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LAS ESTADÍSTICAS MARCAN UN DRÁMATICO PANORAMA EN LA PROVINCIA
Inseguridad vial en Santa Fe: la fatalidad del vale todo

Según un relevamiento de la asociación Luchemos por la Vida, hubo durante 2007 en la provincia casi 600 muertos en accidentes viales, más de un 4 % que 2006. Santa Fe ocupa el segundo puesto entre los distritos donde más decesos por siniestros viales se registraron este año, después que Buenos Aires y antes que Córdoba. Más de 6.700 personas perdieron la vida en las rutas argentinas en 2007: 675 muertes mensuales por mes y 22 por día. La emergencia vial exige un batería de medidas políticas que frenen la escalada de muertes al volante.

Por Luciano Andreychuk
Redacción El Santafesino
21/01/2008

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“La vida no vale nada / mientras otros se están matando / y yo sigo aquí sentado / cual si no pasara nada”, dice una vieja canción de Pablo Milanés. La poesía es muchas veces un espejo de la realidad objetiva. En este caso, bien podría reflejar lo que acontece hoy en las calles y rutas de Santa Fe: frente a un volante despreciamos la vida propia y del otro, y desde afuera miramos el problema sosegada e irresponsablemente, sin conciencia sobre nuestras conductas. Cual si no pasara nada.

Las estadísticas oficiales son dramáticamente elocuentes. En lo que va del año murieron casi 600 personas en la provincia de Santa Fe a causa de accidentes de tránsito. Según un informe de la asociación civil Luchemos por la Vida, Santa Fe se mantiene en el segundo puesto de la nómina de provincias que más colisiones registran en sus territorios. En 2007 perdieron la vida más de 6.700 personas en el país.

Los números indican que, en promedio, 675 ciudadanos mueren por mes y 22 por día en el país. Hasta noviembre pasado –donde se obtuvieron los últimos registros- la referida ONG precisó que en Buenos Aires fallecieron 2.612 personas del total, 589 en Santa Fe, 501 en Córdoba, 354 en Mendoza, 282 en Entre Ríos, y 279 en Misiones. A finales de 2007 los números se incrementaron.

La responsabilidad de Estado y la sociedad civil

La ausencia del Estado se ha observado en los últimos años en la incompetencia o la desidia de quienes deben vigilar el cumplimiento de las reglas de tránsito, y en la incapacidad de la justicia para sancionar debidamente a los transgresores en rutas y calles. Pero, fundamentalmente, en la falta de voluntad para elaborar e instrumentar un plan integral de seguridad vial, articulado con los actores representativos de la sociedad civil, que establezca directrices concretas sobre regímenes de sanción, prevención y educación vial.

Desde la Defensoría del Pueblo de la provincia, su titular Carlos Bermúdez impulsó -junto al representante de la Nación, Eduardo Mondino-, la presentación del Plan de Seguridad Vial "Porque la Vida Vale". Se recogieron firmas en todo el país con el fin de llegar a las 400 mil que se requieren para que la iniciativa popular llegue al Congreso. Un buen intento, pero no alcanza: se necesita del apoyo del Congreso de la Nación.

Las nuevas gestiones provincial y municipal están dando a pocos días de asumir, algunas señales positivas. El gobernador Hermes Binner, a través del Ministerio de Seguridad, promovió la convocatoria de las fuerzas policiales, organismos viales e intendentes para trabajar unidos en lo inmediato. A futuro constituirían un cuerpo de policía vial.

En lo inmediato, unificar esfuerzos entre provincias y municipios para fiscalizar. En el mediano y largo plazo, una fuerza profesional que se encargue de la seguridad vial y en ambas instancias, una fuerte campaña de toma de conciencia de cada uno de los actores del tema vial.

En el ámbito municipal, el intendente Barletta le dio la bienvenida a los 50 nuevos inspectores que comenzarán a trabajar en las calles de la capital provincial. Como se recordará, una de las primeras medidas que tomó el Gobierno de la ciudad de Santa Fe fue abrir una convocatoria de aspirantes para establecer un orden de mérito a los efectos de cubrir puestos de Inspectores de Tránsito en la Dirección de Tránsito, bajo la modalidad de personal contratado no permanente.

La decisión se tomó para intervenir activamente en el control del cumplimiento de las normas de tránsito, y -según se había consignado en ese momento- se tuvo en cuenta “la grave situación en que se encuentra el tránsito vehicular en la ciudad, con innumerables infracciones que se constatan a simple vista”.

Bienvenidos a la jungla

La dimensión que ha tomando el flagelo exige una profunda reflexión sobre los comportamientos sociales en el espacio vial: la imprudencia de manejar bajo los efectos del alcohol y sin respetar los límites de velocidades, cruzar semáforos en rojo y violar otras indicaciones de tránsito, no respetar los carriles de circulación ni utilizar los cinturones de seguridad, el uso indebido de celulares en los automóviles… La lista es interminable.

Las estadísticas permiten una lectura objetiva del cuadro de situación. Pero también puede ser revelador el testimonio de quienes están muchas horas conduciendo. Consultado por este medio, un taxista de la ciudad de Santa Fe afirmó sin titubeos que “la ciudad se convirtió en una jungla. En las calles pareciera que vale todo: los colectiveros te ‘tiran’ el vehículo encima, los motociclistas parecen kamikases, nadie respeta los semáforos ni las velocidades permitidas, la ‘onda verde’ de Boulevard Rivadavia parece a veces una pista de carreras”, señaló. “Nosotros también tenemos responsabilidades, tacheros y remiseros, porque por tomar un viaje más apretamos el acelerador. A nadie le importa nada”.

Hasta los peatones y ciclistas cometen infracciones. Pareciera que rigen conductas socialmente aceptadas que habilitan a cruzar una calle transitada con semáforo en verde, a esquivar de las sendas de cruce peatonal y las ciclovías. Estos actos comunes -legitimados por un consenso socia erróneo- que infringen la ley y el ordenamiento vial, constituyen un aspecto central en las múltiples causas que convergen en la problemática y la agravan.

A grandes problemas, grandes soluciones

El sociólogo Aldo Isuani –profesor de la UBA e investigador del CONICET- explica que las causas estructurales del flagelo deben encontrarse “en la falta de educación, ya que sucede en alta medida aún en barrios en los que se supone un elevado nivel de escolaridad. Se trata de incivilidad, de falta de respeto por el otro, de considerar lo público como lo ajeno y no como lo común” (Clarín, noviembre de 2007).

Para el académico, dos caminos deben ser recorridos para empezar a revertir el flagelo: “En primer lugar, un sistema de fiscalización que detecte inmediatamente la trasgresión y un sistema de faltas que sancione severísimamente a quienes las violan. Sin duda esto es esencial, pero si bien las conductas transgresoras o simplemente delictivas pueden ser combatidas, fortaleciendo las instituciones de fiscalización y de administración de justicia; no se trata de un simple ‘mano dura’ frecuentemente auspiciado por variantes autoritarias”.

“En segundo lugar, el Estado fuerte no elimina la trasgresión si no existe una sociedad proclive a respetar reglas de juego. Por esta razón es también imprescindible realizar un proceso masivo y prolongado de educación para la civilidad. Alcanzar una situación de civilidad implica otorgar a la ley y al respeto por el otro un lugar central y ello demandará un profundo esfuerzo de índole cultural y político”, señala.

“Cultural, en la medida que debe operar sobre valores y actitudes implicando al sistema educativo y a los medios de comunicación. Político, porque exige tanto la ejemplaridad de los dirigentes como el fortalecimiento de las instituciones fiscalizadoras y judiciales. En definitiva, se trata de fortalecimiento estatal con cambio cultural”, concluyó el sociólogo.

En definitiva, se trata de atacar el flagelo otorgándole un nuevo rango de prioridad en la agenda de gobierno: la emergencia vial exige la disposición de un plan integral de seguridad vial, que incluya regímenes más estrictos en la emisión de licencias, cursos gratuitos para el aprendizaje de manejo y las normas de tránsito, mayores operativos de control en las calles, y un régimen sancionatorio más inflexible -el sistema por puntos ha dado excelentes resultados en Europa-. La incorporación de módulos de estudio sobre educación vial en las escuelas, con la apoyatura de campañas masivas de concientización vial serán herramientas que contribuirán significativamente a revertir la problemática: se necesitará un Estado activo, más consustanciado con el problema, y un golpe de reacción a una sociedad autodestructiva para la cual la vida no vale nada.



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