El PACO -apócope de Pasta Base de Cocaína- es una droga psicoactiva que, tal como lo indica su nombre, proviene del residuo excedente derivado del proceso de producción y transformación del clorhidrato de cocaína. La distribución comercial de esta sustancia -de consecuencias tan letales para el organismo que pueden matar a una persona en pocas semanas- emergió con fuerza tras a crisis de 2001; pero el proceso histórico en el que se inscribe la conformación de una mercado ilegal se remonta a principios de los años ’90. Las condiciones fueron propicias a medida que grandes grupos sociales comenzaban a ser desplazados hacia la exclusión y la marginalidad social. El PACO nace, tal como lo conocemos hoy, con la consolidación definitiva de la pobreza en términos estructurales y la dramática ampliación de la brecha de desigualdades sociales.
Se estima que el mercado del PACO -los primeros laboratorios y puntos de venta minorista, los primeros consumidores, etc.- comenzó a funcionar en los sectores más marginales del conurbano bonaerense. En la actualidad, organismos oficiales como la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) y la propia Defensoría del Pueblo de la Nación afirman que el circuito de producción, distribución y consumo se ramificó con alarmante fuerza hacia las grandes urbes del país: Rosario, Córdoba, Tucumán y la propia Santa Fe.
Desde hace algunos meses se han registrado casos de consumo de esta droga en nuestra ciudad, al punto que el titular de la SEDRONAR, José Ramón Granero, admitió a través de medios provinciales que el nivel de prevalencia por mes en Santa Fe es del 0,7%, un promedio cercano a la media nacional, que es del 0,9%. La luz de alerta se encendió así, auque no despertó reacción en el Gobierno nacional ni en la sociedad: la gravedad del flagelo (teniendo en cuenta el devastador efecto de la droga sobre el organismo y las cifras millonarias del volumen de rentabilidad que mueve el narcotráfico) exigirá, para las autoridades provinciales electas, incluir la lucha contra el PACO dentro de las prioridades de la nueva agenda oficial.
PACO: radiografía de una pandemia
Los diputados nacionales del ARI Leonardo Gorbazc, Walter Martello y Sebastián Cinquerrui elaboraron el informe “PACO: la punta del Iceberg”, un extenso y detallado cuadro de situación sobre los orígenes de esta pandemia, las condiciones económicas, sociales y culturales que hicieron posible la emergencia de todo un circuito de elaboración, distribución y consumo de “la droga de los pobres”, sobre la base de relevamientos oficiales y cifras estadísticas aportadas por ONG’s nacionales.
La emergencia de la Pasta Base es el punto inaugural de un nuevo proceso histórico de valorización del clorhidrato de cocaína, señalan los legisladores. Tras la devaluación, la cocaína dejó de importarse desde el exterior (principalmente Europa). El narcotráfico replanteó sus modos de producción en función de la relación costo-beneficio: después de 2001, convino empezar a fabricar la droga y exportarla a valores superiores a los que se vendían en el país en los ’90. La rentabilidad de este negocio cínico se completó con una vuelta de tuerca: comercializar el residuo excedente del proceso de transformación del clorhidrato de cocaína (la Pasta Base) a un bajo costo, cortándola o estirando las porciones con otras sustancias nocivas, como herbicidas o el vidrio molido de los tubos fluorescentes. El área de comercialización estaría allí donde sobreviven los bolsones de pobreza más extrema.
Según el informe de los diputados aristas, las condiciones económicas y de mercado en las que se inscribe el narcotráfico, sumado a la pobreza, la marginalidad y la exclusión social como dramática plataforma estructural de la sociedad actual, fueron las dos razones centrales que dieron origen a la emergencia del PACO. “Pero hay otras condiciones que determinaron la conformación del mercado estable de la Pasta Base en la Argentina, las cuales son omitidas muchas veces por un tratamiento trivial del tema desde los medios nacionales, casi siempre en un tono sensacionalista”, afirman Gorbazc, Martello y Cinquerrui:
-La complicidad y connivencia delictiva entre las bandas de productores y distribuidores de la Pasta Base, cuyos laboratorios y puntos de venta se encuentran las zonas barriales más marginadas, y la Policía;
-La ausencia de controles oficiales, puntualmente la inexistencia de radares aéreos (Argentina tiene radarizado apenas el 10% de su espacio aéreo; Brasil, el 95%), con lo cual es imposible rastrear vuelos de contrabando y pistas clandestinas destinadas al tráfico de la droga;
-Carencias estructurales en la infraestructura logística necesaria para desmantelar las bandas del PACO, producto de la “desarticulación operativa de las agencias estatales responsables de combatir el narcotráfico”;
-Una disponibilidad a muy bajo precio de los llamados “precursores químicos”, como por ejemplo el kerosén, necesarios para la elaboración del clorhidrato de cocaína. Estas sustancias son de uso común en las industrias química, farmacéutica, de uso doméstico, etc. En la Argentina “es particularmente fácil obtener cantidades importantes de precursores químicos, a diferencia de Colombia, Perú, Bolivia o Brasil, en donde existen controles muy estrictos sobre la venta libre de estos productos. La fácil disponibilidad de precursores químicos es otra de las razones por las cuales las cocinas (del PACO) se están mudando desde países como Bolivia o Perú a la Argentina”, dicen los autores del informe.
Está claro que al no haber controles en el espacio aéreo, ni programas estatales destinados a la judicialización del tema -desde una política que permita perseguir a los narcotraficantes, no ya a los consumidores-, los mercaderes del PACO encuentran las condiciones propicias para ejecutar un negocio que genera divisas extraordinarias a costa de la vida de los más marginados.
Santa Fe, inmersa en este contexto
Es necesario empezar a situar contextualmente a Santa Fe en este dramático cuadro de situación nacional. De acuerdo a los últimos datos oficiales de los que se tiene registro, la prevalencia por mes en Santa Fe es del 0,7% (entiéndase por prevalencia a la proporción de personas que consumieron PACO en un período determinado -toda la vida, un año o un mes- , sobre el total de los casos que forman el universo seleccionado en un momento determinado; la prevalencia se expresa en términos relativos). La media nacional total es del 0,9%.
Las cifras desagregadas son, para Santa Fe, las siguientes: la prevalencia por mes de los menores de 14 años es del 0,9%; la de la franja etaria comprendida entre los 15 y los 16, 0,4%, y la de los mayores de 17, sin registro. El promedio general es del 0,7% (Fuente: Sedronar – Segunda Encuesta Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Nivel Medio - Año 2005).
A este panorama crítico debe sumarse una mayor inclinación de la clase media al consumo de PACO. Desde la SEDRONAR se admitió recientemente que el consumo de Pasta Base en la clase media nacional aumentó un 200 %. La Secretaría advirtió que es una de las drogas con más alto grado de adicción. Los motivos de este ascenso tienen que ver con la creciente alza del consumo de esta sustancia -de rápida adicción y bajo costo-, y un incremento en el precio de la cocaína.
En una capital donde el 45 % de la población total es pobre; donde hay más de 55 mil menores de 14 años bajo la línea de la pobreza y 27 mil de la indigencia; en una provincia donde el Estado brilla por su ausencia en programas de inclusión social, con una fuerza policial desorganizada e ineficiente, y donde es un secreto a voces la proliferación de pistas clandestinas destinadas al contrabando, la maquinaria asesina del PACO no tardará en abrir su camino de la muerte en Santa Fe.