modelo ni sacarse de contexto si se pretende comprenderlas. No es un problema que pueda resolverse tan sólo dando solución a los problemas de tenencia de la tierra porque se necesitan nuevos modelos agropecuarios adecuados a la implantación de las familias rurales, que sean amigables con el entorno y respetuosos de las zonas de monte que deberían ser comunitarias.

Tanto en Santiago del Estero como en el resto de la Argentina son necesarios desarrollos políticos locales que posibiliten preservar los ecosistemas y recuperar las comunidades. En esos sentidos, las luchas campesinas y la de los pequeños productores del monte santiagueño no difieren de otras luchas que presenciamos a diario y que no hacen sino reclamar por una Argentina más justa, con soberanía alimentaria y con una democracia participativa y plural. Aquellas luchas son, por lo tanto, las luchas de todos los argentinos y los sueños santiagueños de justicia se originan en esa América profunda y culturalmente mestiza.

Según Galeano, tanto las pesadillas como los más hermosos sueños se hacen con la misma materia prima. Es tiempo que el amor a la tierra prime por sobre la voracidad de los sojeros para que tantos campesinos y pequeños productores no corten sus raíces y permanezcan en la tierra que trabajaron sus mayores.

Autor: Jorge Eduardo Rulli. Grupo de Reflexión Rural.



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