"Rotavirus" es el nombre común de una familia de virus que comparte algunas características comunes. Su nombre mismo proviene de la raíz latina "rota" por rueda, o "rotación". El rotavirus produce una infección intestinal, origen de la diarrea severa en los niños, provocando además vómito explosivo y deshidratación que conlleva a una importante morbi-mortalidad en el lactante. Los síntomas más comunes son fiebre, diarrea y vómitos. Los niños más enfermos desarrollan síntomas relacionados con la deshidratación y las anormalidades metabólicas resultantes como letargo, frecuencia respiratoria rápida y mucosas secas.
Las vacunas en desarrollo para los infantes están dirigidas a las infecciones por el rotavirus del grupo A, el más frecuente causante de diarrea severa en niños. Es posible que éstos sean infectados por el rotavirus en los primeros 3 a 4 años de edad. La primera infección usualmente ocurre entre los 3 y 24 meses de edad, pero puede ocurrir más tempranamente en regiones donde la exposición es más intensa.
La diarrea se caracteriza por la evacuación frecuente de heces acuosas y vómitos explosivos. En la Argentina, a consecuencia de la diarrea infantil, 1 de cada 2 niños debe realizar una consulta médica y 65 lactantes deben ser hospitalizados por día a causa de la diarrea por rotavirus.
Un niño puede presentar de 10 a 20 episodios de diarrea en un día. Además, el rotavirus se disemina muy fácilmente, independientemente de la condición socioeconómica de las personas: cualquier niño puede contagiarse.
La vía de transmisión de este virus es fecal-oral. Los niños y los adultos pueden contagiarse si las heces entran en contacto con el agua potable, los alimentos, las manos, los utensilios o las superficies que se emplean para preparar los alimentos.
El índice de infección y mortalidad por esta condición es altísimo en los países en vías de desarrollo; de hecho, se estima que todos los niños tendrán infecciones por rotavirus antes de que cumplan los 5 años de edad y aproximadamente uno de cada 250 niños morirá por esta razón. En nuestro país se internan cerca de 20.000 niños por año a consecuencia de la infección viral.
Si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado que una vacuna contra el rotavirus es la estrategia más importante para el control y la prevención de la infección intestinal, actualmente la única medida para prevenir las internaciones asociadas a diarrea causada por este virus es la adecuada rehidratación de los niños.
Entre los líquidos recomendados para rehidratar a un lactante con diarrea se encuentran la leche materna y las sales de hidratación oral. Si no hay seguridad de que el agua sea potable, es preciso hervirla o potabilizarla con dos gotas de lavandina por cada litro de agua. Algunas personas piensan que beber líquidos puede empeorar la diarrea. Tal recomendación es errónea. Un niño que padezca diarrea debe recibir líquidos con la mayor frecuencia posible hasta que ésta se detenga. Beber grandes cantidades de líquidos ayuda a sustituir los fluidos perdidos. Importante: si la diarrea persiste, se debe concurrir con el niño al médico o al hospital, según las recomendaciones de Unicef.
Por otra parte, los niños con vómitos explosivos y diarrea sufren una pérdida de peso que puede provocarle una rápida desnutrición. Por lo tanto, una alimentación adecuada, junto a la hidratación, es fundamental para que el niño se recupere.
Si el niño tiene más de seis meses, es importante que coma con la mayor frecuencia posible, ofreciéndole pequeñas cantidades de alimentos blandos o en puré. Estos alimentos deben tener una pequeña cantidad de sal. Los alimentos blandos resultan más fáciles de comer y tienen más fluidos que los alimentos más consistentes. Si el niño no retiene la comida por el vómito frecuente, es importante que concurra al médico.
Para una plena recuperación es esencial que el niño siga recibiendo una alimentación adicional después de que cese la diarrea o recibir más leche materna al día, durante dos semanas como mínimo. Esto le ayudará a recuperar la energía que ha perdido como consecuencia de la afección.