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Monos, la esperanza de curar el sida

Un argentino, egresado de la Facultad de Bioquímica de la UNL, trabaja desde hace catorce años en los Estados Unidos en vacunas y nuevos estudios contra el sida. Los experimentos se realizan con monos Rhesus, de origen asiático, portadores del Síndrome de Inmunodeficiencia en Simios (SAIDS).

Universidad Nacional del Litoral
21/01/2004

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A fines de los años 70, ciertos institutos de investigación en primates de los Estados Unidos colocaron accidentalmente en una misma jaula monos Rhesus asiáticos y monos africanos. Al poco tiempo, algunos macacos Rhesus -los originarios de Asia- desarrollaron linfomas y otros tipos de cáncer, y evidenciaron signos de una enfermedad desconocida hasta el momento, pero similar en sus efectos a otra que comenzaba a descubrirse: el sida.

El virus del Síndrome de Inmunodeficiencia en Simios (SIV, su sigla en inglés) es similar en su estructura genética al del HIV, causante del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (sida), responsable de la muerte de millones de personas en las últimas décadas. Es justamente esa similitud la que hace que el estudio del SIV y su desarrollo en macacos Rhesus sea una de las áreas de mayor interés a la hora de encontrar nuevas drogas y -por qué no- la tan buscada vacuna en contra del sida.

En ese camino se encuentra el doctor Luis Giavedoni, un egresado de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) que desde 1996 trabaja en la Southwest Foundation, una fundación dedicada a la investigación en biomedicina, ubicada en la ciudad de San Antonio, en Texas, Estados Unidos.

"El virus del SIV es diferente al HIV, pero muy parecido en su estructura genética: por eso es el mejor modelo animal que existe en la actualidad para conocer los procesos de la enfermedad y tratar de atenuarlos", indicó el científico, que trabaja en los Estados Unidos desde 1989, cuando viajó a uno de los campus de la Universidad de California, en Davis, tras doctorarse en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA).

"Los macacos Rhesus tienen su origen en Asia, y el virus que los infecta, el SIV, se encuentra naturalmente en monos del Africa", comentó el investigador. Sin embargo, hay especies de monos africanos que se infectan con el SIV y conviven con él perfectamente, sin desarrollar enfermedades que sí desarrollan sus parientes asiáticos.

"Al estudiar el tipo de separación genética que tienen los monos de Asia y los de Africa, se detecta un ancestro en común, hace siete millones de años: esa distancia es similar a la que separa al ancestro del cual surgieron el hombre y el chimpancé", explicó Giavedoni, y agregó: "Lo que se piensa es que los virus que se encuentran en estos monos africanos han evolucionado, al mismo tiempo que los monos, hasta llegar a convivir sin desarrollar las patologías que sí desarrollan otras especies de macacos".

Unos sí, otros no

El virus de la viruela, traído por los europeos en épocas de la conquista, aniquiló a la gran mayoría de la población indígena; pero hubo un porcentaje que sobrevivió, y fue capaz de generar una población resistente al virus. Algo similar pudo haber ocurrido con las poblaciones de monos africanos expuestos al virus: muchos murieron, pero los que sobrevivieron fueron animales que dieron origen a una generación capaz de convivir con el SIV.

"La población humana entró ahora por primera vez en contacto en el virus: si no se hiciera nada por contener la epidemia, eventualmente después de muchos años habría una selección de la población humana hacia individuos capaces de estar infectados y no desarrollar la enfermedad -explicó Giavedoni-. Hoy, un mínimo porcentaje de personas se infectan y mantienen el virus a muy bajo nivel, prácticamente indetectable, y que sobreviven sin transmitirlo fácilmente".

Así como la Southwest Foundation trabaja con macacos Rhesus asiáticos, otros laboratorios se encargan de analizar monos africanos infectados naturalmente pero que no desarrollan la enfermedad. "Sería un gran avance poder identificar los factores que hacen que un individuo se infecte y no se enferme", dijo el experto, el camino inverso para llegar al mismo objetivo: la cura de la enfermedad.

Pruebas en humanos

La última prueba de vacunación experimental en humanos fue una vacuna cuyos efectos fracasaron. Sin embargo, se han probado en hombres algunas drogas utilizadas en experiencias con monos, que tuvieron un efecto positivo.

A diferencia de las bacterias -que pueden eliminarse completamente con antibióticos-, los virus pueden eliminarse con antirretrovirales, pero vuelven a aparecer si estas drogas dejan de consumirse. "Está comprobado que es el virus en circulación el causante de todos los problemas en los infectados con HIV: los que consumen estas drogas antirretrovirales pueden llegar a tener una calidad de vida normal".

Actualmente el sida se combate con los conocidos cócteles de drogas antirretrovirales, diseñadas para inhibir dos proteínas del virus: la transcriptasa inversa (o reverse transcriptase, una enzima necesaria para el crecimiento del VIH) y la proteasa.

Pero se ha descubierto un tercer grupo de drogas, en fase experimental por su alta toxicidad, "que ataca la enzima denominada integrasa, que ayuda a que el virus se integre en el genoma de la célula que infecta", según explicó Giavedoni. Esta línea de investigación, agregó, "posibilitaría una nueva línea de ataque al virus, que permitiría reducir aún más el número de variantes que sean resistentes a las drogas".

El origen del sida

Estudios científicos indicaron que puede haberse identificado la fuente original del VIH1 (uno de los virus del sida) en chimpancés. Desde allí, el virus pudo haber saltado a humanos, por causas que aun no logran establecerse, multiplicándose de manera acelerada.

En este sentido, numerosas investigaciones especularon con posibles puntos de origen de la enfermedad en el hombre. Algunas de ellas explican el contagio en la caza indiscriminada de chimpancés, muchas veces para consumo humano, una práctica habitual en ciertas culturas africanas. También se analiza la posibilidad de que la epidemia haya explotado en los años 50 y 60, con las guerras que trajo aparejado el fin del colonialismo en Africa.



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