Sinónimo de vida, el agua forma parte de la estructura y el metabolismo de los seres vivos, moderador de clima, fuente de energía; interviene directa o indirectamente en numerosas actividades humanas. Vital para el hombre cuando es potable, la pérdida de su calidad de pureza la hace portadora de enfermedades y aún de muerte. ¿Qué ocurre en nuestro país en cuanto a estos servicios?
De haber encabezado la nómina de países de América que contaban con una eficiente cobertura de agua potable y desagües urbanos, la Argentina está hoy relegada a los puestos 14 y 19 de cada rubro respectivamente. El servicio de provisión en la población urbana y rural concentrada alcanza al 66 % y las tasas de conectados a cloacas al 37 %. Su mejoramiento puede tener amplias repercusiones sanitarias, sociales, y hasta económicas. De allí su mención en las Naciones Unidas acerca de que su provisión no es sólo un imperativo moral sino además un principio de sana economía.
Las enfermedades hídricas son aquellas en las que el causante de la patología -sean organismos microbiológicos o sustancias químicas- ingresan al cuerpo como un componente del agua ingerida.
La mayoría de los organismos que provocan estas patologías llegan al agua mediante contaminación con excretas humanas y finalmente ingresan al cuerpo a través de la boca. Se manifiestan casi todas como enfermedades entéricas. El síndrome más frecuente es la diarrea. Los agentes etiológicos pueden ser bacterias, virus o parásitos.
Este tipo de enfermedades podría controlarse con un abastecimiento de agua confiable y adecuada disposición de excretas. Constituyen un índice elocuente del desarrollo económico social de la población, siendo los sectores mas afectados por la pobreza y la marginalidad, los mas castigados por las enfermedades hídricas.
Sabemos de terribles epidemias de cólera, fiebre tifoidea y disentería, en distintas partes del mundo, que han causado tantas muertes como las guerras. Sin embargo en los países en desarrollo adquiere aún mayor dimensión, los niveles continuos de morbi-mortalidad por diarreas.
La O.M.S. estima que cada año se presentan 500 millones de casos en niños menores de 5 años en Asia, África y América Latina. Entre 15 y 20 millones terminan con la muerte. Mejoras en el saneamiento básico pueden bajar la morbilidad por estas enfermedades hasta un 50 %.
En nuestro país el deterioro de las condiciones sanitarias se refleja en una incidencia en las enfermedades infecciosas e intestinales del 8,75 y 5,74 % respectivamente, constituyendo la causa principal de los egresos hospitalarios. En la provincia de Santa Fe estos índices ascienden a 9,84 y 6,97 %. Mientras que en los países desarrollados resultan del orden de 1 y 0,3 %.
¿Cómo protegemos al agua de consumo de los organismos causantes de estas patologías? Un paso crucialmente importante es la elección de la fuente. Esto implica en primera instancia que el agua está disponible en cantidad suficiente para cubrir las necesidades básicas de la población sin interrupciones.
La siguiente característica es la calidad, adecuándola a criterios de salud. Se debe optar por aquella libre de contaminación por excretas, desechos industriales y escurrimientos agrícolas.
Otro aspecto a considerar es el tratamiento para corregir deficiencias de calidad. En las subterráneas se produce una filtración natural que es efectiva, si está aislada de contaminación fecal por pozos negros, y al ser apta desde el punto de vista organoléptico, sólo se haría cloración por precaución, si se considera necesario.
La salud es un fin para cada ser humano y un medio para la sociedad a la que pertenece. Si a través de un mejoramiento de las condiciones sanitarias, en lo que se refiere a agua potable y disposición de excretas, se reduce la incidencia de diarreas, se logrará:
-Individualmente: Disminución de la morbi-mortalidad; Mejoramiento de la nutrición; Mayor energía para el trabajo; Mejor predisposición para el aprendizaje.
-Socialmente: Aumento de la capacidad productiva; Aumento del ingreso familiar: mejor calidad de vida; Disminución del ausentismo laboral-escolar; Reducción de los costos en la atención sanitaria.
El mejoramiento de estos servicios no es un gasto improductivo sino una beneficiosa inversión, que se trasunta en mejor calidad de vida y en una sociedad mas sana y productiva.
Autor: Bioq. Beatriz L. de Abramovich. Profesora adjunta - Dpto. Cs. Biológicas - Sección aguas- Fac. Bioquímica. Universidad Nacional del Litoral. Texto completo: www.cobisfe1.org.ar